Un periodista es algo más que un simple transmisor de noticias, es la conciencia de una sociedad, el faro mediante el cual los hombres iluminan su camino y el de sus congéneres. Eso quedó demostrado cuando la periodista Natalia Cabrera –de Caracol Noticias-, visitó la escuela Carlos Pizarro de la ciudad de Pasto para conocer de cerca la situación de ciento treinta niños que clamaban por un restaurante escolar digno y decoroso para sus necesidades nutricionales.
Estos niños evidencian una desnutrición por la sencilla razón que provienen de estratos socioeconómicos bajos y habitan en barrios vulnerables de su ciudad. Al verlos se eriza el alma, se enciende la indignación de saberlos solos y abandonados en su gran lucha de ganarle la batalla a la vida. Sus profesores libran una batalla desigual en su intento de brindarles todo aquello que la sociedad les niega en conjunto; pero todos sus esfuerzos quedan cortos ante la insensibilidad de unos gobernantes y unas entidades que los ignoran por completo. Estos niños en su escuela no tienen juegos escolares, adolecen de elementos lúdicos, ni siquiera existe un patio o una cancha que les permita vivir sus días de niñez e infancia.
La periodista Natalia Cabrera fue la única periodista de la región que escuchó el clamor de estos niños, los visitó y se llevó una gran sorpresa al comprobar que la realidad de sus vidas superaba todo informe periodístico. Llega con una sonrisa, con el deseo de saber más de ellos, de ayudar en su reivindicación social, y su sorpresa es grande al encontrarse unos niños con signos evidentes de desnutrición, jugando al resbaladero en un caño de agua y alimentándose con un cuarto de papa y una colada.
Vemos y sentimos su dolor, le brindamos el abrazo necesario para continuar con su labor y haciendo acopio der valor y esfuerzo reprime sus lágrimas para llevar a su país las necesidades de estos niños en espera de que alguien los escuche. Su alta sensibilidad le exige un alto en el camino para respirar y tomar nuevos alientos al tiempo que contempla a los niños que se aglomeran a su alrededor para robarle un beso, una mirada o una caricia de quien dicen “es la periodista más linda que conocemos...”. De pronto sus fuerzas parecen escaparse, mira una vez más a su alrededor y quedan fijas en sus pupilas las imágenes de estos niños que arrastran su figura famélica, triste y lánguida… Una lágrima furtiva se deja ver, su sonrisa se dibuja y postrándose abre sus brazos para regalar a los niños un abrazo que los hace conmover.
Esta periodista nos devuelve la fe en los hombres, en los profesionales de la comunicación, en esta sociedad que a veces parece fría y calculadora, que se lamenta y rechaza la muerte de los niños de otras latitudes pero que ignora impasiblemente la triste realidad de los niños que viven o habitan en su misma ciudad en condiciones de extrema pobreza.
El reporte de la periodista Natalia Cabrera es escuchado. Los niños reciben la promesa de mejorar su restaurante escolar. Sus gobernantes les deben los juguetes, los elementos lúdicos necesarios para su educación y crecimiento y su sociedad una mirada de amor, respeto y afecto. Gracias Natalia, sus lágrimas regaron la tierra donde crecen los mejores frutos para germinar en el corazón herido de estos niños. Su palabra se hizo luz para los hombres de buena fe y de generoso corazón.
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