Abby Johnson, activista provida y ex trabajadora para PP, dijo hace poco, en su página de Facebook, que Planned Parenthood era una realidad dantesca, horrible….pero no era la raíz del problema. Tiene razón.
Philip Kosloski, autor de una columna en National Catholic Register, relata el extraño suceso social frente a las recientes denuncias y videos contra Planned Parenthood.
Pese a las manifestaciones y la participación positiva de los miembros de las diversas ciudades, la realidad es que estos manifestantes pasaron prácticamente inadvertidos. Por un lado, la indolencia frente a los aberrantes hechos dados a conocer a nivel mundial y por otro una despreocupación por el tema, poco les importa. No se oponen a los videos, pero tampoco los apoyan. De hecho, frente a estas protestas pacíficas, los automovilistas no se detuvieron, pasaban de largo sin tener reacción alguna. En suma, ignoraron la situación.
Lo que se puede ver en el fondo de esta conducta es una total apatía frente al tema de la vida humana, porque no les toca de modo personal. El problema es que al no ver los videos de denuncia contra Planned Parenthood esta sociedad consume lo que los medios quieren que consuman, creen lo que los medios les dice y continúan con su vida normal.
Para contrarrestar estar situación de apatía frente a la vida, existe una Campaña llamada “No más Silencio” (Silent no More), donde se presentan testimonios de mujeres que han abortado y son ellas mismas quienes relatan los efectos de esta práctica en sus vidas. Para ellas no es fácil compartir sus vivencias, pero es la única forma de humanizar el tema.
A menudo el aborto se relaciona con política o con la lucha contra las diversas organizaciones pro abortistas y abortistas. Lo que no se contempla es que detrás de ello hay personas, no sólo el bebé sino también hombres y mujeres que participan del aborto. La campaña pretende sensibilizar a las personas presentando los relatos de hombres y mujeres que tomaron la decisión equivocada y demostrar cómo ha causado un daño permanente en ellos. Ésta es una realidad que a menudo se silencia, se oculta, pero que, en concreto, ha generado un detrimento emocional y físico de proporciones por años.
Esta campaña, que surge en el año 2002, presenta dos recursos: i) El testimonial, como mecanismo de sanación ii) El de arrepentimiento, para aquellos que no están preparados aún para narrar los hechos. Para el segundo caso, al día de hoy, hay 4890 mujeres registradas y 573 hombres que están arrepentidos por su paternidad perdida. Es un proceso largo, algunas personas tardan hasta 20 años en buscar ayuda para sanar
El principal objetivo de Silent No More es entregar consuelo y ayuda a las personas víctimas del aborto, mediante un programa donde son capaces de hablar sobre sus vivencias, donde pueden manifestar esa realidad que socialmente se vive en la oscuridad y abandono. Un segundo objetivo es educar a la ciudadanía acerca de lo dañino que es abortar, tanto física como emocionalmente, no sólo para la mujer sino también para el hombre y la familia, dando a entender que el aborto no soluciona el problema sino que lo aumenta. Finalmente, los testimonios son compartidos en diversas áreas, con el objeto de crear conciencia.
Dentro de los testimonios, las mujeres hablan de la ira, culpa, falta de valor y vergüenza y de cómo han luchado contra ideas suicidas por haberse practicado un aborto o de cómo, para aplacar esa culpa o sus estados depresivos, han recurrido a la droga o alcohol. Los hombres comparten sus vivencias respecto de qué significó perder un hijo, manifestando ira, culpa y dolor. Todos ellos necesitan ser escuchados y apoyados, no condenados. En el fondo piden a la sociedad una oportunidad para ellos mismos y hacen un urgente llamado, a través de sus propios testimonios, a no escoger el camino del aborto
Cuando se escuchan a mujeres narrando los efectos del aborto el tema ya no es abstracto, se vuelve real, concreto; se puede ver y sentir el daño que ha provocado su realización, por tanto ya no es fácil ignorar la realidad.
Otra de las campañas es la realizada en ciertos centros donde se revela la realidad de mujeres y hombres que son presionados a abortar. El testimonio establece las circunstancias que influyen en ellos para llegar a tan extrema medida. Como sociedad, frente a las más diversas realidades, surge la natural compasión de contener y ayudar en esos momentos tan difíciles a estos hombres y mujeres.
Según Kosloski, terminar con Planned Parenthood es sólo una pequeña parte del problema, el problema real está en las personas que sufren o han sufrido este desgarrador e inhumano proceso, pero por sobre todo en una sociedad que crece despersonalizando la vida humana, en un creciente estado de inercia frente al mal del otro.
Aunque las manifestaciones en todo EEUU fueron un éxito, el problema tiene su profunda raíz en las almas norteamericanas, donde urge la toma de conciencia en ellos y establecer como prioridad la vida humana integral, pues hoy, para la mayoría, no lo es.
El fin del aborto no pasa por Planned Parenthood sino por la toma de razón del valor del ser humano y su sentido de trascendencia. Humanizar la vida es la terea de largo aliento en EEUU. Sólo entonces se podrá ganar la batalla por la vida.
Quizás estamos a tiempo de plantear, dentro de Latinoamérica, que el problema de fondo no se llama Planned Parenthood o clínicas abortivas sino la deshumanización de la sociedad, tanto respecto de quien aborta como de quienes incitan a modificar las conductas humanas en orden a terminar con una vida. Urge crear conciencia dentro de nuestra sociedad de lo que significa un aborto, no sólo en cuanto al término de la vida de un ser humano sino a los daños y efectos de tantos hombres y mujeres que, inducidos por gente inescrupulosa, les hacen ver que esa es la única salida y la mejor solución, pero no les cuentan qué pasa el día después.
Fuentes
https://www.ncregister.com/blog/philip-kosloski/to-win-the-war-against-abortion-we-must-fight-a-battle-against-apathy
http://www.silentnomoreawareness.org/index.aspx
Fuente: andreabalbontin.es.tl