Un encuentro, dos caminos y la certeza de que el amor nunca se pierde
05 septiembre 2026
- Encontrando soles entre aquellos viejos textos de mi Madre.
- Ella lo miró con esa mezcla de curiosidad y urgencia que tienen quienes creen que la vida se mide por lo que se acumula, y lanzó la pregunta como quien abre una puerta sin saber qué hay detrás:
“¿Cuál es tu sueño? ¿Qué te gustaría tener?”
- Él no reaccionó de inmediato. Seguía observándola, casi fascinado, como si la luz del lugar se hubiera detenido en su rostro. Con una expresión suave, casi divertida, respondió: “No entiendo tu pregunta.”
- Ella insistió, ahora con más desconcierto: “¿Qué cosas te gustaría tener? Un coche, un barco, un apartamento en París, un balón de oro… algo.”
- Él respiró despacio, sin apartar la mirada, como quien contempla una figura hecha de arena y viento. “Claro que me gustaría disfrutar de todo eso,” dijo con calma. “Pero si pudiera elegir… preferiría ser antes que tener.”
- Ella quedó inmóvil, sorprendida, como si aquella respuesta le hubiera movido un suelo que no sabía que tenía. Él tomó su mano y añadió, con una voz casi susurrada: “Olivia, tener alegra un rato, pero no sostiene una vida. Ser… eso sí construye. Ser es raíz, es camino, es verdad.”
- Pasaron siete años. Él se casó con el amor que le acompañaría siempre. Ella, en cambio, se unió primero a un empresario del ladrillo y después a un veterano magnate venezolano de la comunicación, hasta que un día su rastro se desdibujó y desapareció de la tierra conocida.
- Hoy, mientras el mundo sigue confundiendo brillo con sentido, pienso que aquella conversación fue más reveladora de lo que imaginábamos. Ella eligió tener; Él eligió ser. Y aunque la vida los llevó por caminos tan distintos, hay algo que permanece: la certeza de que lo que somos —lo que construimos con nuestras manos, nuestras dudas y nuestros afectos— siempre encuentra su lugar. Porque al final, incluso entre tropiezos, abandonos y pistas perdidas, el amor que damos y recibimos es lo único que nunca se extravía. Y ahí, en ese punto alto donde Ser vence a Tener, seguimos todos intentando vivir con la dignidad de quienes aún creen que vale la pena sentir.
Fuente: elcaminoseestrecha.blogspot.com