Por: Raymundo Rivera Lopeztiana Presidente de Democracia Plena y Director General de TNR • Radioperiodismo
En el quehacer público contemporáneo, azotado con alarmante frecuencia por la inmediatez y la
simulación, recordar los orígenes no representa un acto de simple melancolía; constituye, en cambio, un
riguroso refrendo ético y metodológico sobre los valores que definen la congruencia de un liderazgo.
En días recientes, en el marco de una masiva toma de protesta en el Estado de México, sostuve con firmeza una
premisa que considero el eje rector de cualquier transformación auténtica: quien no entiende que la política son
procesos, comete un error gravísimo. El pragmatismo cortoplacista de la vieja política ha pretendido normalizar el
fenómeno de los políticos "chapulines", aquellos que transmutan de bando y de ideales por meros acomodos
coyunturales o intereses de facción. Frente a ese vacío doctrinario, la memoria histórica emerge como el antídoto
más eficaz.
Esta reflexión me inunda de una profunda nostalgia y un legítimo orgullo al rememorar los cimientos de mi
propia trayectoria. Nos trasladamos a agosto de 2014, donde
mi coincidencia con la estructura de la Red Jóvenes x México y con el doctor César Camacho Quiroz —ex
Gobernador de la entidad mexiquense y entonces Presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI— resultó
fundamental para trazar las coordenadas de mi entendimiento público. Compartir una visión institucional de largo
aliento en aquel momento sembró las bases de lo que hoy defendemos.
"Aquella cercanía con las juventudes y con liderazgos de profunda visión orgánica, lejos de
ser un recuerdo lejano difuminado por los años, es la roca firme y la escuela sobre la cual hoy
construimos y consolidamos el movimiento de Democracia Plena."
LA ESCUELA DEL TIEMPO VS. LA SIMULACIÓN
Ningún proyecto que aspire a transformar de raíz la realidad de comunidades emblemáticas como Tláhuac, o a
escala nacional, puede florecer a partir de la improvisación. La verdadera escuela de formación política se nutre de
la disciplina, el respeto a las bases territoriales y la comprensión del tiempo histórico. Lo que asimilamos en las
asambleas juveniles de 2014 no fue el arte del acomodo, sino el valor de la lealtad a los principios orgánicos y la
construcción desde abajo.
Democracia Plena nace precisamente como respuesta organizada a la partidocracia que secuestró la voz del
pueblo mediante encuestas amañadas y candidaturas impuestas. No somos un brote de oportunismo electoral;
somos la decantación natural de un proceso de maduración de más de una década de lucha social, arraigo
comunitario y convicciones revolucionarias inquebrantables.
Por ello, evocar el pasado con orgullo es un acto revolucionario en sí mismo. Validamos nuestra escuela,
honramos el camino recorrido y demostramos que la congruencia es el recurso más escaso y valioso de la vida
pública. La nostalgia, cuando está cargada de principios, no debilita; al contrario, es el cimiento de piedra sobre el
cual edificamos el futuro de una democracia real, plena y de cara a la nación.