Sobre las maniobras de secesión impulsadas por la línea del KKE y la defensa de la amistad internacionalista auténtica
En un momento en el que el movimiento comunista internacional requiere claridad teórica, unidad de clase y una práctica basada en principios, resulta indispensable señalar con serenidad —pero también con firmeza— las maniobras que buscan fracturar a las organizaciones revolucionarias del mundo.
Mientras desde Grecia el KKE insiste en exportar una estrategia de seccionalismo artificial, creando organizaciones “a modo” en distintos países para imponer su línea ideológica y su control orgánico, en Democracia Plena optamos por un camino distinto:
la construcción de relaciones fraternas, de igual a igual, con partidos que respetan la soberanía organizativa y la unidad del movimiento comunista.
Dos ejemplos de ello son:
el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE),
y el Partido Comunista de los Pueblos de Alacant (PCPA),
con quienes mantenemos vínculos basados en el reconocimiento mutuo, el internacionalismo proletario y el respeto a los procesos internos de cada país.
Sin embargo, no puede pasarse por alto que el Partido Comunista de México (PCM) —actuando como sección del KKE en México— intentó romper esas relaciones, impulsando la creación del llamado Partido Comunista de los Trabajadores de España como su propia “sección” subordinada al KKE.
Un intento fallido que reproduce el mismo método que ya presenciamos en México: la secesión practicada durante el IV Congreso, donde en lugar de fortalecer la unidad del comunismo mexicano, se pretendió imponer una escisión orgánica al servicio de una sola dirección extranjera.
Estos hechos no representan internacionalismo, sino lo contrario:
👉 la fragmentación del movimiento comunista bajo estructuras paralelas diseñadas desde arriba.
👉 la sustitución del debate marxista-leninista por la imposición de líneas prefabricadas.
👉 la construcción de “partidos espejo” que no responden a la realidad concreta de los pueblos.
Nuestra postura es categórica:
1. El internacionalismo proletario no puede basarse en la injerencia orgánica.
Ningún partido extranjero debe decidir la forma, la dirección ni la estrategia de los partidos comunistas de otros países.
2. La amistad política se construye con partidos que respetan nuestra autonomía y nuestra historia.
Por eso fortalecemos nuestras relaciones con organizaciones serias y probadas.
3. Las secesiones artificiales debilitan al movimiento obrero y fortalecen a sus enemigos.
La historia del comunismo demuestra que la división nunca ha sido un motor de avance.
4. El marxismo-leninismo no se “resquebraja” ni se manipula a conveniencia.
Se estudia, se debate y se aplica a las condiciones concretas de cada país.
Democracia Plena reafirma que la unidad del movimiento proletario internacional no se construye mediante duplicaciones forzadas, sino mediante la colaboración entre partidos soberanos, con líneas propias y con capacidad para decidir su rumbo dentro de sus realidades nacionales.
El siglo XXI exige un movimiento comunista mundial fuerte, no uno dividido por experimentos organizativos ajenos al método marxista clásico.
El internacionalismo es cooperación, no subordinación.
La unidad es convicción, no imposición.
El marxismo-leninismo es ciencia, no dogma.