31 octubre 2025
La linterna de Hugo
En el pequeño pueblo de Robledal, Hugo era conocido por su curiosidad y su afición por las historias de miedo. Cada Halloween, recorría las casas disfrazado de vampiro, pero ese año decidió explorar algo diferente: la vieja casa abandonada al final de la calle Olmo.
Con una linterna en mano y su amigo Tomás siguiéndolo a regañadientes, Hugo empujó la puerta de madera que crujió como si despertara de un largo sueño. Dentro, el polvo flotaba como niebla y las telarañas colgaban como cortinas. En el centro del salón, una calabaza tallada brillaba con una luz tenue, aunque nadie vivía allí desde hacía décadas.
—¿Quién encendió eso? —susurró Tomás.
De pronto, la calabaza parpadeó y una voz suave, casi infantil, se oyó:
—Gracias por venir. Llevo años esperando.
Los chicos se congelaron. La calabaza comenzó a contar la historia de Lucía, una niña que vivió allí y que cada Halloween encendía su linterna para que los niños perdidos encontraran el camino a casa. Pero una noche, nadie vino. Desde entonces, su linterna se encendía sola, esperando compañía.
Hugo, conmovido, dejó una vela nueva dentro de la calabaza y prometió volver cada año. Al salir, la casa parecía menos sombría, como si una parte de Lucía hubiera encontrado paz.
Desde entonces, cada Halloween, los niños del pueblo visitan la casa del Olmo, no para asustarse, sino para encender una luz en honor a Lucía, la guardiana de los que se pierden en la noche.
Fuente: etarrago.tumblr.com