Revolución sexual: tres estaciones y una brújula

 
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23 octubre 2025

- (1) Viví el sexo bajo el franquismo como un rumor clandestino. No era ausencia, sino exilio: se hablaba en clave, se deseaba en silencio, se reprimía con sotanas y decretos. El cuerpo era territorio vigilado, y el placer, sospechoso. Pero incluso allí, en la penumbra, había ternura, complicidad, y una ética del cuidado que no dependía de la ley.

- (2) Luego llegó el destape, la democracia incipiente que confundió libertad con exhibición. Se rompieron tabúes, sí, pero también se mercantilizó el deseo. El cuerpo se volvió espectáculo, y el sexo, consigna. Fue una etapa de apertura, de aprendizaje, de errores necesarios. Nos enseñó a nombrar lo innombrable, aunque a veces sin saber cómo sostenerlo.

- (3) Hoy, en el desmadre digital, el sexo se ha vuelto algoritmo, performance, moneda. Hay más libertad que nunca, pero también más ruido. Se habla de consentimiento, de diversidad, de placer sin culpa. Pero también se banaliza, se sobreexpone, se pierde el hilo entre lo íntimo y lo público. ¿Es esto progreso? ¿O una nueva forma de desorientación?

- No todo fue bueno, ni todo es malo. El pasado nos dio pudor, pero también represión. El presente nos ofrece libertad, pero a veces sin brújula. No se trata de elegir entre moral o caos, sino de reconocer que el sexo, como la vida, necesita verdad, ternura y contexto.

- Quizás no somos tan buenos como dicen unos, ni tan perdidos como temen otros. Somos hijos de una historia que aún busca amar sin miedo y desear sin culpa. Y si algo debemos al pasado, es la conciencia de que el cuerpo no es solo objeto de consumo, ni campo de batalla ideológica: es lugar de encuentro, de dignidad, de memoria.

- Como escribió Albert Camus: "La libertad no es poder hacer lo que se quiere, sino saber lo que se quiere hacer."



Fuente: elcaminoseestrecha.blogspot.com
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