“Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” (Juan 8: 11 | RV 60)
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Despertaba el día. El sol se asomaba perezoso en el horizonte. Eran alrededor de las 7:00 am. Por la Plaza de Caycedo, un lugar emblemático de Santiago de Cali, transitaban decenas de personas.
¿Normal? Por cierto, que sí. Pero déjeme le cuento….
En un costado del parque, donde algunas señoras venden su cuerpo al mejor postor, una de ellas levantó sus manos.
Sin importanle nada ni nadie. En voz alta.
“Señor, ayúdame hoy. Por mis hijos, por su futuro. Ayúdame”
Algunos sonreían al escucharla, otros pensaban que estaba loca y, no dudo, no faltó quien la consideraba hereje.
Real. Ocurrió en pleno centro de la ciudad. Un hecho que lleva a reflexionar…
En el evangelio de Juan se relata la escena cuando una mujer, sorprendida en adulterio, fue llevada delante del Señor Jesús.
Querían apedrearla por su “afrenta a la Ley”. Y la llevaron delante del Maestro. Querían saber su opinión.
“Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella” (Juan 8:7 | RV60)
Quienes la acusaban, se fueron retirando. Progresivamente. No quedó uno solo.
Todos tenían pecados ocultos. Ellos mismos merecían ser apedreados.
Nos preguntamos, entonces: ¿Con qué autoridad señalamos y juzgamos a los demás, comenzando por los miembros de la familia?
Es nuestra tendencia. Incurrir en los señalamientos. A veces, sin fundamento.
Un principio de vida para asumir hoy: no juzgar a nadie (Mateo7:1-5)
Una actitud que trae paz a nuestro mundo interior y que edifica a otras personas.
Un ejemplo.
Pero algo más: Dios quien tiene la prerrogativa de juzgar, en su corazón amoroso, prefiere perdonarnos en respuesta un sincero arrepentimiento.
Eso es gracia ilimitada.
Aun cuando merecíamos morir, decidió perdonarnos, Su Hijo Jesús murió por nosotros en la cruz. Lo hizo porque nos ama y no quiere nuestra condenación y perdición eterna.
Vertió su sangre para limpiarnos de toda nuestra maldad.
Nos presentó santos y justos delante del Padre.
Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.
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Fernando Alexis Jiménez sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas. Es el realizador del Programa Vida Familiar y, desde el 2016, dirige el Instituto Bíblico Ministerial.