27 agosto 2025
- No sé si afortunada o desafortunadamente, el verano se va terminando y parece que ese bendito martirio que supone hacer vacaciones de forma acelerada, masificada y poco tranquila, va llegando a su fin. Ahora llegará el tiempo de las vacaciones de los que pueden tomarlas en los meses de septiembre y hasta en octubre pues, por aquí, al menos, el Cambio Climático ha llevado el mejor clima vacacional al otoño donde bañarse en el mar puede ser tan frecuente como ser testigo de una de esas DANAs que por el Mediterráneo vamos a ver, cada año que pase, más a menudo.
- Pero mi objetivo no es hoy advertir del Cambio Climático y de sus cada vez más preocupantes manifestaciones, no, mi objetivo hoy será realzar aquellos tiempos en que íbamos a la playa del Prat en el carro de mi tío, que el vigilante de la playa era mi Santo Padre y que lo mejor del día estaba en esos bocadillos de cualquier cosa que preparaba nuestra Santa Madre envueltos en papel de periódico. Más adelante ya llegó el 600 y su R8 y nuestro Padre nos llevaba a las Playas de Mataró donde llegar (con el coche), se tardaba varias horas y, además, circulando en caravana. Eran tiempos en que cualquier cosa era mucho, el listón de cómo conseguir las cosas estaba muy alto, cuasi inalcanzable y el premio a casi todo lo poco que pudiéramos conseguir lo era solo con esfuerzo. Recuerdo un viejo dicho popular que, no sé si cabe muy bien aquí, pero que más o menos, dice o decía: Abundancia destruye, escasez crea.
- Así que, mientras el verano se despide y el otoño nos regala su tregua climática, conviene recordar que no todo tiempo pasado fue mejor, pero sí más sentido. Como escribió Cesare Pavese: “No se recuerda los días, se recuerda los momentos.” Y aquellos momentos, aunque modestos, nos enseñaron que la verdadera abundancia está en lo vivido con sencillez.
Fuente: elcaminoseestrecha.blogspot.com