16 junio 2025
- Cuando somos jóvenes, nos desvelamos por cuestiones que creemos fundamentales. La política nos parece una lucha de principios irrenunciables, las amistades exigen una entrega absoluta, las aficiones nos consumen con una pasión que parece no tener límites. Incluso el amor, según algunos de mis amigos, se vive como una llama que dura lo que el enamoramiento permite. Para ellos, el amor es fugaz, un espejismo encantador pero temporal.
- Ahí es donde quiero discrepar. Porque el amor verdadero, si es tal, no se extingue con la fuerza inicial de la pasión, sino que evoluciona, se adapta y se sostiene con el tiempo. La juventud nos hace creer que todo lo importante es inmediato y urgente, pero con los años aprendemos que lo esencial no es lo que arde con intensidad en el momento, sino lo que perdura más allá de los cambios.
- El amor genuino no es una emoción pasajera, sino una construcción que se moldea con la edad y con el compromiso de quienes lo defienden. Se transforma, sí, pero en esa transformación encuentra su fortaleza. No depende solo del entusiasmo juvenil, sino de la voluntad de permanecer.
- Es cierto que preocupaciones que antes nos quitaban el sueño acaban desvaneciéndose con los años, pero si hay algo que permanece, que trasciende, es el amor verdadero. Porque cuando es real, es muy posible que sea para siempre.
Fuente: elcaminoseestrecha.blogspot.com