24 febrero 2025
Recordaba esos años cincuenta de mi infancia en el que no existia el riesgo al agua embotellada transmitiendo esos plásticos venenosos en nuestras arterias; no existia el problema de tropezar con una farola mientras, hoy, la mayoría (como zombis), van leyendo incansablemente los mensajes que reciben en su teléfono móvil; no presumíamos de tener unas zapatillas deportivas de 250 € aunque mis padres no se lo puedan permitir. No obstante, y sin duda, lo mejor de nuestra infancia, a diferencia de lo que opinan los jóvenes de hoy, es que creíamos en un futuro mejor.
La preocupante falta de fe de los jóvenes en el mundo de hoy y las escasas oportunidades que este les ofrece les conduce a tomar partido por las charlatanerías y promesas de los políticos de extrema derecha, lo cual está por ver hasta donde alcanzará.
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Fuente: elcaminoseestrecha.blogspot.com