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Por Carlos Eduardo Lagos Campos.
En el año de 1586, cuando la ciudad de San Juan de Pasto se encontraba en pleno auge, Don Alonso Carrillo, un hombre visionario y astuto, sentó las bases de una organización social y agrícola que marcaría el destino de la región. Según el historiador Enrique Herrera, esta estructura especializada permitió a los poblados del Valle de Atriz alcanzar una seguridad alimentaria que les dio fuerza para resistir a la independencia.
Para el año de 1586, la ciudad de San Juan de Pasto
tenía una organización política administrativa que se vería ampliamente favorecida con la determinación que se tomó a raíz de la autorización de la Real Audiencia de Quito, a la cual se pertenecía, para que se reagruparan las comunidades indígenas que circundaban la ciudad, denominados Poblados del Valle de Atriz. Esta decisión se tomó en el contexto de la creación de la Real Audiencia de Quito en 1563, mediante una cédula real firmada por Felipe II, rey de España, que integraba las gobernaciones de Quito, Esmeraldas, Quijos, Popayán y Yagursongo.
De manera peculiar es importante recalcar que existían unas relaciones de cordialidad y entendimiento entre las gentes descendientes de españoles radicadas en el Valle de Atriz y las comunidades indígenas que se ubicaban a su alrededor, en las montañas, colinas y praderas, al pie de su volcán; estás jugaron un papel protagónico en la vida económica, social, política y militar de la ciudad. La petición de los habitantes de Pasto a la Real Audiencia de Quito para reagrupar las comunidades indígenas y crear una organización agrícola más eficiente, fue un paso importante hacia la consolidación de la ciudad.
El día jueves 13 de marzo de 1586, según relata el historiador José Rafael Sañudo, la Real Audiencia de Quito dio poder a Alonso Carrillo para que fundara poblaciones en el Valle de Atriz, con los Quillacingas, con el objeto de que al lado de los colonos se les "adoctrinara" en la vida civil. Fue posesionado en su destino por los capitulares, después de manifestar su acatamiento a la provisión y besarla y ponérsela sobre su cabeza.
La reagrupación de las comunidades indígenas permitió a Don Alonso Carrillo organizar a los poblados para que se especializaran en determinados productos. Esta especialización perdura hasta nuestros días, como lo menciona Rodríguez Guerrero en 1958. Por ejemplo, Catambuco se convirtió en un centro de producción de papas, mientras que Tescual se especializó en la producción de cebolla.
La organización agrícola de Don Alonso Carrillo no solo permitió a los poblados de Pasto alcanzar una seguridad alimentaria, sino que también les dio la fuerza para resistir a la independencia. La resistencia de Pasto no fue solo una cuestión de lealtad a la corona española, sino también de supervivencia.
Enrique Herrera, insiste en que "la organización agrícola por especialidades en Pasto permitía una producción eficiente y diversificada de alimentos, lo que garantizaba la seguridad alimentaria de la población". Esta seguridad alimentaria fue fundamental para la resistencia de los pueblos, ya que les permitió mantener su autonomía y defender su tierra.
En conclusión, podríamos afirmar que la historia de Pasto nos enseña que la seguridad alimentaria es fundamental para la resistencia y la supervivencia de los pueblos. La organización agrícola de Don Alonso Carrillo es un ejemplo de cómo la especialización y la diversificación pueden garantizar la seguridad alimentaria y fortalecer la resistencia de una comunidad. Esta lección es universal y puede ser aplicada en cualquier contexto, destacando la importancia de la autosuficiencia y la organización comunitaria para la supervivencia y la resistencia de los pueblos.
Presidente del Centro de Pensamiento Libre.
Fuente: Don Alonso Carrillo y los poblados Del Valle de Atriz, Pagina10.com,
17 marzo, 2014, Herrera Enrique