Pintura de Fabián Pérez
28 mayo 2015
Le contaba, hace un rato, a un amigo de los de toda la vida, que, no pudiendo asumir ciertas realidades lo mejor sería recurrir a la parte más imaginativa de nuestros olvidados ideales ...
"Dicen que la vida es lo que cada uno quiera hacer con la suya ... y yo decidí creerme que lo importante es ser feliz y ... ser capaz de que lo sean quienes te rodean ... ya ves , amigo, así somos los del grupo de estúpidos, tímidamente arrepentidos, de los que siempre habíamos creído que la vida pudiera estar en otra parte, además de la propia ... ingenuos mortales a los que la ambición de lo desconocido nos descabalgó de la bondad inducida, de la cruel ambigüedad del éxito mal interpretado, y del oscuro sentimiento del querer equivocado ... felices tiempos ... felices y efímeros éxitos personales que solo hacen mejores a los valores verdaderos y ancestralmente eternos, una vez llevados al escenario procesal de la razón".
Y mi amigo ... se enredó en la parte más sentida de mi discurso y empezó a hablar, como rezando, sin levantar la vista ... "Te quiero Mamá ... siempre tuviste razón ... la equidad en el pensamiento de la máxima duda sobre cuestiones vitales, nunca estuvo en lo material ... me costó asumirlo, pero lo hice" ... y yo tuve que abrazarle, darle un beso cariñoso, claro, y un manifiesto, no sé si estúpido ... "Amigo ... yo solo estaba poetizando una situación relativamente imaginaria" - "Eres un poco cabrón ... ¿verdad, Enrique?" - me dijo - al instante dio un golpazo sobre la mesa con la copa de la caña de cerveza que se había colocado en su alma hostil y se marchó con los ojos enrojecidos y, aparentemente, muy enfadado.
¿Será que para él no era solo una cuestión de hacer prosas poéticas, más o menos, estúpidas?
Enrique Tarragó Freixes - (etf-etc-etl)
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