– Me levanté como si un millón de pesados plomos estuvieran adosados a mis débiles piernas, pero una vez abierta la ventana de ver la vida como viene … le agradecí que siguiera ahí, tan soleada, esperándome. Abrí mis pulmones y el alma, mientras sacaba fuerzas para tomar todo el aire que pudiera aspirar en un intento de eternizar el momento.
– Luego, por ser viernes, me pareció que debiera esmerarme para que fuera un día especial: Paseo especial, comida especial y noche muy especial con charla de amigos, copeo y baile de salón.
– “¿Bailarás conmigo el primer baile?”, me dice por wasap una de las amigas de toda la vida. “Lo siento, ya lo tengo concedido” – le contesté. Lo curioso es que aun hay quien nos hace alguna fotografía cuando yo sentado en mi supersilla y ella abrazándome por la espalda, hacemos como que seguimos el ritmo de cualquier música que suene. (Sonriéndome pienso que practico mucho…).
– Releyendo en mi viejo bloc de notas, leo una de mis viejas reflexiones: «2018 es mi “annus horribilis”. La FSHD y la edad, (casi 70), me están comiendo como las hormigas arrastran las migas del pan indeseado o perdido. No obstante, la parte positiva es que aun ando (05/09/2018)»
– Lo que más me sorprende hoy, (algo más de tres años después), es que sigue todo igual y eso, sin duda, es una gran noticia.
– Recordé una vieja frase de Kafka: “No desesperes, ni siquiera por el hecho de que no desesperas. Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas. Esto significa que vives.” Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com