22 octubre 2021
– Estaba emocionado, ¿se acordarán de mí? ¿habrán cambiado a la linda chica que despachaba el pan?
– Entré y al hacerlo, fluyeron las emociones, sin palabras, sin normas COVID, ni nada que pudiera entorpecer un largo y afectuoso abrazo. Lágrimas furtivas y un corto recorrido cuasi literario por esos diecinueve meses sin vernos. Palpitante.
– Luego, ya con prisas, me voy al supermercado a recoger un encargo hecho desde la web y así no tengo ni que entrar.
– Uno de los empleados de toda la vida, al verme se sale de su zona y me da tal achuchón que hasta la jefa del servicio le ha llamado la atención que, aún y por lo bajo, llegó a mi pabellón auditivo bueno: “Ché, Pere, casi te cargas al viejo”.
– El chaval, un cuarentón de lujo, cuando consigo soltarme de su cariñoso abrazo, me dice: “Llevo muchos meses preguntándome que sería de usted y nadie sabía nada. No sabe la alegría que me ha dado verle entrar. Disculpe, casi le tiro al suelo, pero me ha emocionado verlo ahí, tan plantado, tan erguido como siempre, tan… tan usted.” – Mi emoción seguía en auge, ¿palmaré hoy de tantas emociones? – pensé.
– Por último y para superar las emociones, me fui a mi Playa, a mi banco y allí, tras un largo rato de silencio reflexivo, me di cuenta que estaba sonriendo… ¿por qué? – me preguntaba. Me sentía más a gusto que un marrano en un charco.
– Decía Benedetti que “de vez en cuando la alegría tira piedritas contra mi ventana, quiere avisarme que está ahí esperando… está bien me doy por persuadido, que la alegría no tire más piedritas, abriré la ventana” y yo, queriendo abrazar la razón que hoy me desborda … en esta gran mañana, me emborraché de saber que existo.
Fuente: etfreixes.blogspot.com