08 agosto 2021
- Cuánto tiempo faltando a mi Misa de las ocho. Me arranqué con un: “No, no he estado en París, ni en Londres, ni en la Isla de Crooked”, pero no hubo comentario alguno, el cura, mi querido Párroco, se me echó encima, me dio un gran abrazo y y hasta noté que se emocionaba. Luego me dijo: “Coño, Enrique, no dijiste nada y pensamos que te habías muerto … ¡¡qué alegría me da verte!!!” . Yo, en consonancia con mi moral y el calor reinante, tuve que pegarle un cariñoso empujón para que dejara de achucharme con sus emociones. “Perdón, Enrique, es que me he dejado llevar por la emoción de verte”.
- Tuve que desactivar urgentemente mi cariñosa conversación con mi amigo el Párroco, cuando vi que las beatas minifalderas y sesentañeras del rosario se acercaban hacia mí para hacer lo mismo que el Párroco, lo cual, sin duda, una vez se fue consumando cada abrazo, una a una de las doce amantes del Señor y del Rosario Divino, (me refiero al abrazo al estilo del cura), diré que, sin duda y sin ser en absoluto pecaminoso, fue lo mejor de la madrugada.
- Solo un intrigante "pero", sí, la sesentañera que lleva la voz cantante en el rosario de la madrugada, (la capitana), me dijo: “Enrique, no te cortes el pelo, ni te lo peines mucho, ni te lo pintes … otro día te digo por qué”.
- Hoy, de momento, seguiré rezando, y añorando el uso de esa campanilla, que aún guardo a buen recaudo, de mis tiempos de monaguillo del Señor y de las Misas del Domingo de mi añorada infancia y que cada vez que la oigo en las misas celebradas con el rito menos moderno, no puedo dejar de emocionarme.
Fuente: etarragof.blogspot.com