10 marzo 2021
Cuando era muy pequeño mi Padre me llevaba al Rompeolas en el Puerto de Barcelona, aprendí a vivir con él, con el mar, no me daba miedo, pero si respeto, el mar se lleva a sus entrañas a los soberbios y a los incautos por la misma razón, la falta de manejo de sus posibilidades. Cuando llueve o cuando el mar anda bravío me gusta acercarme a ver la lluvia y/o a ver como el mar manda sus olas a las laderas del mundo como lamentándose de sus gestos. Me sublibeya ver la fuerza de la naturaleza, tan noble y tan potente como la del mismo Rey de La Selva, es una extraña sensación, me atrae acercarme al mar, mirarlo, verlo y comprender su mensaje, el de su fuerza incontenida. Y eso es lo que he hecho, me he acercado a pesar de mi enorme trancazo y lo he estado observando, admirando, gozando. Un día completo, ahora sí, con ese baño de aire marinero tan necesario como inútil a la vez.
Imagen: Rompeolas de Barcelona de mi infancia - años 50
Fuente: etarragof.tumblr.com