– Lo volvimos a hacer, sí, es sólo cuestión de imaginación. Cerramos los ojos y pintamos en nuestro sueño ese bar donde nos conocimos y nos dimos un beso como solíamos hacer entonces en el 66, ante la vigilante, aunque discreta, mirada del camarero.
– Luego insistimos en convencernos de que lo de la cuarentena por culpa del dichoso “coronavirus”, por muy larga que la intenten diseñar, aplazando cada quince días, a otros quince días su duración, nada nos impide ser felices.
– Hay que mantenerse activo, hay mil cosas por hacer; limpiarse la nariz, aún y con el dedo pues nadie nos ve; echarse crema en la cara para la couperosis sin prisas para que luego no te salgan granos; recrearse en el acto sagrado de ir de visita al baño y sentarse en el trono, teléfono móvil en mano despejando los dos millones de wasaps que van llegando cada día o, quizás mejor, dándole al Play cuando localizas una de tus canciones favoritas.
– Pero la actividad principal, al margen de ponerte a escribir el diario de una Pandemia con toda tu rabia, lo hemos vuelto a resolver del mismo modo, sí, hoy hemos vuelto a bailar, hoy de un modo frenético, impropio de mi edad, pero hoy ha sido con Fito y Fitipaldis, meneando culo, cabeza y chasquido dactilar y, ah, una Paulaner al fondo como premio al esfuerzo. Fuente: etfreixes.blogspot.com