09 noviembre 2018
Arturo, uno de mis ilustres compinches en zona cafés de madrugada, junto al final de la Rambla, versión tres punto cero, me habla hoy de lo feliz que se puede ser queriéndolo ser. “No hay quien pueda conmigo, Enrique, solo la muerte y de momento ni la quiero, ni la espero. No me meto con nadie, ni quiero que nadie interfiera en mi vida. Tomé esa decisión el mismo día que mi querido Director Regional me dijo: Arturo, la reestructuración del sector nos obliga a … bla, bla, bla… en fin, mañana no vengas. Y a mis 59 le eché valor, paciencia, paro y … mucha felicidad. Pensé … ¡¡¡ellos se lo pierden!!! y aquí estoy, hecho un brazo de mar, disfrutando y viviendo, cosa que nunca hice por culpa de la maldita y poco agradecida responsabilidad en el trabajo que tanto apliqué a mi vida en detrimento de mi tiempo libre y el de mi familia”.
Vaya, tras varios días de confesiones crueles sobre vidas desaprovechadas, relaciones inestables, sufrimientos, infidelidades y amores perdidos ¡zas! tuvo que ser Arturo el que aportara esa página de felicidad que ya empezaba a añorar en ésta. Maravilloso día … será. Tomaros algo, pago yo.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com