26 octubre 2018
Llega Julián, ese madrileño de aliño y gran amante de mi querida Teguise, pues allí nos conocimos en el 86 cuando él llevaba unas obras en Matagorda y yo en Costa Teguise. Nos unían las charlas en la taberna de Cesar Manrique en Arrecife de Lanzarote. Decía que llega Julián y me da un abrazo que me cruje … “Todavía huelo a gasolina, Enrique, hemos salido a las seis de Parla y aquí estamos … todo autopista y mi nuevo Toyota … un lujo de viaje” … ¿Y Julia? – pregunto yo – “Ah … ¿no te lo han contado? … murió en Marzo de hace un año … un ictus la tuvo dos días en la UVI y finalmente murió”. Me quedé sin habla y al momento fui yo quien se quedó abrazado a él durante unos largos segundos. Nos sentamos, hablamos sobre la vida y la muerte; sobre la verdad y sobre lo imposible; sobre la disciplina del arrepentimiento debido; de la fidelidad; de la lealtad; de lo corta que se hace la vida a cierta edad; de tantas y tantas cosas que a esta edad y experiencia vivida se tiene, que los minutos se convirtieron en más de dos horas de charla …
Lo más duro, algo cruel y con ganas de ponerse un cuchillo entre los dientes para defenderlo, fue cuando hablamos de ella, de Julia … a él se le había empezado a terminar su mundo con su muerte …
Fuente: etf1949.wordpress.com