¡SAN MARTIN TEZMELUCA, SOCÓRRENOS (¡!)!
¡Palabras de maravilloso timbre!
¡Caramba! ¡Qué temita! ¡No por lo difícil, sino porque enmedio hay mucha mala tela por cortar!
En fin. Como dicen: “Lo que se ha de cocinar echarlo al caldero a guisar”.
Hay temas que pugnan por salir, pero que por las circunstancias siempre se quedan entre el tintero, y este es uno de ellos. Desde hace unos días he puesto esto en mesa de batalla pero siempre ha terminado en el cajón del fondo.
La gente que hace cierta forma de vida y que ha revuelto métodos y metodologías para ser los mejores…, ha terminado metida en un mundo apestosamente obscuro. Ya no saben dónde están y ni siquiera si están.
Los discursos se apoyan en soportes firmes. Sin ellos son nada. Si uno, Ud., yo… Cualquiera. Nos imponemos un tema debemos actuar como un buen montañista: buscar apoyo apropiados, firmes, que nos soporten en el ascenso hacia donde vamos; sin ellos o terminamos en el fondo de profundas barrancas —amén de los resultados previsibles— , o (con suerte) agarrados con uñas, pies y mordiscos a lo que providencialmente se nos ponga al alcance.
Ahora bien, resulta que como aquellos vivífidos rebasaron, sobradamente, todas las admoniciones que les interpusieron y ahora están que gañen/ladran como hienas apaleadas, pues la respuesta está en ellos, no importa de cuántas formas o ladridos se desgañiten echándoles a otros la culpa de lo que les suecede.
¿No hemos dicho nada? Sí. Bueno. Tal vez…, pero…
Como sea, sí lo hicimos y muy explícitamente, pero si no quieren entenderlo no es nuestro problema. No esperen que les demos el alimento como si fueran bebés.
Buen día.
El agua que se evapora sigue otro camino para llegar a su destino