14 septiembre 2018/2017
– Ella parecía estar ausente, sentada frente a la barra del Talvis de Industria, y con la mirada perdida en uno de sus oscuros espejos.
– Él se acercó a ella, se sentó a su lado y le lanzó un tímido “Hola … ¿Estás Bien?”
– Ella apuró de un trago lo que quedaba en su copa bordada de azúcar y líquido rosa, giró su cabeza en un gesto tan sensual como coqueto, y mientras arreglaba su pelo de un modo despreocupado, le dijo: “¿Tú eres el chico que me persigue con su mirada en el Stereo de Sanllehy y nunca me dice nada?”
– Él enrojeció y se quedó durante unos segundos entre perdido, sorprendido y … cruelmente descubierto. Intentando reponerse le contestó algo que salió de su boca sin que él nunca supiera como pudo hacerlo: “¿Me conoces?” … y
– Ambos sonrieron, Ella siguió con su mirada al frente y Él, en un tono más decidido le volvió a preguntar: “¿Cómo te llamas?” …
– Seis años más tarde juntaron sus vidas para siempre en una bella Iglesia de Cervelló. Hoy, más de cincuenta años después de aquella tarde de domingo del 66 en la barra del Talvis, donde se conocieron, ellos siguen disfrutando juntos y con la felicidad suficiente que una dura vida llena de obstáculos les hizo ganar para hacerse fuertes en su amor … el otro antes que el uno fue lo principal.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com