Un cuento para no olvidar quien somos y apreciar lo que tenemos

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Un cuento para no olvidar quien somos y apreciar lo que tenemos

........................................................... Fotografía de Jeanloup Sieff

31 enero 2018

Dos enfermos compartían hospital en habitaciones contiguas y mientras uno reposaba inmóvil en su lecho tras un aparatoso accidente de tráfico del que salió vivo de milagro, el otro andaba por la misma y le contaba al otro grandes historias alegres llenas de vida en su visita diaria, pintando en su imaginación todo lo que se veía por la ventana de la habitación al que el inmóvil, en modo alguno, podía llegar.

Así fue día tras día, uno tras otro, durante tres largos meses, pero un buen día su amigo, el que le contaba todo lo que pasaba detrás de la ventana, dejó de venir sin que nadie pudiera decirle por qué. Se habrá ido, pensó.

Pasaron dos meses más y el enfermo inmóvil dejó de serlo e inmediatamente que pudo levantarse se acercó a la ventana y con gran sorpresa para él, se dio cuenta que la ventana daba a un patio interior. ¿pero cómo es posible? exclamó, extrañado le preguntó al auxiliar de clínica si esa ventana siempre había tenido esta vista y él le contestó aún mas extrañado que; “naturalmente”, – pero no puede ser mi amigo el vecino de habitación me regalaba unos extraordinarios relatos de lo que veía por esta ventana. Se acercó a la habitación de al lado y preguntó, (disparó sin pensarlo mucho), al inquilino vecino que no era otro más que otro auxiliar de clínica: “Oiga, hace unos dos meses ocupaba esta habitación un enfermo del que mantuve una magnífica relación y…” – Ah, se refiere Ud. a José, el bueno de José, pues murió hace dos meses, murió de una terrible e incurable enfermedad que acabó con él, sin dolor, de un suspiro, pero se fue con un solo lamento, nunca había sabido de qué color eran los ojos de la vida, pues él, además de haber vivido con la enfermedad desde que nació, era, también, ciego de nacimiento.

Fuente: etf1949.wordpress.com
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