La historia del suicida que borró su pasado

 
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Peter Bergmann es el nombre inventado de un hombre que se quitó la vida sin dejar el más mínimo rastro de su identidad. Esta es su historia.

La historia del suicida que borró su pasado

Una mañana de verano de 2009, la aparición de un cadáver en una playa del norte de Irlanda cambiaría la vida de muchas personas de la región de Sligo. No era la primera vez que el Atlántico arrojaba un cuerpo en ese lugar del litoral.

Sin embargo, el que dos habitantes de la localidad encontraron ese 16 de junio tenía una particularidad: no se había ahogado. La autopsia que le practicaron revelaría que la causa de su de su deceso no era lo único llamativo de su caso.

El hombre, que aparentaba unos sesenta años, no tenía papeles de identidad y a sus vestimentas les habían recortado las marquillas. La autopsia que le practicaron revelaría que sufría cáncer de próstata, pero no tomaba medicamentos para el dolor.

Las investigaciones posteriores mostraron que se trataba de un particular visitante que había pasado sus últimos cuatro días en Sligo City Hotel, un sencillo edificio de ladrillo de tres plantas situado a pocos pasos del río Garvoge, que atraviesa la ciudad.

Aunque se había registrado con el nombre Peter Bergmann, los investigadores encontraron que se trataba de un nombre falso, lo mismo que otros datos personales, entre ellos su lugar de procedencia (dijo que venía de Viena, pero allí nadie lo conoce). Como había pagado su estadía en efectivo, tampoco fue posible seguirle la pista a través de referencias bancarias.

De hecho, lo único con lo que contaban las autoridades era con su imagen en las cámaras de seguridad, que abundan en esa apacible localidad de 20.000 habitantes, conocida por ser uno de los hogares del nobel de literatura W. B. Yeats y por sus mariscos. Pero no por su crónica roja.

En los videos se ve a Bergmann circulando por el hotel y por diversos puntos de la ciudad, con frecuencia cargando una bolsa plástica morada. Y esta aunque sale llena del hotel, invariablemente regresa vacía.

“Llegamos a la conclusión de que usó la bolsa para transportar sus objetos personales y deshacerse de ellos poco a poco en los alrededores de Sligo”, explica el inspector John O’Reilly de la Policía de Irlanda en Los últimos días Peter Bergmann, un documental estrenado este año y dirigido por el realizador Ciaran Cassidy. “Pero se las arregló para hacerlo por fuera de las zonas cubiertas por las cámaras de vigilancia”, agrega.

De hecho, los investigadores llegaron a la conclusión de que el hombre no solo se suicidó, sino que hizo todo lo posible para desaparecer en el mayor anonimato.

“Todo lo que sabemos sobre él se limita a los cuatro días anteriores a su muerte”, dice O’Reilly, quien detalla en el documental las magras conclusiones de sus pesquisas. Hubo un verdadero esfuerzo por agotar todas las pistas: huellas digitales, ADN, denuncias a Interpol, llamamientos públicos para solicitar ayuda... Pero todo fue en vano y hoy el caso ha sido archivado.

Según narra la película de Cassidy, el domingo 14 de junio, Bergmann tomó un taxi y le pidió al conductor que lo llevara a una playa tranquila. Este lo condujo a la de Rosses Point, a la sombra del impresionante peñasco del monte Bendulben. Allí regresó al día siguiente tras hacer el check-out y almorzar en un centro comercial del centro de Sligo.

“Curiosamente, a muchas personas les llamó la atención su presencia en el lugar”, señala el cineasta, que recogió los testimonios de quienes se cruzaron con ese sexagenario, de quien desconocían que estaba viviendo sus últimos instantes de vida. “Una mujer que participó esa misma noche en un taller de escritura escribió incluso un cuento sobre ese hombre solitario en la playa”, dice el director.

En una época en la que la humanidad está obsesionada con retratarse, filmarse y dejar un testimonio de su presencia en la Tierra, la decisión de Bergmann de no dejar ninguna huella suya resulta extrañamente llamativa.

Para Cassidy, “Bergmann debió querer desaparecer para siempre en el Atlántico, pero desgraciadamente para él, el mar devolvió su cuerpo”. Y agrega: “Ahora, se encuentra en una tumba sin nombre en Sligo”.

Fuente: www.semana.com
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