Shannon, joven británica de 20 años, se hizo adicta a la gasolina.
Todo inicio de chica sintiéndole el aroma a la gasolina, algo muy común. Pero su lógica fue pensar "si huele bien, debería probarla". Luego de la separación de sus padres, como un escape, comenzó con esta costumbre.
Hoy en día consume hasta 12 cucharadas por día y explica que la adicción llego a tal punto que encontró otras maneras de ingerirla, no solo bebiéndola.
Es cociente de los daños que le hace a su organismo, e incluso experimenta un dolor luego de cada vez que toma. Lo describe como una quemadura en la garganta. Sin embargo comenta que este dolor no le quita la ansiedad de seguir consumiendo aunque sepa que pronto podría matarla.
Un caso cercano es el de Brian Taylor, también británico, quien acudía directamente a las gasolineras y hasta cortaba el tubo para consumir. En 2005 se le dio una orden juicial que le prohibía ir a cualquier gasolinera de su ciudad natal.