A pesar de que el sector textil y de la confección es uno de los principales generadores de empleo a escala mundial, en la isla de Margarita se ha reducido a su mínima expresión. De acuerdo con los números que maneja la Cámara de Artesanos, Pequeños y Medianos Industriales del estado Nueva Esparta (Capmine), de 67 empresas activas en los últimos años, en la actualidad sobreviven apenas 38.
Apenas un 50% genera aún alguna rentabilidad, en medio de “cementerios” de máquinas en desuso y costureras, cortadores de telas y de patrones ahora dedicados a otras labores muy distintas, para poder mantenerse.
El presidente de Capmine, Julio Villegas, habla con propiedad de lo que acontece en el sector y que no es nuevo. Eso viene en declive como lo ha vivido en su empresa de confecciones en Margarita. Una pequeña compañía que tenía 50 máquinas y empleaba a 62 personas y que ahora apenas puede contratar a tres trabajadores. El cierre luce inminente, al igual que el resto de las que “sobreviven” en esta realidad.
Comenta que la crisis incluso se refleja en el mundo de las cooperativas las que hace cinco años, por ejemplo, recibieron milmillonarios aportes, adquirieron máquinas y hoy no producen. Apenas un par de ellas se mantienen con vida en la región insular.
Duda que ante la inflación y volatilidad en los precios algún negocio en particular pueda prosperar. “Por ejemplo, hace un mes un kilo de algodón con el que fabricábamos las franelas estaba en Bs 105 y ahora lo conseguimos a Bs 295 con tendencia al alza. Eso es imparable y se nota en los costos de los hilos, los repuestos para las máquinas y, por supuesto, de las telas. Es más caro el metro de cada una y la variación de los precios puede hasta darse dos veces al mes. Eso no lo aguanta nadie, porque al final ya no se sabe con certeza en cuánto te sale el producto y en cómo lo comercializarás”.
A eso atribuye que pocos se hayan arriesgado a fabricar uniformes escolares. Aparte de los insumos caros está la carencia de una política de Estado que de verdad proteja a la pequeña industria, en cuanto a apoyarlos y a contratar a las empresas fabricantes regionales.
Divisas en la mira
Otro factor que ha influido en el debilitamiento del sector y en la falta de producción es el acceso a las divisas. “Lo lamentable es que durante 50 años Telares Los Andes mantuvo la fábrica en Caracas y eso ayudaba a suplir las necesidades. Sus propietarios cerraron y prefieren invertir en centros comerciales. A falta de telares nacional ahora hay que recurrir más a lo importado y para acceder a los dólares participar en las subastas del Sistema Complementario de Administración de Divisas (Sicad), por lo general para traer telas importadas sobre todo de China, Ecuador y México. Sin embargo, el Sicad te permite una sola proforma y si necesitas de las tres tienes que esperar para la próxima subasta que puede hasta durar un año entre los trámites”.
-Todo esto ha sido aprovechado por las llamadas “empresas de maletín” las cuales logran divisas, se movilizan en el extranjero y en Venezuela solo poseen la entelequia o “parapeto” de compañía con la firma y domicilio fiscal que registran ante el Seniat. En cambio, quienes tenemos que mantenernos al día con todos los requisitos, solvencias laborales, cumplimiento de la Ley Orgánica del Trabajo e inamovilidad, nos sentimos ya casi imposibilitados de mantenernos, además de que no hay el material suficiente, ni tampoco el respaldo del Estado para capacitar la mano de obra. A la par disminuyen las ofertas de trabajo.
Sector fundamental
¿Cuál es la importancia de esta actividad en la economía de cada país? Un estudio elaborado al respecto y que es publicado en la página valor.ictsd.org, resumen:
“El sector textil y de confección –junto al agropecuario- ha sido tradicionalmente sensible, dado que es un área importante en la mayoría de países del mundo. Los textiles son, además, uno de los principales bienes comercializados a nivel mundial. Asimismo, se caracterizan por ser intensivos en la utilización de mano de obra, especialmente en confección, proporcionando empleo a un segmento importante de la población económicamente activa en las regiones donde se lleva a cabo”.
Indican que por eso “siempre ha sido un sector altamente protegido a lo largo de la historia, sobre todo en los países avanzados. En los países en desarrollo, se ha convertido en un paso importante en el proceso de elaborar bienes con bajo valor agregado y convertirlos en bienes de alto valor”.