"A veces estos cristianos melancólicos tienen más cara de pepinillos en vinagre que de personas alegres que tienen una vida bella" comentó el Papa Francisco
"La alegría no puede quedarse quieta: debe caminar –continuó–. La alegría es una virtud peregrina. Es un don que camina, que camina por los senderos de la vida, camina con Jesús, predicar, anunciar a Jesús, la alegría, alarga el camino, lo amplía. Es una virtud de los grandes, de los grandes que están por encima de las nimiedades, por encima de las pequeñeces humanas, que no se dejan implicar en las cosas pequeñas internas de la comunidad, de la Iglesia: miran siempre al horizonte"
Francisco el Papa