Edificios convertidos en escombros, vehículos aplastados, campamentos improvisados para los damnificados y comercios y escuelas cerrados eran el desolador paisaje de varias poblaciones de la provincia occidental de Kermanshah, fronteriza con Irak. Las cifras son de al menos 445 fallecidos tras esta tragedia natural.
El sismo, de 7,3 grados en la escala de Richter y que tuvo la noche del domingo su epicentro en la frontera entre Irán e Irak, arrasó varias localidades iraníes y provocó el lunes nuevas réplicas.
Ante la magnitud de la tragedia, las autoridades iraníes movilizaron a todos los cuerpos de seguridad, incluidos el Ejército y los Guardianes de la Revolución, para acelerar las tareas de rescate y de retirada de escombros.
En los alrededores de los edificios en ruinas de la población de Sarpul Zahab, la más damnificada, cientos de personas esperaban con angustia noticias de sus allegados, desaparecidos desde que la tierra tembló.
Para algunos nunca llegaron buenas nuevas. La joven Moradijah, quien explicó a Efe que su tía y sus dos primos estaban bajo los escombros de un edificio de protección oficial, fue testigo horas más tarde de que cómo los equipos de rescate sacaban sus cuerpos.
"Anoche llamamos por teléfono a nuestros familiares y, al no poder localizarlos, vinimos a buscarlos", contó la estudiante, sin poder controlar el llanto.
Las tareas de rescate y desescombro, en las que se emplean perros rastreadores y grúas, debieron detenerse momentáneamente en alguna ocasión a causa de las réplicas del temblor.
El presidente iraní, Hasan Rohaní, dijo la tarde del lunes que es "imperativo que todos los organismos competentes y de socorro trabajen en plena colaboración para proporcionar ayuda, alojamiento y atención a los heridos".
También garantizó que su Gobierno apoyará a las víctimas con "todos sus recursos, movilizando todas las capacidades a nivel nacional y local".
Fuente: elrio.ec