2 noviembre 2017
A mi me lo enseñaron y ahora, mil años después, aún lo practico. Ya no lloro, no protesto y ni siquiera pregunto, salgo a comprar el pan, las verduras y las revistas. Un domingo sin todo eso no es nada, sin ese olor a café que sale de los baritos madrugadores, Sin ese “bon día” que cruzas con esa señora que lleva su bastón y su chal de florecitas, en la Av Santander o sin que el perro de Pepito se ten enrede a hacer el amor carnal con tu pierna, o sin que cuentes en el quiosco de prensa ese chiste malo del catalán que oía Misa por la radio y cuando pasaban el plato la apagaba … si, miles de cosas más que solo puedes sentir si lo haces y te haces, como deber ser, un mantenedor de esas viejas costumbres.
.
Antes creía que callejear era cosa de viejos, ahora, también.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com