Lo difícil que es ser educador en Colombia.

 
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“Mi mamá (que es maestra) escribió este texto como una forma de desahogo más para sí misma que para ser compartido. Pero yo creo que merece ser leído por todo el mundo”

 Lo difícil que es ser educador en Colombia.

Por: Salomé Cardona, 25 de octubre de 2017, En: las2orillas.co

No sé cómo llamarle al texto que estoy a punto de empezar a escribir. No es una queja, no es un reclamo, no es una carta de renuncia… Podría llamarlo desahogo, quizás. Es probable que sea ridículo que lo escriba y ni siquiera sé a quién debo dirigirlo (si es que debo dirigirlo a alguien)… En fin.

Amo la educación, la amo desde que tengo memoria. Soy normalista y licenciada, tengo una especialización en pedagogía, llevo más de 30 años de ejercicio como docente y lo hago con el mismo amor desde siempre.

Soy una fiel convencida de que el mundo sería mejor si se mejorara el nivel educativo de las personas. Soy consciente de las falencias del sistema educativo en este país y de que muchos de los problemas son derivados de la falta de inversión económica en infraestructura para la educación, pero hay un problema mayor que ese, del que poco se habla.

A pesar de esas falencias, a lo largo de mi carrera me he esforzado por hacer que pesen poco, contrarrestando su efecto con mi esfuerzo. He dado todo de mí. Soy una maestra exigente, de esas a los que muchos llaman “jodida”.

Amo a mis estudiantes como a mis hijos y siempre quiero verlos bien; limpios, peinados, con la camisa por dentro y los zapatos lustrados, sin maquillaje, sin palabras soeces que salgan de su boca. Quiero que aprendan, pues estoy segura de que solo el conocimiento los puede sacar de la pobreza en la que lamentablemente nacieron, por eso les enseño y les exijo, exijo que presten atención, que no conversen en clase, que participen, que pregunten…

No suelo dejar tareas para la casa, pues soy partidaria de que su tiempo libre es para jugar, para ser niños, para ser felices, para compartir con sus familias… Pero aprovecho al máximo el tiempo en el aula. Los regaño en algunas ocasiones, pero soy muy amorosa por fuera del aula, los abrazo y los beso, los amo y sé que muchos me aman, porque me lo dicen, y les creo.

Cuando hay dificultades busco ayuda en los papás. Algunos responden con entusiasmo.

Cuando tengo un alumno al que le cuesta aprender algo, que tiene que profundizar en casa porque ese no es su tema favorito (todos somos buenos para unas cosas y no tan buenos para otras) o porque sé que no está dando lo suficiente, porque está distraído con juegos, juguetes, el sexo opuesto o la música y televisión que los rodea, me refugio en los padres.

Y es en ellos donde radica el problema del que poco se suele hablar. Los padres (en su mayoría) no están dispuestos a ayudar, no están interesados en el aprendizaje de sus hijos… Lo cual es inmensamente doloroso, pues es una actitud egoísta… Muchos de ellos son pobres física, mental y espiritualmente y no quieren permitir que sus hijos sean diferentes.

Padres difíciles los hay de todos los tipos, pero mencionaré sólo dos: los que se comprometen a ayudar en casa con el proceso de aprendizaje y nunca lo hacen y los que están convencidos de la infalibilidad de sus hijos y no soportan una nota baja, una recomendación, una queja, una petición de ayuda.

Son mucho más difíciles los segundos que los primeros.

Esta semana me vi inmersa en una situación bastante incómoda y desnudaré mi alma para confesar esto: deprimente, desalentadora, desasosegadora… Unos padres de familia me insultaron y amenazaron porque su hijo sacó 3,0 en las materias que ve conmigo y en el resto de las materias le fue muy bien en el período académico que hace poco terminamos.

No puedo juzgar el trabajo que hacen mis compañeros. Ni puedo saber sobre los talentos particulares de este niño. Puede que sea excelente en matemáticas y no tan bueno en lenguaje, por ejemplo, como ya dije, somos buenos para unas cosas más que para otras…

Estos padres me dijeron que yo era una pésima maestra, que era montadora, que todos tenían queja de mí (ningún otro me la ha manifestado, por el contrario, he recibido palabras y gestos de amor y gratitud por parte de muchos de ellos y sus hijos, lo cual me emociona y agradezco, y por supuesto que no lo espero, pues ese es mi deber). No aceptan que su hijo tiene falencias y que es mi deber calificarlo como corresponde para motivar un mayor esfuerzo de su parte. Así funciona el sistema, con notas. Eso no lo inventé yo.

Pero no fueron suficientes mis explicaciones. Me exigieron mostrarles una por una las notas que sacó durante el período académico y me sentí tentada a realizarle una prueba, objetiva, con ellos presentes, para demostrar que el niño, lamentablemente, no cumplió con las competencias exigidas por los planes de área y las directrices del mismo ministerio de educación en esa materia y en ese período….

Pero nada fue suficiente… Persistían enojados y tratándome mal, diciendo que se iban a quejar con los medios de comunicación y la secretaría de educación municipal. Luego la madre fue donde la directora de grupo de su hijo, con un excelente don de la actuación, a llorar diciendo que yo la había tratado mal, cuando lo único que hice fue tratar de buscar soluciones y dar explicaciones (que se negaron rotundamente a escuchar).

No me atemorizan. Yo tengo clarísima la calidad de mi trabajo, pero sí me entristecen, muchísimo… y me desmotivan. Me tientan a dejar de ser como soy y a dejar de hacer un buen trabajo, a poner buenas notas por ponerlas y permitir que los niños se eduquen de manera mediocre y no progresen, que pareciera ser lo que ellos como papás, inentendiblemente, quieren. Finalmente eso es lo que hacen muchos colegas.

Me siento frustrada, aburrida, deprimida. Siento que este es un trabajo muy desagradecido y en este momento lo único que deseo es renunciar. Pero tengo rabo de paja y no lo hago, no sólo porque necesito trabajar (como lo necesita todo el mundo) sino porque, a pesar de todo, soy terca y amo esto… Sigo con una fe, quizás ridícula, de que puedo cambiar algo.

Publicado en:

https://www.las2orillas.co/lo-dificil-que-es-ser-educador-en-colombia/


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(2)

Entrevista, 1 de mayo de 2017 12:00:00 pm, En revista Semana, Colombia

“La educación que recibimos no es la educación que necesitamos”

Polémico, así fue el paso de Marc Prensky por Colombia, considerado como el mayor experto en tecnología y aprendizaje. Semana Educación habló con él. #RegresoAClases

Marc Prensky aterrizó en el país como uno de los protagonistas de la Cumbre Líderes por la Educación, organizada por esta publicación los días 14 y 15 de septiembre en Bogotá.

La expectación era alta. No en vano, el estadounidense es el mayor experto en educación y tecnología a nivel mundial, y uno de los grandes críticos del actual sistema educativo: niños que memorizan pero no cuestionan lo aprendido.

Su intervención sobre currículo y contenido no dejó a nadie indiferente. Mientras sus seguidores le aplaudieron hasta desgastarse las manos; sus detractores salieron conmocionados. Los pasillos del Cubo de Colsubsidio, donde se organizó el evento, eran un hervidero entre elogios y críticas una vez él se bajó del escenario.

-¿Cómo puede decir que comprar libros de textos es la peor forma de invertir en el futuro de los niños, que es un gasto de plata?, se le oyó decir a una mujer roja de la indignación.

- Este hombre no sabe de lo que habla, le respondía su acompañante, igual de rojo y encolerizado.

- Prensky tiene razón, la educación tiene que cambiar porque va a quedar obsoleta en 20 años, razonaba un hombre pegado a su frondosa barba.

-Sí, hay que repensar el modelo para formar a nuestros hijos de cara al futuro, reconoció una mujer de tacones imposibles.

Prensky sabe que tiene un discurso polémico, pero no parece importarle. Habla con pocas pausas, mucho ritmo y seguridad, mirando a los ojos fijamente. Y no deja de sonreír. Sí, parece que las críticas le traen sin cuidado.

Semana Educación habló con él para conocer más impresiones de este experto internacional que vive pegado a su celular, para él "el mejor invento del mundo".

Semana Educación: ¿Hacia dónde va la educación?

Marc Prensky: Los niños del futuro serán líderes en resolución de problemas. La educación del futuro estará basada en los proyectos y habrá que brindarles las herramientas necesarias para dar soluciones a problemas reales. Necesitamos gente que quiera hacer de este mundo un lugar mejor, no gente educada en la academia que sepa todo de matemáticas, historia o escribir bien.

Dentro de 20 años todo va a ser tecnología y necesitamos ayudar a nuestros hijos a entenderla y que la integren en su vida. La tecnología ha simplificado todo, incluso aprender idiomas, estudiar, traducir otras lenguas, leer.

S.E.: ¿Cuál es su gran crítica a la forma en la que se está enseñando a los niños en la actualidad?

M.P.: La educación que recibimos no es la educación que necesitamos para el futuro. No podemos seguir mirando a nuestros niños como si nosotros fuéramos los maestros y ellos los estudiantes, darles indicaciones y que el trabajo de ellos sea escucharnos y hacer lo que les decimos. Padres, profesores y niños tenemos que convertirnos en iguales. No podemos seguir subestimando su inteligencia. Hay muchas cosas que los niños saben mejor que los adultos y viceversa, por lo que tenemos que empezar a asociarnos.

S.E.: ¿Qué hace a un país referente en educación y tecnología?

M.P.: La infraestructura para llevar tecnología a todas partes. Las personas están equivocadas si creen que lo más importante son los contenidos y no la infraestructura. No necesitas que todo el mundo tenga los mismos contenidos, sino contenidos individualizados. Y eso es lo que permite la web: entrar, investigar y encontrar los contenidos que necesitas.

Esa idea de preparar contenidos para el colegio, los currículos, eso va a desaparecer, porque cada individuo necesita información diferente. Comprar un libro de texto es la peor inversión que puede hacer un padre por la educación de los hijos. Es una perdida de dinero. Comprar contenidos es una pérdida de dinero. Pero darle a las personas infraestructura y enseñarles cómo usarla en su propio beneficio, eso es lo valioso.

S.E. : ¿Hay buena y mala tecnología?

M.P.: No, el problema es que en este mundo existe la bondad y la malicia, y eso se traslada también a la tecnología. Eso es lo que hay que enseñarles a los niños: a diferenciar lo bueno de lo malo en términos de moralidad y ética. Por ejemplo, con el tema del bullying y el ciberacoso, ahora la gente anda diciendo que tenemos que enseñar a nuestros hijos a no matonear a sus compañeros. Es que eso se lo tendríamos que haber enseñado desde siempre, no ahora. La tecnología añade un nivel de complejidad a nuestra realidad, pero no es el problema en sí.

S.E.: Entonces, ¿todo radica en cómo se enseña a los menores a consumir?

M.P.: Sí, hay que darle a los niños herramientas para saber consumir. Por ejemplo, en mi país, Estados Unidos, la gente pro Trump solo consume noticias que hablan bien de él. Lo mismo sucede con los que van a votar por Hillary. El problema de esto es que no recibimos suficientes datos y, por lo tanto, no podemos actuar con coherencia. Es importante escuchar las diferentes voces y usar todas las herramientas disponibles para recibir información. Las tecnologías son poder, y si los niños no aprenden a usarlas, no van a poder hacer uso de ese poder.

S. E.: Usted acuñó los términos ‘Nativo digital‘ e ‘Inmigrante digital‘, ¿qué significan?

M.P.: Se tiende a creer que los nativos digitales saben todo sobre la tecnología, pero eso no es verdad. Son personas que han nacido en la era de la tecnología y crecieron con ella, creen que determinadas herramientas y valores son importantes, entonces las emplean. Por ejemplo, utilizar una grabadora en el ejercicio periodístico. Imagínate que un periodista de hace 50 años te dice que tienes que hacer entrevistas sin la grabadora.

Ellos pensarían que está loca por emplearla y tú que ellos lo están por negarse a hacerlo. Cambia la perspectiva y los puntos de vista sobre las cosas. Por ejemplo, la cuestión de la privacidad. La gente antes pensaba que la privacidad era lo más importante y ahora no piensan igual: comparten su vida en Internet, se comunican por medio de la web y vuelcan contenido disponible para cualquiera que lo quiera ver.

S.E.: Para usted es más un cambio de prioridades.

M.P.: Sí, esa es la actitud que define a un nativo digital, mientras que los inmigrantes digitales son aquellos que nacieron sin tecnología o muy poca y tratan de imponer su visión antigua del mundo a sus hijos que ya son nativos digitales. “No tendrías que usar el computador más de una hora al día”, les dicen. ¿Y por qué no? Tú no tenías computadores cuando eras un niño, entonces no entiendes lo que es crecer con uno. Es su vida, son sus tiempos. Pero eso no significa que los adultos no puedan enseñar nada a los niños. Simplemente tenemos que ser muy cuidadosos en no adoptar actitudes de otras épocas que ya no se adecuan a las de la actualidad y no imponer esa visión anticuada a los niños.

S.E.: Bueno, pero quizá si el niño pasa 10 horas delante del computador deja de hacer otras actividades que también le pueden beneficiar, ¿no?.

M.P.: No necesariamente. Ahora mismo puedes leer libros a través de tus oídos, escuchándolos. La razón por la que leemos libros es para aprender sobre el comportamiento humano. Entonces, ¿por qué no aprender pero haciendo uso de los diferentes formatos disponibles? Los libros han evolucionado, así que, no es una cuestión de dejar de leer libros, sino de combinar todas las posibilidades que ofrece la tecnología para leer un libro.

S.E.: ¿Como padre fomenta esa actitud de nativo digital en su hijo?

M.P.: Mi equilibrio en la enseñanza de mi hijo es mi mujer. Ella tiene objetivos diferentes en relación con la educación de nuestro hijo: quiere que aprenda a respetar los tiempos de las otras personas, que aprenda a comportarse bien, ella es estricta. Yo, en cambio, motivo otras habilidades, por ejemplo, que consuma toda la tecnología que quiera. Pero si no le gusta, está bien, no le fuerzo. Pero lo que hay que entender es que hoy todo es tecnología: el deporte, la música, las películas... Así que, sea lo que sea lo que le interesa, le aliento a que aprenda y utilice las nuevas herramientas tecnológicas que existen a cerca de esa materia.

S.E.: Hay sectores que alegan que la tecnología aisla y radicaliza. ¿Qué le parecen estas afirmaciones?

M.P.: Tomemos el ejemplo de Isis y cómo emplean Internet para difundir su ideología fundamentalista. Mi consejo es que hay que tener acceso a las ideas radicales pero también a las que no lo son. Lo que no se puede hacer como padres, maestros, gobierno es permitir que la tecnología se use solo en un sentido por medio de la censura. Necesitamos un mundo en el que todo el mundo tenga acceso a toda la información que le brindan las nuevas tecnologías.

De este modo, las personas podrán sacar sus propias conclusiones del mundo que las rodea. Es estúpido criticar la tecnología porque ya forma parte de la vida, es una realidad. Todo es tecnología, desde la ropa que usamos, hasta las gafas que llevo puestas o el maquillaje. Las usamos y normalizamos. Pero cuando son algo nuevo nos asustamos y decimos: "Oh, no, esto lo va a cambiar todo y va a ser terrible". Y no lo es. El problema no es la tecnología, sino cómo se consume.

S.E.: Algunos argumentan también que la tecnología nos hace menos sociables.

M.P.: No, nos hace más sociables, mucho más. Mi hijo está en contacto con sus amigos todo el rato a través del celular. La tecnología nos hace la vida más fácil porque hay momentos en los que no queremos enfrentarnos al cara a cara y la tecnología evita que lo hagamos. Por ejemplo, cuando quieres romper con tu pareja. La tecnología nos ofrece más posibilidades en las relaciones interpersonales.

S.E.: En un contexto de posconflicto, ¿qué importancia tiene la tecnología asociada a la educación?

M.P.: Bueno, llegados a este punto lo importante es no retroceder a un contexto de guerra. Seamos razonables, ¿quién puede querer la guerra? (se ríe). 50 años de guerra es suficientemente terrible, ¿quién querría volver a eso?

Así que, teniendo eso claro, la pregunta es cómo empleamos la tecnología para no devolvernos a un contexto de guerra y sí para seguir avanzando.

La respuesta debe ser a través de la colaboración, el trabajo conjunto y sabiendo qué se quiere alcanzar. Si nuestro objetivo es un escenario de paz, bueno, habrá que emplear la tecnología para combatir esas acciones que quieren volver a instaurar la guerra. Cada persona tiene una visión diferente y propone soluciones diferentes, la educación y la tecnología pueden permitir llegar a un punto en común entre posturas y dar soluciones efectivas.

Publicado en:

http://www.semana.com/educacion/articulo/entrevista-a-marc-prensky-sobre-educacion-y-tecnologia/494206


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Revista Semana, Colombia, 4 de julio de 2017 7:00:00 am

¿Cómo educar para no formar futuros corruptos?

Si bien es cierto que la corrupción es un fenómeno difícil de extirpar, algunas estrategias pueden ayudar a formar competencias ciudadanas que contribuyan a que las personas sean honestas, transparentes y no caigan en prácticas corruptas.

La corrupción en el país ha sido noticia en los últimos días por la coyuntura de Odebrecht y Estraval. Pero estos no son casos aislados. En Colombia, la corrupción se manifiesta de muchas formas, solo que algunos sucesos no tienen tanta repercusión. Por ejemplo, nombrar a personas cercanas para ostentar cargos públicos y, a cambio, sumar su apoyo o financiar campañas políticas y recibir contratos en retribución.

Sin embargo, también hay que recalcar los hitos positivos que han caraterizado al país en la lucha contra la corrupción y que brindan algo de luz ante la naturalización de este tipo de actos y delitos. Colombia es uno de los pocos estados del mundo que mete sus políticos en la cárcel. Lo hizo con el exalcalde de Bogotá Samuel Moreno y con Juan Francisco “Kiko” Gómez exgobernador de La Guajira. De hecho, parece que la clase política está despertando de su letargo y cada vez son más las figuras que denuncian esta tendencia de sus compañeros de profesión a “robarse la plata”. Claudia López y Sergio Fajardo son dos ejemplos de esta lucha.

La corrupción es una característica que identifica a Colombia y a varios países de Latinoamérica. “En Estados Unidos y Canadá, en general, hay un sentido ético por lo público, y puede que haya lobby y otras formas de hacer política, pero la mayoría de la gente, los contratistas, no van por los recursos públicos”, señala Ángel Pérez, docente e investigador infantil.

También la incidencia del narcotráfico, que en los ochenta vio su punto máximo y permeó a una gran parte del Estado y de la sociedad, justificaron durante mucho tiempo la creencia de que el dinero fácil e ilícito era el camino. Según el padre Vicente Durán Casas, vicerrector académico de la Pontificia Universidad Javeriana, el narcotráfico es un fenómeno complejo que se traduce en que “muchos jóvenes, generaciones, han aprendido que son normales ciertas prácticas, aunque no sean sociales o públicamente reconocidas, pero se asume que eso es así y no puede ser de otra manera”.

Evidentemente un gran número de personas que accede a los cargos públicos ha estudiado en los mejores colegios y universidades, no solo en el país sino en el exterior. “La educación y la cultura llevan a la gente a los nichos de la política, y estos están copados por la corrupción”, asegura Edgardo Villamil, docente de la Universidad Nacional y exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia. Tener acceso a la mejor educación en Colombia supone la posibilidad de entrar en unas redes de amistad, de compartir espacios e intereses, donde se generan complicidades, se hacen favores. “Los grandes acuerdos de corrupción se dan, en buena medida, en clubes”, sostiene Villamil.

El papel de la educación

Pensar en el otro, ponerse en sus zapatos, no es habitual en gran parte de la sociedad colombiana. Por esto mismo no se valora lo público y, por lo tanto, esos que no piensan en el bien común y tienen cargos políticos se roban el dinero. Para Diego Cagüeñas, director del Centro de Ética y Formación Académica del Icesi, algunos actos, aunque no sean considerados tan graves, explican de alguna manera por qué lo público no nos importa: la persona que no deja dormir porque pone la música a todo volumen en las noches entre semana; el que se pasa el semáforo en rojo porque tiene afán, y ese afán está por encima de la seguridad de los demás. “Hay una incapacidad de entender qué es vivir en sociedad. Compartir cosas con los demás implica una serie de sacrificios y dejar de ser siempre uno la prioridad”, asegura.

La gente debe entender por qué ciertas cosas no se deben hacer, y para eso se deben fortalecer las competencias ciudadanas, las habilidades socioemocionales, que son fundamentales para la convivencia. Las instituciones educativas tienen una responsabilidad y, aunque no son las únicas encargadas de formar a la persona en valores, tienen una tarea principal en formar ciudadanos respetuosos y tolerantes. “Desde el colegio y la universidad se debe fomentar el pensamiento crítico, la capacidad de ponerse el lugar del otro, hacerse responsable de las conductas propias”, asegura Cagüeñas.

Las familias también juegan un rol clave en esta configuración de personas respetuosas. “Cuando los papás les enseñan con su ejemplo a sus hijos que es permitido mentir, que es permitido engañar, que es permitido sacarle el cuerpo a la ley, ir en contravía cuando no hay policía o parquear donde está prohibido, se asimila que eso es así en todo. Como no me ponen sanción, se puede hacer”, sostiene Durán Casas.

En caso contrario, el niño aprenderá que el fin justifica los medios y entonces, cuando crezca y esté en una empresa, en la vida pública, en la política, pondrá en práctica ese proceder: que cuando tiene un objetivo y quiere lograrlo, no hay límites, todo es permitido. “Eso se aprende desde niños, cuando se convive con los demás y se interactúa con lo público. Es en ese instante cuando se debe enseñar con el ejemplo, más que con palabras y con discursos.

Ángel Pérez considera que no se pueden hacer lineamientos curriculares y es difícil educar en competencias ciudadanas si no se logra, primero, que las facultades de educación formen bien a sus maestros. Para él, el Ministerio de Educación (MEN) debería desarrollar un programa que forme en competencias ciudadanas a estudiantes y docentes y que cuente con la opinión de expertos que puedan ir a instruir en las escuelas sobre esta materia. “Las decisiones del MEN deben bajar a las secretarías de Educación, de ahí a los colegios, por esa vía a los maestros y por esa vía a los estudiantes y padres de familia. Falta liderazgo del Ministerio”, concluye.

Para Cagüeñas el problema central es que la formación en ética cada vez es más relegada de la formación profesional. Los estudiantes pasan por la universidad y nunca se plantean preguntas específicas sobre los dilemas en que cada una de sus carreras se enfrentan. Entonces salen a ejercer su oficio y no tienen ningún tipo de herramientas, más allá del sentido común, para enfrentar problemas propios de ser contador, ser abogado, o ser médico. Se deben volver “a modernizar las profesiones, que los estudiantes tengan la capacidad de preguntarse cuáles son algunos de los retos morales, éticos, propios de su profesión, antes de graduarse”.

¿Qué dicen los números?

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, dijo en días pasados: “El 50 % de los condenados por corrupción no pagan cárcel, el 25 % reciben casa por cárcel y el otro 25 % pagan menos de dos años”. Por su parte, el contralor Edgardo Maya estimó en 40 o 50 billones de pesos las pérdidas del país por corrupción.

Si bien es difícil hablar de números, pues estos varían según las declaraciones de unos y otros, es claro que la corrupción le quita mucha plata al país, retrocede obras y embolata recursos que se dejan invertir en sectores como el de educación. En un comunicado de la Contraloría General se expone que en 24 departamentos que han recibido recursos del Programa de Alimentación Escolar (PAE) se han presentado “irregularidades con incidencia fiscal que totalizan 62.481 millones de pesos”.

Por otro lado, está la versión de expertos y empresarios que evalúan el nivel de corrupción del país por medio del Índice de Percepción de la Corrupción 2016 (IPC), publicado por Transparency International a finales de enero de este año. El IPC muestra que en Colombia hay una percepción de 37 puntos sobre 100 (0 es la mayor percepción de corrupción y 100, la menor) lo que indica que no hay confianza en el sector público. Colombia se ubica en este ranking en la posición 90, dentro de una lista de 177 países evaluados.

En estudios recientes elaborados por Transparencia por Colombia, 90 % de los empresarios colombianos aseguran que se ofrecen sobornos en los negocios. Se calcula en un 17 % lo sobornos sobre el valor de los contratos y más del 50 % de los encuestados consideran que la financiación de las campañas políticas es una forma de sobornar. Efectivamente, la corrupción se lo está llevando todo.

Publicado en:

http://www.semana.com/educacion/articulo/como-educar-en-valores--formar-ciudadanos-honestos/521094


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Educación, 9 de septiembre de 2017 6:47:00 pm, en semana.com

El difícil salto del colegio a la educación profesional

En sus primeros semestres, los estudiantes se encuentran con barreras que van desde lo cultural hasta lo financiero. ¿Qué se está haciendo para facilitar este paso?

Graduarse del colegio es una de las experiencias que los adolescentes esperan con más entusiasmo. Para muchos es un día de celebración por culminar con éxito el primer peldaño de su formación; sin embargo, para otros, en especial los que no tienen claro cuál será su futuro profesional, puede convertirse en una pesadilla, una situación que Daniela Ramírez vivió el día de su grado.

“Mis profesores no me contaron cómo podía acceder a un crédito educativo, y tampoco sabía a qué carrera inscribirme. Solo pensé en un programa rentable y económico”, contó. Ingresó a la Universidad del Valle, con sede en Tuluá, a estudiar Ingeniería Electrónica. Pero, a pesar de ser buena en Física, su promedio en segundo semestre fue más bajo que el requerido. Daniela tuvo que retirarse de la universidad.

En el país, 2.394.434 estudiantes estaban matriculados en educación superior en 2016, según el Ministerio de Educación. Sin embargo, hay una tasa de deserción muy alta en segundo semestre. En la educación técnica es del 32,6 %, en la tecnológica del 18,0 % y en la profesional del 9,3 %, según datos del Sistema para la Prevención de la Deserción de la Educación Superior (Spadies) 2016. Estas cifras prenden la alarma sobre la dificultad a la hora de elegir una carrera, la escasa planeación de un proyecto de vida de los estudiantes, sus dificultades financieras, y, en general, la desarticulación entre la educación del colegio y la profesional.

Existen muchos casos de jóvenes que escogieron una carrera según la experiencia de amigos y familiares sin conocer su demanda el mercado laboral, las habilidades que necesita o cómo costearla en su totalidad. No han sido preparados para afrontar las dificultades que van a encontrarse, por lo que es común ver jóvenes que en segundo semestre, como Daniela, fracasan en su intento de ser profesionales.

Semana Educación le explica cuáles son las dificultades más recurrentes para que los estudiantes decidan retirarse de sus carreras, quiénes son los más afectados y qué está haciendo el gobierno y la academia para sobrepasar los obstáculos que tienen los estudiantes en sus primeros semestres de formación.

Las barreras para continuar una carrera

Cultural: Cuando los estudiantes ingresan a universidades ubicada lejos de sus regiones pueden tener problemas para adaptarse al clima, la alimentación y las características propias de cada ciudad. Ese choque cultural genera ansiedad y miedo, y prefieren regresar a sus casas. Esta situación es más grave con la población indígena y afro, quienes salen de sus comunidades para formarse y deben, además de enfrentarse a los retos educativos, conocer y aceptar otras costumbres, sin cambiar las suyas.

Académica: Los antecedentes formativos de los estudiantes son el principal factor para no adaptarse a las dinámicas de la educación superior. Sus debilidades en matemáticas, en lenguaje, en inglés, los hacen más propensos a sentirse frustrados y no continuar con sus procesos formativos. Necesitan adoptar estrategias para adaptarse a un ritmo de estudio mucho más exigente.

Presupuesto: Este problema se da sobre todo en los estudiantes de estratos bajos. En algunas ocasiones no tienen el dinero necesario para pagar sus carreras profesionales, y aunque existen créditos estudiantiles y algunas universidades y centros de formación cuentan con un valor de matrícula relativamente bajo, para muchos, este factor sigue siendo una fuerte barrera para no continuar sus estudios. Según el Spadies, en 2016 el 90.91% de los estudiantes matriculados en una técnica, tecnológica o superior no tenía apoyo económico de las Instituciones de Educación Superior.

Los tropiezos en el camino de la educación profesional

Los que no continúan su educación profesional: El 70 % de los jóvenes pobres y el 53 % de los jóvenes en situación de vulnerabilidad no continúan sus estudios superiores. (Fuente: Boletín DPS Jóvenes en Acción 2014).

Los principales motivos para no ingresar a la educación superior: falta de dinero: 46,6 %; necesitan trabajar: 17,8 %; otros: 14, 5 %; debe atender a su hogar: 13,4 %, y considera que ya terminó su educación: 9,6 %. (Fuente: Cálculos de la DIS-DPS con base en la Encuesta de Calidad de Vida 2011).

¿Qué hacen los jóvenes luego de terminar su bachillerato?

Jóvenes vulnerables: 34 % sigue estudiando; 41 % se ocupa, 20 % están inactivos (ninis), y 5 % están desocupados.

Jóvenes pobres: 29 % sigue estudiando; 32 % se ocupan; 29 % están inactivos, y 10 % están desocupados. (Fuente: DPS Jóvenes en Acción 2014).

¿Cuáles son las estrategias del Ministerio de Educación (MEN)?

Buscando Carrera es un programa diseñado en 2007 y tiene como objetivo promover la orientación de los jóvenes en la toma de decisiones sobre su trayectoria educativa y laboral a través de un test online en la página colombia aprende.edu.co. Este test se divide en tres etapas: primero, ayuda a encontrar la carrera profesional a los jóvenes que están por culminar su bachillerato de acuerdo con sus habilidades e intereses; segundo, es un programa que también está dirigido a los estudiantes que están a punto de culminar su formación y no saben a qué tipo de empleo aplicar, y por último, facilita el proceso de encontrar un programa y una universidad para quienes estén en el proceso de cursar un postgrado.

¿Qué están haciendo las universidades?

El trabajo que las universidades hacen para fortalecer las competencias de los jóvenes que quieren ingresar a la universidad sucede en la semana de inducción. Además, los exámenes de admisión, en las instituciones que los exigen, se usan para identificar las deficiencias que tienen los estudiantes. Los que necesitan un refuerzo, deben ingresar a programas complementarios durante una semana.

Por ejemplo, en la Universidad Nacional a través del programa de inducción, acompañamiento en la vida universitaria o convivencia y cotidianidad, realizan talleres de hábitos de estudio, habilidades para la vida y manejo del tiempo libre para solucionar las falencias con las que ingresan al campus. Por otro lado, algunas universidades hacen alianzas con las secretarías de Educación de sus respectivas ciudades para llevar talleres, cursos y técnicas con el propósito de que no sea tan traumático el ingreso a la educación técnica, tecnológica y profesional.

Publicado en:

http://www.semana.com/educacion/articulo/el-dificil-salto-del-colegio-a-la-educacion-profesional/539264







Fuente: www.las2orillas.co
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Comentarios más recientes
Juan
Así es amigo. Es una de las profesiones mas importantes y la que menos se agradece.
 
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