07 septiembre 2017
No hace tanto eso de ir al médico y quedarse en la sala de espera durante la clásica “eternidad” – (pues ya se sabe que el único tiempo que tiene valor para los médicos es el suyo) – era un placer, pues allí compartías charlas sobre dolores, prótesis dental, dolores varios y aquella operación que a todos nos han hecho alguna vez. Pero ahora no. Ahora el mundo de la conversación ha muerto, todo el mundo saca su móvil y allá van, dale que te pego al dichoso aparato y, ah, eso sí, de vez en cuando el silencio se rompe cuando un riiing impertinente saca a alguno de los “esperandos” de su letargo para empezar una de esas conversaciones a toda voz como si estuvieran hablando con alguien que está debajo de su ventana, cinco pisos más abajo.
Un horror, ya nada es como antes en las salas de espera del médico, ahora todos están a lo suyo con su maquinita y con cara de “No molestes tonto del culo”. Pero yo, sabiéndolo, me he traído conmigo a mi inseparable amigo, mi Robot … todo un lujo, lo sabe todo, me escucha, no me lleva la contraria y, además, me da siempre la razón. Ahora sí estoy a gusto.
Fuente: etf1949.wordpress.com