23 febrero 2017
El hijo de Magdalena, otra asidua cafetuliana tempranera del Ateneo, estudia cocina o algo parecido y está en su mal logrado y repetido quinto de primero a sus tiernos veintiséis añitos. Ha estado en Roma, Miami, Marraketch y en Thanh Hòa - (Vietnam) - pero ahora cuando ya se había instalado em Murcia para estudiar sobre la cocina territorial no se ha sentido realizado y quiere volver a Miami. Magdalena llora desconsolada su desgracia y su creciente ruina pues el niño no aporta un euro a la economía familiar desde que nació olvidándosele, incluso, lo del pan bajo el brazo. ¿Y que vas a hacer Magdalena, no ves que ese "niño" te está tomando el pelo? - Pues decirle que sí, Enrique ... ¿Qué voy a hacer sino?
En el otro lado de la mesa está Juana - una simpática viuda muy amiga de Magdalena que como buena amiga que es la pone de todos los colores, pero eso sí, lo hace delante y detrás de ella o sea, una tía legal - y me dice ... "Yo, Enrique me fui de Valencia para que mis hijos que viven en el Saler se desacostumbraran de mi. A sus cuarenta y cuarenta y tres, cada uno y una, ya tienen edad de espabilarse. No me piden nada ... ni yo tampoco. Los quiero y me quieren y los tengo cuando los necesito, pero yo vivo la vida, la mía, hice todo lo que tenía que hacer por ellos y ahora quiero ir a la mía, viajar, pasear, leer, tomar café con mis amigas, hacer Zumba y hasta Pilates, y luego coger mi bicicleta y perderme cada día por cualquier lugar de la Playa. Quiero hacer lo que nunca pude hacer ... vivir a mi manera sin obligaciones y sin convencionalismos, quiero vivir".
Entender lo que es vivir la vida varía mucho si cuando el que lo dice es un chaval de hasta cuarenta o es un joven veterano de más de sesenta y cinco. Puede ser un pecado o un premio ¿Verdad?
Fuente: etfreixes.wixsite.com