07 febrero 2017
"Lo tenía todo, sabe usted, mi mujer, mi cuenta de ahorro, mi niña y mi profesión ... daba clases de piano en Maristas. Tenía toda un vida por delante, tranquila y felizmente aburrida. Decidí aceptar una oferta de trabajo para realizar una gira por toda Europa con una conocida filarmónica que duró tres, cuatro, cinco y hasta diez años, de orquesta en orquesta y de cama en cama, hasta que acabé tocando en un club nocturno en Benidorm y durmiendo con una señora estupenda de Mayabeque que también corría la noche cantando y bailando en cualquier Club. Lo perdí todo ... mujer, niña, profesion y hasta mis ahorros, fue un desastre. Mi mujer enviudó de una segunda nupcia con un rico señor de Madrid y alli vive con su hija - que tampoco acertó con su matrimonio - sus nietos y su fortuna, en una gran ático del barrio de Salamanca, en invierno, y en su mansión de La Granja, en verano. A veces me invitan a ir ... y yo voy. Creo que no me odian ... pero yo les lloro cuando no están, cuando no me ven. Fui un estúpido, Enrique, pero a veces creo que algún ser superior dirigió mi vida en otra dirección para que ellas pudieran ser felices. Yo nunca hubiera sido capaz de darles alegría alguna ... mi frustración me lo hubiera impedido. Yo no me quejo ... solo me hago preguntas sobre si escogí el camino correcto. Yo, a mi manera, he sido feliz ... y creo que aún lo soy ... nací y viví como quise y en eso sigo. Mi virtud estuvo en apartarme de sus vidas".
No estaba siendo un domingo cualquiera para el pianista del ayer, el autobús que recoge a los jubilados del Ateneo sin familia para llevarlos a dar su vuelta dominical por unos escasos 10 €, dejó en tierra a Marcelo, a ese pianista retirado que vive saboreando su pasado, sus pecados, su presente ... y su feliz soledad ¿Un Golfo irresponsable? ¿Un vividor empedernido? ¿Un rebelde fruto del encorsetado social correcto?
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Fuente: etfreixes.wixsite.com