¿Jesús nació en Belén o Nazaret, y el 25 de diciembre?

 
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¿Jesús nació en Belén o Nazaret, y el 25 de diciembre?

 ¿Jesús nació en Belén o Nazaret, y el 25 de diciembre?

Mateo y Lucas nos dicen que Jesús nació en Belén, mientras que los otros dos evangelistas, Marcos y Juan, presuponen que su venida al mundo ocurrió en Nazaret. Es más verosímil que la verdad histórica se encuentre en la segunda tradición: Jesús habría nacido en Nazaret y sólo después, cuando se creyó firmemente que era el Mesías, se compuso la historia de su nacimiento en Belén. La idea surgió de una corriente de tradición judía que afirmaba que el Mesías nacería en esa ciudad, según la profecía de Miqueas.

Por Elena Sanz, en: muyinteresante.com

Tampoco hay que negar el dato aportado por Mateo y Lucas de que Jesús nació en la época del rey Herodes el Grande, poco antes de la muerte de éste, ocurrida el año 4 a.C. Por tanto, Jesús nació antes de la era cristiana, cuyo inicio erróneo se estableció en unos seis años más tarde. Por tanto, hay un desfase de nuestro calendario en ese número de años. Tampoco se conoce realmente el día de su nacimiento: el 25 de diciembre es una fecha convencional, establecida por la Iglesia en los albores del siglo IV para hacer coincidir la fecha con la de Mitra o la del Sol invicto.

Jesús Piñero

Publicado en:

http://www.muyhistoria.es/curiosidades/preguntas-respuestas/ijesus-nacio-en-belen-o-nazaret



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El 25 de diciembre es una fecha convencional, establecida por la Iglesia en los albores del siglo IV para hacerla coincidir con las fiestas paganas de Mitra o del Sol invicto.

Las dos únicas veces en todo el Nuevo Testamento donde figura que Jesús nació en Belén son los relatos de la infancia de Mateo y Lucas.

Las tierras de Galilea y sus habitantes tenían entonces mala fama como hoy lo tiene Palestina, por intereses no tanto reales cuanto políticos.

El evangelio de san Marcos habla de Nazaret como el lugar de donde provenía el Maestro (Jesús).

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Si Jesús no nació en Belén, ¿dónde y cuándo nació?

Por Ramón Hernández de Ávila, en: nuevatribuna.es

Si un personaje ha vertido, como ningún otro, ríos de tinta, provocando controversias e investigaciones, hasta el punto de cambiar la historia y tomarle como referencia del tiempo y del espacio, ha sido Jesucristo. Fundador de una nueva religión llamada cristianismo, desgajada del judaísmo al que supera en muchos aspectos, nuestra era comienza a contarse a partir de su nacimiento. Hay un “antes de” y un “después de”, desplazando a la fundación de Roma.

Pero ¿realmente es así? ¿Estamos en el 2016 d. C.? ¿O en el 2022? ¿No nació 6 años antes de lo que se cree? ¿Y dónde? Si no nació en Belén, ¿cuál es su lugar de nacimiento? ¿Por qué habiendo tantas dudas, la tradición lo celebra el 25 de diciembre, y se dice (y se canta) que nació en un portal de Belén?

Belén o Nazaret

Los grandes hechos que figuran en la historia suelen ajustarse a los intereses y objetivos de la persona que escribe o la entidad a la que sirve y a quienes figuran como protagonistas. Así ha sucedido con acontecimientos que se toman como reales, o personajes que no son tanto como cantan sus panegíricos o nos describe su biografía. Por ejemplo, Nerón, ni era tan fiero como lo pintan, ni tocaba la lira mientras Roma ardía.

El mismo Franco, del que todo el mundo ha dicho que era valiente y un gran estratega en las batallas, pero nunca pisó las trincheras del frente, y, además, era menospreciado por los generales alemanes que no entendían sus tácticas, fuera de lugar, cuando no absurdas. Todos los grandes que han sido en la historia se han visto rodeados del halo de la gloria y de la polémica.

Jesucristo, sin ser el único, es quien mayores y abundantes diatribas y estudios ha levantado y originado, sobre todo con el correr de los tiempos y el descubrimiento, en diversas zonas del Mar Muerto, de papiros de la época. Trabajos e investigaciones con resultados que no se sabe si han clarificado algo o han enturbiado más su vida y sus enseñanzas. Entre ellas, su lugar y fecha de nacimiento.

Y eso que los romanos -tiempo en el que vivió- estaban por la labor de tener fichados, por eso de los impuestos, a todos los pobladores de su imperio, fueran de primera o de segunda categoría en su censo, incluso sus esclavos. Y de Jesús, sin embargo, pocas certezas han quedado. Entre otras razones porque todo lo que sobre él se ha escrito, ha sido casi un siglo después de su paso por esas tierras, ahora llamadas “santas”, y entonces “ocupadas” -como desgraciadamente siguen-.

Muchas fuentes, incluso las admitidas por la misma institución que él fundara, no coinciden entre sí, mientras otras son contradictorias. Otros escritos, incluidos los evangelios canónicos y sinópticos, es decir los admitidos como “revelación” por la Iglesia católica, obedecen a un objetivo concreto o se enfocan según el público al que vayan destinados (por ejemplo, las cartas o epístolas de San Pablo). De aquí que unos autores mencionen como lugar de nacimiento Belén, y otros Nazaret.

El evangelio de san Marcos, que se supone fue el primero en escribirse, por los años 60 d. C., sobre la vida y enseñanzas de Jesús, habla de Nazaret como el lugar de donde provenía el Maestro. Según la tradición canónica, se cree que es Marcos el evangelista más acertado, por ser el más cercano a los hechos, y por ser el primero de donde han bebido los otros evangelistas. Marcos, pues, considera Nazaret como la cuna o el pueblo natal de Jesús.

Parece que a primera vista concuerda mejor con la historia y con la frecuencia con la que los paisanos llamaban a Jesús, el “Nazareno”. Es la teoría que mantienen actualmente la mayoría de los estudiosos, incluso el papa emérito Benedicto XVI en su libro “La Infancia de Jesús”, donde se inclina por Nazaret como lugar del nacimiento, y descarta Belén. El cuarto evangelio de Juan también da por sabido que Jesús provenía de Nazaret.

Marcos, el más fiable, por escribir entre 15 y 20 años después de los acontecimientos, supone que Jesús nació en Nazaret. Lo cuenta al inicio de su libro (cap. 1, 9-11) en cuanto comienza a narrar el principio de su vida pública, cuando relata su bautismo: “vino desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el río Jordán”. Y no menciona ninguna otra ciudad de origen fuera de ésta. Y más adelante, cuando Jesús se va a Nazaret, anota que “se fue a su patria”.

En el idioma griego, en el que están escritos los evangelios, “patris” significa “tierra natal”, “lugar de nacimiento”. El mismo Jesús así lo confirma cuando, ante el escándalo que producen sus enseñanzas en Nazaret, él exclama: “Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa, es despreciado”. Que viene a ser lo mismo que reza nuestro refrán: “Nadie es profeta en su tierra”, y que procede de este paraje evangélico. Es curioso que en el Nuevo Testamento todo el mundo lo nombre como “Jesús de Nazaret”, o el nazareno: el endemoniado de Cafarnaúm, la criada del Sumo Sacerdote, el ángel del sepulcro que anuncia la resurrección... y hasta el mismo evangelista gusta nombrarlo con ese “apodo”, el más oído y difundido en los primeros años y con el que se le identificaba de manera clara, para bien y para mal, como luego veremos.

El evangelio de Juan fue escrito más de cien años después, cuando él estaba desterrado en la isla de Patmos, muy alejado del lugar de los hechos en el tiempo y en el espacio, y aun así, se hace eco de la mala prensa que aún perduraba de las tierras de Galilea, y por ende, de Nazaret, la cuna de Jesús. No obstante, no duda en dejar constancia de que el Maestro provenía de ahí: Jn, 7, 40-42: “Entonces muchos del pueblo, oyendo este dicho, decían: Verdaderamente éste es el profeta. Otros decían: Este es el Cristo. Algunos sin embargo decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo? ¿No dice la Escritura, que de la simiente de David, y de la aldea de Belén, de donde era David, vendrá el Cristo?

Belén, lugar acomodado a la teología, no a la historia

El cuarto evangelio lo menciona de manera indirecta, tratando de compaginar la idea general de “nazareno”, cargada por otra parte de mala intención, con la mención que directamente hacen de Belén los otros dos evangelistas, Mateo y Lucas. Juan trata de quitar hierro al asunto ante la mala prensa -como diríamos hoy- que tenían y venían arrastrando desde los tiempos de Cristo los pueblos de Galilea, entre ellos, Nazaret, como veremos a continuación. Lo hace también movido por el anuncio en el Antiguo Testamento de las profecías de la llegada de un Mesías. Que figurase Nazaret como su origen, no era por tanto lugar apropiado. Como si ahora decimos que nuestro rey Felipe VI nació en Vallecas. Queda mejor Madrid. Viste más (aunque Vallecas sea también Madrid, pero es distinto).

La procedencia de Jesús, entonces y ahora, levanta polémicas. Para unos era el Mesías, para otros no podía ser por venir de donde venía; unos lo consideraban el hijo de Dios, otros de la descendencia del rey David, que vendría a liberar a su pueblo; para muchos era simplemente un profeta, y había quien lo consideraba un revolucionario político y religioso. El cuarto evangelio sale al paso: “Unos decían: Éste es verdaderamente el profeta. Otros: Éste es el Cristo.

En cambio, otros replicaban: ¿Acaso el Cristo viene de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Cristo viene de la descendencia de David y de Belén, la aldea de donde era David?” (Jn 7,40-42). Como dicen las Escrituras, “de Galilea no salen profetas”, de lo contrario, como también dicen, hubiera nacido en Belén. Por eso, para adecuarlo a la profecía, y no tanto a la historia, Mateo y Lucas, por su parte, dicen que Jesús nació en Belén, ciudad distinta, que ha pasado a la historia como su cuna: descendiente de David y por tanto, nacido en Belén, acorde con la profecía de Miqueas.

Este profeta, que vivió en el siglo VIII a. C., dice en su libro, cap. 5:2: “Mas tú, Belén Efrata, pequeña para ser en los millares de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de los siglos”. Miqueas anuncia 800 años antes, que el Mesías nacería en Belén de David. Presenta la idea de un gobernante de sangre real que viene para luchar contra la invasión de Judá por los babilonios. En contraste con un rey afligido (5:1: “Con vara herirán en la mejilla al juez de Israel”), vendrá un gran gobernante a pastorear ese pueblo de Dios. Era una zona que sufría frecuentes invasiones desde antiguo, y con los romanos sucedió de igual manera. Miqueas y otros profetas querían sembrar la esperanza en un pueblo oprimido, subyugado, anunciando que vendría alguien a liberarle y que sería de estirpe real. De esta manera pretendía infundirles ánimos, fundamentando su liberación en un ser tan poderoso o más que los reyes o emperadores que los sojuzgaban.

Nazaret, un pueblo de mala muerte

San Juan presenta a Jesucristo como “un profeta de Nazaret” y da por hecho que sus contemporáneos saben que era de Nazaret, y pone ejemplos, como el siguiente pasaje del cap. 1, vrs. 43-51: "Al siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme. Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno?”

En efecto, Nazaret era una ciudad ignota, minúscula y de mala fama. Tan insignificante, que en el Antiguo Testamento no se la menciona nunca. Tampoco la nombra Flavio Josefo, el gran historiador judío del siglo I; ni el “Talmud”, antigua colección de escritos judíos. Debía ser una pequeña aldea sin ninguna importancia. Que alguien como Jesús hubiera nacido allí, producía escándalo entre la gente, y menos uno del que se creía que era profeta o Mesías.

El “Evangelio de Juan” ante esos hechos podía haberlo corregido, y afirmar que Jesús no era de Nazaret para evitar malas consideraciones, sin embargo, en ningún momento afirma que Jesús no era de Nazaret, al contrario, lo afirma varias veces. San Juan lo afirma porque sus destinatarios son los cristianos de origen heleno, perseguidos por los romanos, a los que pillan muy lejos esas antipatías regionales. Lo mismo que San Marcos, cuyos destinatarios son los lectores del mundo pagano, ajenos a la tradición profética de Israel que pregonaban Belén como procedencia del rey David, un rey, aunque pequeño, muy grande, y con muy buena imagen.

Vemos, pues, que las dos únicas veces en todo el Nuevo Testamento donde figura que Jesús nació en Belén son los relatos de la infancia de Mateo y Lucas. En ninguna otra parte más se menciona Belén como la cuna de Jesús. Ni siquiera San Pablo, en sus diatribas con los lectores en sus cartas para tratar de convencerlos de que Jesús era el Mesías, usa el argumento de Belén como su procedencia, y le hubiera venido muy bien el decir de que Jesús había nacido en Belén. En conclusión: ¿son históricas o no lo son las afirmaciones de Mateo y de Lucas sobre el nacimiento de Jesús en Belén? Lo más probable es que no lo sean, y se ajusten no tanto a la historia cuanto a la religión que le encumbra a Jesús como el Mesías.

Incluso estos dos evangelistas, cuyo relato también se contradice como veremos más abajo, cuando hablan de su vida pública, lo llaman “Jesús de Nazaret”, y ya se sabe el significado del origen en esos pueblos: En la Biblia, cuando después del nombre de una persona se menciona una ciudad, significa que se trata de su lugar de nacimiento.

Para Mateo, Jesús nació en Belén porque Sus padres vivían ahí. Según Lucas, Jesús nació en Belén porque su familia se encontraba de paso en dicha ciudad para apuntarse al censo del emperador Tiberio. Tampoco se ponen de acuerdo en cuanto al tiempo que Jesús vivió en Belén. Según Mateo, casi dos años (Mateo 2,16), hasta que su familia huyó a Egipto. En cambio, para Lucas, su familia se trasladó a vivir a Nazaret cuando Jesús tenía mes y medio de vida (Lucas 2,39).

Mientras las pruebas de los evangelios sobre Belén como cuna de Jesús son muy débiles, resultan abrumadores los datos en contra. Tanto es así, que la mayoría de los expertos hoy sostiene que la ciudad natal de Jesús no habría sido Belén, sino Nazaret. Y que si Mateo y Lucas colocan su nacimiento en Belén, se debe a la mala fama de Nazaret, y para ajustarlo a la tradición profética como anunciaban las Sagradas Escrituras.

Ni en Belén ni el 25 de diciembre

Durante más de 1900 años se ha mantenido Belén como el lugar donde nació Jesús. Sin embargo, a tenor de las investigaciones en el siglo pasado, debido a la frecuencia con que en todo el Nuevo Testamento se le considera como “el nazareno” (el que es de Nazaret), se ha descartado Belén y en su lugar prevalece la idea de Nazaret. La mención de Belén, como hemos visto, obedece a una invención de los dos primeros evangelistas para revestir a Jesús con una de las características de importancia y solvencia de un Mesías, anunciada por Miqueas y cuyo cumplimiento esperaban con ansia los judíos para ser liberados de los pueblos invasores, desde Babilonios a Romanos. Su profecía se volvió famosa, y en la época de Jesús un gran sector del judaísmo esperaba que el futuro Mesías naciera en el pueblo de Belén. Y como no fue así, se llevaron la decepción. Todavía siguen a la espera de esa venida mesiánica.

Esta es una de las causas por las que tuvieron tantos problemas los apóstoles a la hora de anunciar la nueva religión. Cuando los apóstoles salieron a proclamar las enseñanzas recibidas, tuvieron dificultades en muchos ambientes judíos, porque decían que Jesús era de Nazaret. Y por eso mismo, algunas comunidades cristianas decidieron presentar el nacimiento de Jesús como sucedido en Belén.

Conclusión: Jesús habría nacido en Nazaret, y sólo después, para revestirle de Mesías, conforme a la tradición profética judaica, se compuso la historia de su nacimiento en Belén.

Y ¿en qué año? ¿Qué día?

Según los datos de Mateo y Lucas, Jesús nació en la época del rey Herodes, el Grande, poco antes de morir éste, ocurrida el año 4 a. C. Es decir, Jesús nació antes de la era cristiana, cuyo inicio erróneo se estableció en unos seis años más tarde. Hay, pues, un desfase de nuestro calendario en el número de años.

Tampoco se conoce realmente el día de su nacimiento, ni se menciona nunca en los Evangelios. Se sabe que la Iglesia acomodó las antiguas fiestas paganas de la cultura rural a los ciclos temporales, y acomodó las celebraciones de los dioses romanos, confiriéndoles una motivación sagrada. Así atribuyó al solsticio de invierno (del 20 al 25 de diciembre) el nacimiento de Jesús, el hijo de Dios, que trajo “la luz” al mundo. Esa fecha próxima a las ancestrales celebraciones del invierno caía alrededor de los últimos días del año ya en tiempos de los persas en honor del dios Mitra. Los romanos celebraban fiestas dedicadas al sol, o las de Saturnalia en honor a Sarturno, dios de la fertilidad y del vino, cuyo día señalado era el 25 de diciembre para celebrar el nacimiento del Sol Invicto, que estableció en el siglo IV el emperador Constantino, hijo de madre cristiana, al salir vencedor, por el milagro de la cruz en el cielo (“con este signo vencerás”), en la batalla contra Magencio.

25DEl 25 de diciembre es, por tanto, una fecha convencional, establecida por la Iglesia en los albores del siglo IV para hacerla coincidir con las fiestas paganas de Mitra o del Sol invicto. A partir del año 315, cuando Constantino declara oficial el cristianismo, empiezan a aparecer en las monedas los primeros símbolos cristianos. Probablemente por estas fechas tiene lugar el cambio y las instituciones de la fiesta de Navidad el 25 de diciembre. El mensaje de la cruz en la célebre visión de Constantino, por el que legalizó el cristianismo, significó la prevalencia de Cristo sobre el Sol: Cristo es el verdadero y poderoso Dios. El nuevo sol.

Publicado en:

http://www.nuevatribuna.es/articulo/historia/jesus-no-nacio-belen-donde-y-cuando-nacio/20161220145643134942.html


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El nacimiento de Jesús

Jesús no nació el 25 de diciembre. Contrario a lo que millones de cristianos en el mundo celebran, los estudios demuestran que no fue posible que el Mesías naciera en esta fecha.

En: semana.com, Educación, 21 de diciembre de 2016, 18:00

El 25 de diciembre se conmemoraba el nacimiento de todas las divinidades solares orientales. De la misma forma, ese día es el solsticio de invierno y se conmemoraban las fiestas saturnales en Roma, que representaban el triunfo del sol sobre las tinieblas. Lo que ocurrió fue que Jesús reemplazó al dios solar, que derrotaba cada año a las tinieblas.

No hay referencias bíblicas ni documentales que sugieran que Jesús nació en la madrugada del 25 de diciembre. La vida de Jesús no fue documentada por la autoridades romanas ni por los historiadores de la época: los recuerdos que quedaron en los testimonios orales del siglo I son alegóricos, simbólicos, ejemplificantes y no históricos. Así lo sostiene el profesor de Historia Antigua de la Universidad de los Andes, Jaime Borja. Para acercarse a la vida de Jesús, hay que diferenciar entre el Jesús simbólico y el histórico, según le afirmó a Semana Educación el profesor Borja.

Jesús histórico pudo nacer el 25 de diciembre o en cualquier otra fecha, pero no es posible saberlo con precisión y no hay ninguna pista que lo sugiera dentro de la Biblia. Lo que existe, por el otro lado, son indicios que permiten pensar que no nació en diciembre. Por ejemplo, en el Evangelio de Lucas hay una referencia sobre su nacimiento. Antes de nacer el mesías, los pastores velaban mientras sus rebaños pastaban. El problema geográfico, evidente para quien conozca el clima en Palestina, es que los pastores no hacían vigilias en invierno por las bajas temperaturas. Las ovejas y los bueyes eran resguardados durante diciembre y enero.

Otro argumento para afirmar que Jesús no nació el 25 de diciembre es que los censos romanos, como el ordenado por Augusto que obligó a José y a María a viajar, no ocurrían en invierno. Un censo era una medida impopular: estaba relacionada con el pago de impuestos y el reclutamiento. Le recordaba a una región inestable como Palestina el poder de los romanos. Entonces, es muy poco probable que se tomara la medida en pleno invierno, cuando el mal clima dificulta desplazarse a las ciudades de nacimiento.

La conmemoración litúrgica del 25 de diciembre no está relacionada con el Jesús histórico, ni con el bíblico, sino con las religiones politeístas del Mediterráneo. Según el historiador de las religiones Mircea Eliade, el 25 de diciembre se conmemoraba el nacimiento de todas las divinidades solares orientales. De la misma forma, Jaime Borja afirma que ese día es el solsticio de invierno y se conmemoraban las fiestas saturnales en Roma, que representaban el triunfo del sol sobre las tinieblas. Lo que ocurrió fue que Jesús reemplazó al dios solar, que derrotaba cada año a las tinieblas.

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En Roma convivían cientos de tradiciones religiosas del Mediterráneo. Isis, Set, Baal y Hera eran dioses populares: los veneraban desde las capas sociales más bajas hasta los emperadores. Por ejemplo, Cómodo (185-192) se había iniciado en los Misterios de Isis y de Mitra. Sin embargo, de todos los dioses el sol había sido uno de los más venerados por griegos, romanos, persas y egipcios. Constantino (272-337), antes de convertirse al cristianismo, seguía al Sol Invictus y lo consideraba el fundamento del imperio. La arqueología es rica en pruebas: las inscripciones dedicadas al sol son recurrentes en las monedas y los monumentos.

La conversión del mayor seguidor del Sol Invictus al cristianismo determinó la mezcla de elementos solares en la iconografía y en la liturgia cristiana. Lactancio, un escritor cristiano del siglo IV, sostiene que Constantino fue advertido en sus sueños: debía grabar en los escudos el signo de la cruz antes de entrar en batalla de Milvio. Eusebio, obispo de Cesarea, lo describe de otra forma, en medio de la batalla, Constantino vio el signo de la cruz en el horizonte y oyó una voz que le decía, “Por ella vencerás”. Por la noche Cristo se apareció y lo invitó a convertirse.

Desde entonces, el cristianismo pasó a ser la religión imperial. Los cristianos ya no serían perseguidos, acusados de ateísmo, atropofagia, infanticio y de practicar orgías en las iglesias. Tampoco serían obligados a sacrificar animales en honor a los dioses romanos. Sin embargo, el mayor peligro al que sometían los cristianos era más sutil y venía de adentro: el surgimiento de las herejías. Dentro de la iglesia no había canon, los apóstoles ya estaban muertos y circulaban una serie de textos diversos y contradictorios, como el Evangelio de Tomás, el Evangelio de la Verdad, el Evangelio del Pseudo Mateo, los Hechos de Pedro, los Hechos de Juan.

Dentro de las diferentes interpretaciones había unas más radicales que otras. 70 años después de Cristo, por ejemplo, Simón el Mago fue denunciado como el primer hereje por los cristianos. Simón consideraba a su pareja, Helena, una prostituta de un burdel en Tiro, la encarnación del pensamiento de Dios y una reencarnación de Helena de Troya. Simón rechazaba los contenidos del Antiguo Testamento y reducía el canon al Evangelio de Lucas y a las epístolas paulinas. Desde luego, había otras interpretaciones menos excéntricas. Arrio, sacerdote de Alejandría, discutió el concepto de la Trinidad con profundas reflexiones filosóficas e inició una herejía muy popular, el arrianismo.

Según el famoso teólogo alemán Walter Bauer, “el cristianismo primitivo era muy complejo y admitía expresiones múltiples y variadas, inclusive, las primeras formas que adoptó el cristianismo se aproximaban a las que pasado algún tiempo se considerarían heréticas”. Durante los primeros años, hubo muchas incorporaciones paganas, los cristianos influidos por las ideas gnósticas y platónicas dividieron al hombre en dos, uno psíquico inferior y otro espiritual que era superior. De ahí, la idea cristiana de despojarse del hombre carnal para hacerse puramente espiritual. Se tomaron muchos elementos prestados de otras religiones, por ejemplo, la ascensión del alma a un mundo celeste aparecen entre los mandeos, egipcios y persas.

El triunfo del cristianismo en Roma implicó que se fijaran cánones y las otras interpretaciones se volvieron heréticas, pero también implicó la incorporación de tradiciones religiosas del Mediterráneo, que se escogieron con mayor orden que durante los primeros años. Con el triunfo se le puso coherencia a corrientes religiosas contradictorias. Según Mercede Eliade, el Cristianismo de Roma surgió como una concepción religiosa organizada desde la razón, marcada por el pensamiento sistemático de la filosofía griega y mezclada con elementos jurídicos del orden romano, cargada de rasgos religiosos paganos con orígenes antiguos, como la Navidad.

Puiblicado en:

http://www.semana.com/educacion/articulo/jesus-no-nacio-el-25-de-diciembre/510086


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Comentarios:

PaterninAlvarez: Están descubriendo el agua tibia. La Iglesia nunca ha enseñado que el 25 de diciembre es el día cronológico del nacimiento de Jesús. Es claro que se empezó a celebrar en ese día para desplazar el culto al sol. Y las novenas reemplazaron a las saturnales. Pero tampoco se puede probar que no nació ese día. Eso no importa. Lo cierto es que nació. Y es eso lo que los cristianos celebramos.

Kakalos SoccerLover: Siempre en todo tiene que aparecer el disociador, el que quiere confundir, el que busca como desengañar supuestamente a la humanidad. Hombre, bien San Juan lo escribió que si se relatara todo lo que hizo Jesús, no habría libros en la tierra para anotar todo y no exageró, lo que pasa es que mucha gente quiere medir las cosas con su mente corta y no le cabe en la cabeza que Dios pueda hacer lo que hace y mucho más.

Entonces como escribe este señor, como no todo está escrito y como el día ni el selfie no existen del evento, entonces no creemos. Como diría una voz sabia: Al que cree razones no son necesarias, pero para el que no cree, por más razones, nunca va a creer. Yo me apunto en el primer grupo y me da tristeza de los segundos, pero Dios nos creó libres para creer o no creer, o sea allá ustedes señores de Semana Educación. Que infames. Educando a quién?

Benzulu: Negar la existencia de un personaje histórico llamado Jesús que vivió en Palestina hace cerca de dos mil años y que se decía hijo de Dios es risible. Existen innumerables pruebas que documentan su existencia y sus años de supuesta evangelización en esa zona del mundo. Obviamente llevamos 20 siglos matándonos por que unos consideran que era hijo de Dios y otros no, pero, basados documentos históricos, no se puede negar su existencia.




Fuente: www.muyhistoria.es
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