Sabemos que las neuralgias son dolores en el sistema nervioso y que cefalalgias son dolores de cabeza; igual que sabemos que las cervicalgias son dolores vertebrales. Pero igual podríamos decir/hablar de otros tipos de dolores, como, por ejemplo: pedalgias, artrosalgias, stomacalgia o patalgias; dolores en los pies, las articulaciones, el estomago o en las patas, en el mismo orden. Pero ¿por qué no generalizar tales dolores en una sola palabra? Se sabe que somatos es un prefijo de origen griego que traduce cuerpo, en el castellano este último, y que algia es otro prefijo del mismo origen que traduce dolor. Si unimos estos dos afijos tendremos una palabra que, técnicamente, nos traduciría dolores del cuerpo.
¿Pero para qué hacernos bolas, cuando ya tenemos una que nos habla de lo mismo, en una forma más bien genérica o vulgar? Esa palabra es achaque; quejambres, nos dirían esas viejas sabias que todo lo entendían sin ser dotoras: las abuelas.
¿Pero a qué viene esto? Nosotros, como todo ser humano, en algún momento también NOS quejamos de algún dolor, ubicuo en cualquier lugar interno o externo del cuerpo, y hay uno en particular que nos ha llamado la atención, y que seguramente alguno de Uds. también lo ha padecido. Un dolor, o más bien una molestia que comienza con una especie de helaje sobre el dorso de los pies, que parece penetrar los huesos, penetrándolos como si el frío de una luna llena se metiera profundamente en los huesos de esa parte de los pies; es un frío tan penetrante que no hay nada con qué abrigarle; ni siquiera las lámparas de luz ultravioleta que recetan los médicos son capaces de calentar los pies.
Perro eso es solo el comienzo, pues por la noche, cuando vamos a la cama, el helaje comienza a ascender por los huesos del frente, pasando a la canilla, por el cuello de los pies, ascendiendo por la espinilla, hasta, en casos extremos, casi llegar a la rodilla. Parece detenerse en el cuello de la tibia; y no vale lo que le pongamos para calentarnos.
Pero el conjunto de cosas relacionadas no para. Al día siguiente amanece uno con un dolor de cintura en la parte baja de la columna —más o menos al final de la curva lumbar; donde empalma con el hueso sacro— , que se va incrementando en la medida que avanza el día, hasta casi inmovilizarnos.
Lo que resulta chocante de todo esto, es que los Drs. No parecen saber a qué se debe esta molestia/dolencia. Sí, ellos nos recetan analgésicos y qué sé yo qué más drogas (inyecciones, pastas, cápsulas y demás), que nos sacan del lío más o menos prontamente; y luego nos orden exámenes y demás cosas, para ver si tenemos lesiones cervicales —cosa que en muchos de nosotros puede haber sido alguna hernia discal. Pero el eje del problema, el quid en el asunto, el helaje, sigue en el limbo pues ninguno ha sido capaz de determinar de dónde viene, qué lo produce y por qué ataca de esa manera y nada, excepto el periódico, puede combatirlo. Es cierto que hay dos factores que parecen venirle desde el exterior. 1) tiempos de clima frío, y 2) noches de luna llena. Bay bay.
Viernes 9 de diciembre de 2016.
Fuente: plus.google.com