Los partos prematuros son aquellos que tienen lugar antes de que se hayan cumplido 37 semanas de embarazo; los bebés a término nacen entre 37 y 42 semanas después del último período menstrual de la madre.
A menudo, la causa de un parto prematuro se desconoce y es algo que la madre no puede controlar. De todos modos, los partos prematuros a veces están provocados por afecciones médicas de la madre o factores de su estilo de vida durante el embarazo, como padecer diabetes mellitus, hipertensión, problemas renales o cardíacos, una infección (sobre todo las que afectan a las membranas amnióticas y al aparato genital y urinario), no haberse alimentado bien durante el embarazo, o los sangrados provocados por una posición anómala de la placenta.
El aumento de nacimientos prematuros supone un problema de salud pública. La importancia de los cuidados neonatales, la protección de los niños prematuros ante las infecciones respiratorias y las medidas para evitar cualquier virus que pueda debilitar su salud se convierten así en un objetivo prioritario de los expertos de las Unidades de Materno-Infantil.
Por eso es importante saber cuáles son los cuidados que debe tener un bebé prematuro, para que el niño pueda crecer y desarrollarse normalmente.
Y es que en 2015, por primera vez, las complicaciones resultantes del parto prematuro fueron la primera causa de muerte en niños, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Aunque no hay causas concretas, la ciencia apunta a varios factores que favorecen la prematuridad: las técnicas de reproducción asistida, los partos múltiples, el estrés laboral, los problemas de salud en la madre y el retraso de la maternidad. En los países menos desarrollados, por el contrario, la prematuridad obedece a la falta de seguimiento médico durante el embarazo, el parto y el posparto.
Los neonatos prematuros protagonizan tres de cada cuatro ingresos hospitalarios de neonatos, según la Sociedad Española de Neonatología (SENeo). Entre las principales complicaciones que afrontan se encuentran un mayor riesgo de parálisis cerebral, déficits sensoriales, enfermedades crónicas o infecciones respiratorias agudas, especialmente la bronquiolitis causada por el Virus Respiratorio Sincitial (VRS), una enfermedad que afecta a 100.000 menores de 2 años al año.
Entre el 0,5% y el 2% de los afectados son hospitalizados, aunque la tasa de hospitalización alcanza el 13% en niños considerados de alto riesgo como los prematuros, llegando a ingresar en las Unidades de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN) hasta un 20% de los prematuros entre las 33-35 semanas de edad gestacional.
Ante esta realidad, la Asociación de Padres de Niños Prematuros (APREM) quiere recordar la importancia de proteger a los prematuros: «Es muy importante informar a los padres de bebés prematuros sobre las medidas preventivas para evitar cualquier tipo de virus», afirma Cristina Maroto Centeno, presidenta de la asociación.
La adaptación de las familias a la realidad de un niño prematuro es un proceso complejo en el que las asociaciones de padres y madres de niños prematuros desempeñan un papel fundamental. «El seguimiento médico y la atención psicológica no deben terminar cuando el bebé abandona el hospital. Los primeros años son clave para prevenir morbilidades y trastornos en el desarrollo de estos niños», señala Maroto.
Según la página Web Consultas, estos dben ser los cuidados de un bebé prematuro
Higiene
Es muy importante lavarse las manos siempre antes de coger o manipular al bebé prematuro, y mantener muy limpia su habitación. Se debe cambiar su pañal cada tres o cuatro horas aunque no lo haya ensuciado.
Ambiente
El prematuro dispone de menor cantidad de grasa corporal, por eso se debe emplear ropa adecuada para ayudarle a regular su temperatura. Su habitación debe estar entre 21º y 24º; no es conveniente que el bebé tenga calor porque le supondría un esfuerzo disminuir su temperatura corporal.
Alimentación
La lactancia materna es la mejor forma de alimentar a estos bebés porque, como en el caso de los nacidos a término, contribuirá a fortalecer su sistema inmunitario. Los prematuros necesitan alimentarse con mayor frecuencia (unas ocho o diez veces al día). Cuando el bebé no sea capaz de mamar directamente, también se le puede administrar la leche materna mediante una sonda de alimentación. En general, estos niños necesitan un mayor aporte de calorías para poder mantener un crecimiento adecuado, por lo que muchas veces el médico prescribirá suplementos vitamínicos que garanticen una nutrición adecuada.
Vacunas
Los especialistas recomiendan que estos niños reciban las vacunas que les corresponden según su edad gestacional. En el caso de la vacuna antigripal, se debe administrar a los prematuros mayores de seis meses, sobre todo si han presentado complicaciones respiratorias o neurológicas, desnutrición severa, etcétera. También es conveniente que las personas que convivan con el niño se vacunen contra la gripe.
Sueño
Los recién nacido suelen dormir entre 16 y 18 horas diarias, y los prematuros incluso más. Al principio pueden sentirse extraños en la cuna porque mientras permanecieron ingresados había más luz y ruidos, por lo que puede resultar conveniente mantener una luz tenue encendida y la radio a bajo volumen durante los primeros días. Para dormir, hay que colocar al bebé boca arriba (salvo que el médico indique otra postura), comprobando siempre que no haya ningún juguete u otro objeto dentro de la cuna.
Visitas
Es recomendable dosificar las visitas, sobre todo al principio, y que no toquen demasiado al bebé ni le cojan en brazos. Hay que tener especial cuidado con los resfriados o cualquier otro tipo de enfermedad contagiosa, por lo que las personas que tengan intención de visitar al bebé deben estar seguras de no padecer ni haber padecido recientemente ninguna afección similar.
Salidas y paseos
Si el tiempo lo permite, no hay nada malo en sacar al niño a la calle, pero hay que evitar siempre acudir a lugares donde haya aglomeraciones de gente para evitar posibles contagios.
Consultar al médico
Hay que consultar con el médico siempre que se observe algo sospechoso o inhabitual en el estado o comportamiento del bebé, como por ejemplo:
Dificultad para respirar.
Dificultad para despertarse.
Mal color de cara (azulado o muy pálido).
Fiebre o hipotermia.
Movimientos oculares anormales o ausencia de seguimiento visual.
Ensucia mucho menos los pañales.
Llora sin motivo y de forma prolongada.
No quiere comer, o come menos.
Estimulación
Es bueno estimular al bebé para facilitar el desarrollo y maduración de su sistema nervioso. Para eso, es fundamental el contacto del bebé con los padres, y que estos le hablen suavemente, le cojan en brazos y jueguen con él. También es aconsejable colocar un móvil que el bebé pueda mirar desde la cuna.
Seguimiento
Los bebés prematuros precisan de un seguimiento médico especial, sobre todo los nacidos con un peso inferior a 1.500 gramos. Periódicamente se examina su vista y oído, y se controla el desarrollo de su sistema nervioso, prestando especial atención al momento en que sonríen, se sientan y andan por primera vez, así como al lenguaje hablado y el tono muscular. Algunos bebés prematuros necesitarán logopedia o fisioterapia cuando crezcan, y es importante detectarlo cuanto antes.
Fuente: www.eldiariomontanes.es