Por Jorge Raventos
Aunque no tiene nada que ver con la aplicación de la Ley de Medios, el gobierno podría quizás poner en ejecución contra la empresa Papel Prensa la recién aprobada ley que regula el mercado de capitales y que, merced a una cláusula incorporada entre gallos y medianoche por el oficialista Roberto Felletti, permite intervenir empresas privadas y separar a los órganos de administración de la entidad en cuestión por un plazo máximo de 180 días , medida sólo recurrible en única instancia ante el ministro de Economía y Finanzas Públicas . Quizás hasta podría intentar administrar la misma medicina a Cablevisión. Medidas de esta naturaleza sí confirmarían el perfil intervencionista que pretende el ala más termocéfala del oficialismo y estarían teñidos de los rasgos legendarios que el oficialismo predica de sí mismo. Habría, eso sí que lidiar con las consecuencias.
El gobierno se esfuerza por sostener en pie su relato en condiciones de retroceso. El fallo de la Corte de Nueva York que suspendió los efectos de la sentencia del juez Thomas Griessa le permitió evitar la cruel encrucijada que le imponía depositar 1.330 millones de dólares en aquel juzgado (para garantizar el pago a los tenedores de bonos que posteriormente decidiera la Justicia actuante) o disparar de inmediato un default técnico . Ahora bien, el tiempo de tregua otorgado por aquella Corte (hasta fines de febrero) está condicionado a que el estado argentino se comprometa a pagar a esos acreedores los fondos buitres - a quienes hasta anteayer el gobierno se jactaba de no dedicarle ni un solo dólar . Para exhibir su actual voluntad de pago, el Poder Ejecutivo deberá pedir al Congreso que apruebe una norma que anule la actual, que precisamente clausuraba la posibilidad de un pago a quienes no hubieran aceptado los canjes de 2005 y 2010.
Los poetas y filósofos de la Corte trabajan ya para explicar en cuerda épica que lo que se pintaba como malo y cipayo (buscar un arreglo para cancelar las deudas que se había decidido ignorar) se convierte ahora en algo bueno y triunfal. Cuando pulan esos argumentos podrán emplearlos también para otros compromisos que el gobierno omite cuando enarbola la bandera del desendeudamiento. Por ejemplo, los fallos negativos del comité de arbitraje del Banco Mundial.
La fragilidad del gobierno no se mide sólo por los cráteres que se abren en su relato interpretativo de los acontecimientos, sino en planos menos literarios. Antes de cumplir un año este gobierno, el peronismo ya está discutiendo quién será su candidato en 2015. La hipótesis de la re-reelección con la que el oficialismo pretendió reemplazar el creativo artefacto inventado por Néstor Kirchner (el continuismo conyugal a repetición), se ha evaporado. Hasta quienes todavía la mentan lo hacen sin convicción y, de inmediato, sugieren algún Plan B. Julio De Vido, por ejemplo, insiste con la re-re de la Presidente pero por si acaso tira otros nombres. Curiosamente, los nombres que propone (los de Julián Domínguez, Miguel Angel Pichetto y Agustín Rossi) parecen destinados a promover aquel que dice rechazar, el de Daniel Scioli. Es obvio que los peronistas leen encuestas y saben que aquellos no tienen ni para empezar a competir con el gobernador bonaerense.