Por Jorge Raventos
El peronismo se encuentra en estos días procesando la situación. Las recientes declaraciones del ministro Julio De Vido insistiendo con la perspectiva de la re-reelección de la señora de Kirchner son más bien un pedido de socorro que una afirmación de fortaleza. Tratan de disimular la debilidad, de ganar tiempo. Pero es obvio que la consigna de la re-re está sepultada por el activismo de la opinión pública y de los sindicatos, tanto como por las decisiones que ya se han anticipado en el Congreso, donde el oficialismo no cuenta con el número requerido para imponerla.
Pero la evidencia surge del mismo oficialismo, donde se discuten distintas variantes de Plan B. En algunos casos emergen (tempranamente, según algunos, aunque no conviene dejar de lado el día menos pensado ) candidaturas presidenciales, algunas caso del gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli- imaginadas como continuidad con cambios . Otras (José Manuel De la Sota, quizás Juan Manuel Urtubey, tal vez Sergio Massa) con más acento en la palabra cambio, porque intuyen que el derrumbe de las expectativas en el gobierno puede sepultar a los que se encuentren demasiado cerca.
El sindicalismo próximo a la Casa Rosada ya empieza a hablar de reunificación, mientras defiende las banderas reivindicativas que enarboló Hugo Moyano. Es que el gobierno no les ofrece ninguna sombra aliviadora y la actitud complaciente les hace peligrar la relación con sus bases: las bases de muchos gremios enrolados en el oficialismo adhirieron masivamente al paro que impulsó Moyano. Esa convergencia en ciernes se producirá en perjuicio del poder central.