Origen de la Masonería Moderna
La masonería moderna nace a inicios del siglo XVIII mostrando ciertas preferencias por el clasicismo; prueba de ello es la imagen que se reproduce en el frontispicio de las Constituciones de Anderson, publicadas en 1723, donde se puede ver un templo de estilo clásico con el dios Apolo en su bóveda. Sin embargo, el gnosticismo estará siempre presente en la Orden, tanto magnificando sus orígenes medievales, como cultivando la estética neogótica en la arquitectura y en algunos de sus elementos iconográficos, sobre todo a partir del siglo XIX, con la recuperación romántica de lo gótico y de la ruina como elemento filosófico, además de estético.
La pasión del siglo XVIII por el país del Nilo es otro de los elementos esenciales en la configuración de los orígenes legendarios y doctrinales de la Orden que, desde sus inicios medievales, vincula la tierra de los faraones a Euclides y su Geometría como sinónimo de masonería. Egipto es para todos la madre del saber, y lo es también para los neoplatónicos, los neo pitagóricos, los cabalistas cristianos del Renacimiento y los alquimistas. Estos últimos siempre reivindicaron ser hijos de la “tierra negra” de Egipto y los alquimistas alejandrinos de los siglos III y IV afirmaban que todos los misterios de su Arte estaban contenidos en los jeroglíficos.
Otra de las fuentes de las que se nutre la masonería es Grecia, en particular el pitagorismo, pues la comunidad iniciática que Pitágoras fundó en Crotona es considerada una masonería con nombre distinto. Por otra parte, la Orden se presenta, con justicia, como la legítima heredera de las antiguas iniciaciones griegas: los misterios de Eleusis, el orfismo, los cultos de Atis o de Baco son también masonería, es decir, fenómeno iniciático. Los escasos testimonios fiables que han llegado hasta nosotros de aquellas organizaciones ponen fuera de duda que lo que se practicaba en las llamadas religiones mistéricas era, no sólo en sustancia, sino incluso formalmente, lo mismo que se dramatiza en los rituales de la masonería moderna: una muerte iniciática, un conjunto de pruebas, la recepción de la luz y un renacer a la vida nueva.
La iconografía masónica contiene muchos elementos procedentes del pitagorismo, como la Tetraktys, en tanto que símbolo del hombre regenerado.