Elena Mukhina obtuvo el oro en el mundial en Estrasburgo (Francia). Dos semanas antes de los Olímpicos en Rusia quedó tetrapléjica. La gimnasta rusa que venció a Comaneci, y que nadie supo de su parálisis hasta un año después de los juegos olímpicos de Moscú de 1980. Nacida en Moscú, Rusia, el 1 de junio de 1960; murió el 22 de diciembre de 2006, a los 45 años, víctima de sus complicaciones de su parálisis; en este año se cumplen 10 años de su muerte.
En semana.com, Deportes, 28 de julio de 2016, Foto: Continental Sports
(La historia) Faltaban dos semanas para que se encendiera la llama olímpica en Moscú en 1980. Serían los días más duros de entrenamientos que pasaban las ocho horas diarias. Esta vez la gimnasta moscovita Elena Mukhina tendría que ganar el oro para demostrar la superioridad de Rusia.
“No me siento segura haciendo el ‘Salto Thomas’”, decía frecuentemente Mukhina a su entrenador Mikhail Klimenko. “La rumana Nadia Comaneci tiene rutinas más fuertes que nuestras mejores gimnastas -contestó Klimenko-. Si Rumania gana el oro, significa que ya no somos una nación dominante. Tienes la oportunidad de ganar y estas oportunidades se presentan pocas veces”.
Mukhina estaba cansada de un largo día de entrenamiento. Pero según su entrenador era necesario practicar el ‘Salto Thomas’ para vencer a la leyenda Comaneci y así revolucionar la gimnasia femenina. Hasta entonces, ninguna mujer había hecho este elemento en el ejercicio de suelo en gimnasia artística, pues es muy peligroso porque requiere de la altura y la fuerza suficiente para no romperse el cuello en la caída.
La gimnasta, que tenía 18 años en ese entonces, cayó mal mientras trataba de hacer ese famoso salto. El primer impacto lo recibió en su mandíbula. Se rompió el cuello y algunas vertebras. Quedó tetrapléjica. Cuando despertó lo primero que dijo fue: “Gracias a Dios no iré a los olímpicos”.
No estaba lista
La moscovita había sufrido una fractura en una de sus piernas en un campeonato de 1979. Pero como ella era la esperanza para posicionar a Rusia como el mejor del mundo en gimnasia, el líder del club nacional, Aman Shaniyazov y Klimenko la llamaron a entrenar antes de que se terminara de recuperar.
Mukhina volvió a lastimarse y tuvo que ser sometida a una cirugía en su pierna. Esta vez los entrenadores fueron más flexibles pero, de nuevo, la presionaron para que iniciara su entrenamiento antes de que hubiera terminado su recuperación.
A pesar de que Muhina no se había recuperado completamente, ella tenía que entrenar más horas diarias y además su entrenador le exigía incluir el ‘Salto Thomas’. Se trataba de una revancha y el grupo de gimnastas rusos estaba preocupado de que la rumana Nadia Comaneci -quien obtuvo sietes puntuaciones de 10 en las olimpiadas de 1976- repitiera la hazaña en suelo ruso.
¿Cómo venció a Comaneci?
Esta chica, de cabello dorado y de ojos azules, perdió a su madre cuando tenía cinco años en un incendio. Así que su abuela Ana Ivanova se hizo cargo de ella hasta que entró a la escuela de gimnasia a los 12 años. Allí pasaba la mayor parte de su tiempo y los entrenadores eran como sus padres.
Las chicas que llegaban a esta escuela se enfrentaban a entrenamientos muy duros. Los valores eran perfección, valentía, riesgo y trabajo. Constantemente les repetían: “Tengo a las chicas más bellas del mundo, a las mejores del mundo. Ustedes pelean con la muerte pero salen airosas, brillan. La muerte no las alcanzará. Recuerden que la acrobacia es mover el cuerpo pero también el alma”.
Mukhina se destacó en el campeonato mundial de gimnasia de Estrasburgo (Francia) en 1978. Obtuvo cinco medallas de oro y desbancó a Comaneci. “Nos entrenan para ser las mejores de mundo. Si no logramos ser las mejores entre las mejores todo el esfuerzo no vale nada”, dijo la moscovita en una entrevista después de llevarse el mayor galardón.
En Estrasburgo Mukhina fue la vencedora por la complejidad de sus movimientos, por la combinación de elementos y la reconocida elegancia de las gimnastas rusas. Era en ese entonces la esperanza y la cara más visible para ganar las olimpiadas que se celebrarían en Moscú y para quitarle el título a Rumania.
Luego del accidente
Una vez iniciaron las olimpiadas el único comentario que se hizo fue que Mukhina no asistiría a la competencia porque se recuperaba de una lesión. Hasta un año después el mundo conoció el estado real de la deportista. Ese año le entregaron la Orden Olímpica, el galardón más importante concedido por el Comité Olímpico Internacional.
“Mi lesión podría haberse anticipado. Yo no estaba lista para hacer ese salto, así que si lo hacía era inevitable que me sucediera lo que me pasó. Yo había dicho, más de una vez, que me iba a romper el cuello haciendo ese elemento. Me había hecho mucho daño varias veces, pero él (el entrenador Mikhail Klimenko) simplemente respondió: ‘la gente como yo no se rompe el cuello’”, dijo Mukhina en una entrevista para medios locales.
La deportista también explicó que para su país ganar los Juegos Olimpicos siempre había significado algo más que el prestigio de la nación. Los deportistas encarnan la excelencia del país, son los que imponen un símbolo de superioridad. Por eso se demanda una victoria a cualquier precio. “En cuanto al riesgo, una vida humana vale poco en comparación con el prestigio de la nación; nos han enseñado a creer esto desde la infancia”, señaló.
La gimnasta conocida como la chica de mirada triste se preguntaba por qué los demás entrenadores de la selección nacional se quedaron callados. “Todos sabían que no estaba preparada para ese salto y guardaron silencio. Nadie se detuvo a decir que parara”.
A pesar de todo Mukhina también asumió responsabilidad: "Fui estúpida. Lo único que quería era justificar la confianza que habían puesto en mí y ser una heroína."
Klimenko no fue incluido en la lista de entrenadores olímpicos soviéticos debido al accidente de Mukhina. Emigró a Italia, donde vivió con sus hijos. Padeció cáncer y murió a los 65 años en noviembre del 2007. Y el ‘Salto Thomas‘ fue prohibido para la gimnasia femenina.
Rusia ganó en 1980 a pesar de todo lo que sucedió. No había duda de que el grupo de gimnasia en el que estaba Mukhina superaría a las rumanas.
Mukhina mostró un gran interés en los niños y jóvenes gimnastas, tanto antes como después de su lesión. También expresó una profunda fe religiosa, y era aficionada a los caballos y a los dibujos animados.
Agradeció a sus excompañeras que se mantuvieron en contacto con ella, especialmente Yelena Davydova, quien ganó el oro en 1980 -derrocando a Comaneci- y a quien describió como "una verdadera amiga".
La deportista murió a los 45 años por las complicaciones que le generaba su parálisis. A pesar de su tragedia, su legado sigue vivo. Ella fue la primera mujer en ejecutar elementos que se ven en la gimnasia como la pirueta mortal en suelo.
Publicado en:
http://www.semana.com/deportes/articulo/juegos-olimpicos-la-gimnasta-rusa-quedo-paralitica-haciendo-el-salto-thomas/483703
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El desgraciado salto de Elena Mukhina
La gimnasta rusa, destinada a suceder a Comaneci como campeona olímpica, pasó sus últimos veintiséis años en una silla de ruedas
Por Juan Carlos Álvarez, 23 de diciembre de 2013 21:36, En: farodevigo.es
Elena Mukhina es uno de los símbolos de la oscuridad en que se vivía en relación al deporte más allá del Telón de Acero. Tiempos en los que el esfuerzo en busca del éxito se llevaba hasta extremos intolerables para el cuerpo humano.
Esta gimnasta, extraordinaria, destinada a ser campeona olímpica en Moscú en 1980 sufrió una desgraciada lesión sobre la que los dirigentes de la URSS solo arrojaron confusión o silencio. Había sido capaz de destronar poco antes a Nadia Comaneci en el Mundial, pero allí acabó su gloria deportiva. Ayer se cumplieron siete años de su muerte.
Elena Mukhina era una chica triste con una mirada triste. Pocos motivos tenía para sonreír. La vida le enseñó demasiado pronto su cara más amarga porque solo tenía cinco años cuando perdió a su madre en un incendio (su padre se había ido de casa dos años antes).
Criada por su abuela materna, Elena encontró refugio en la gimnasia el día en que un entrenador acudió a su colegio en busca de niñas que quisiesen entrar a formar parte de la sección con la que contaba el CSKA de Moscú. Tenía solo doce años y de inmediato los técnicos advirtieron en aquella menuda muchacha, permanentemente seria, unas condiciones gigantescas.
Mihajl Klimenko, que venía de la gimnasia masculina, se convirtió en su entrenador. Con él Mukhina descubrió las sesiones interminables, la exigencia por norma, no concederse ni un respiro y llevar el cuerpo muy por encima de los límites. Las autoridades deportivas de la URSS estaban inquietas a mediados de los setenta por la irrupción arrolladora de las gimnastas rumanas que se habían atrevido a discutir su tradicional reinado.
En 1976, con dieciséis años, Mukhina gana con el campeonato nacional juvenil casi al mismo tiempo que Nadia Comaneci se impone en los Juegos Olímpicos de Montreal y genera una crisis interna en la gimnasia soviética que no acepta la derrota con facilidad. Las autoridades cargan contra la responsable del equipo, la legendaria Larisa Latynina, que dice aquello de "yo no tengo la culpa de que Comaneci haya nacido en Rumanía".
Se suceden las reuniones y la petición de explicaciones. La consigna interna resulta muy clara: una cosa es perder en Montreal y otra bien diferente es hacerlo en 1980 en los Juegos de Moscú con lo que se intensifica el trabajo de cara a esa cita. Y en ese momento todo el mundo mira hacia Elena Mukhina; la única gimnasta en la que se advierte el potencial suficiente como para hacer frente a la diosa rumana.
Por aquel entonces Klimenko, su entrenador, comienza a introducir elementos propios de la gimnasia masculina en los ejercicios de las mujeres. Respeta la tradición soviética de los movimientos basados en la expresión y el ballet, pero aparecen nuevos saltos y giros nunca vistos antes en la gimnasia femenina. Lo que no cambia es la disciplina y las más de ocho horas de entrenamiento diarias.
En 1977 comienzan a llegar los primeros frutos. En el Europeo Mukhina gana tres oros y pierde por escaso margen el concurso general ante Comaneci. Es un simple aviso de lo que sucedería al año siguiente en el Mundial de Estrasburgo. Es la hora de la explosión de la gimnasta moscovita que conquista cinco oros y se impone a la rumana.
En Francia sorprende su inmensa seguridad y la mezcla de plasticidad y potencia que inundan sus ejercicios. Los analistas comenzaron a referirse a un nuevo tiempo en la gimnasia femenina representado por Elena Mukhina.
El problema es que Klimenko quería llevar demasiado lejos su plan. De cara a los Juegos de Moscú comenzó a incluir en el ejercicio de suelo de Mukhina el salto Thomas que solo realizaban los hombres y que resultaba extremadamente peligroso porque si no se alcanzaba la altura y velocidad necesarias se corría el riesgo de sufrir una seria lesión.
Años después la propia Mukhina confesaría que en más de una ocasión, de forma tímida, había comentado a su técnico que no se sentía demasiado segura realizando ese salto y que la respuesta que le había dado era que "las gimnastas como tú no se rompen el cuello".
En 1979 las cosas se complicaron de forma inesperada. Mientras preparaba el Mundial de Estados Unidos Mukhina se rompió una pierna que la tuvo meses en el dique seco. Klimenko y el jefe de equipo de la URSS, Aman Shaniyazov, la presionaron de manera impensable para que regresase cuanto antes a los entrenamientos.
Se adelantaron los plazos hasta el punto que la pierna de Mukhina exigió una nueva intervención quirúrgica. El calendario comenzaba a presionar a los dirigentes del deporte soviético y de la Federación de Gimnasia en particular. Aunque de un modo ligeramente más prudente la presión sobre Mukhina se mantuvo.
Reapareció unos meses antes de los Juegos sin que Klimenko cambiase los planes sobre el salto Thomas pese a que el periodo de baja había mermado las condiciones de la moscovita. El técnico estaba convencido de que los Juegos de 1980 merecían un elemento como ese que cambiaría para siempre la historia de la gimnasia femenina y convertiría a Mukhina en una leyenda.
Dos semanas antes de la cita, en una concentración en Minsk, llegó la tragedia. Mientras entrenaba el ejercicio de suelo, la gimnasta no logró la altura necesaria y se golpeó con violencia la cabeza contra el suelo. La Federación Soviética se limitó a decir que una lesión apartaba a Mukhina de los Juegos Olímpicos mientras comenzaban a circular rumores sobre la verdadera causa de su ausencia.
Se había quedado tetrapléjica tras romperse el cuello, una verdad que tardó meses en conocerse porque la URSS escondió a la deportista y consiguió construir a su alrededor una barrera que nadie era capaz de cruzar.
Hubo de pasar más de un año hasta que los medios publicaron el verdadero estado de la gimnasta, momento en que algunos de los dirigentes la acusaron directamente de querer realizar "ejercicios para los que no estaba preparada".
Mukhina apenas dijo nada y solo en una entrevista para un documental admitía ser una víctima de un sistema enfermizo que solo contemplaba llegar al éxito en el deporte de la manera que fuese. Su abuela la cuidó hasta que el 22 de diciembre de 2006, fecha en que murió como consecuencia de las complicaciones derivadas de su grave lesión. El salto Thomas fue prohibido para siempre en la gimnasia femenina.
Publicado en:
http://www.farodevigo.es/deportes/2013/12/23/desgraciado-salto-elena-mukhina/937504.html
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Comentarios en:
http://bardeportes.blogspot.com.co/2006/12/cinco-cosas-sobre-elena-mukhina.html
Blogissimo - 27/12/06 22:51
Hoy conozco de la muerte (y vida) de esta persona. Todo un drama. Muy, muy triste. Nos sirve para reflexionar cuan afortunados somos la mayoría de nosotros. Un cordial saludo.
anónimo - 8/1/10 04:21
Es uno de los casos más tristes en la historia de la gimnasia, Elena fue aislada del mundo por la ex URSS, pero el caso traspaso fronteras, fue tan buena gimnasta que le llegó a ganar a Nadia Comaneci, la pérdida de sus padres a los 5 años, creció con su abuela que también la cuidó cuando queda tetrapléjica, la ex URSS le puso poca atención en su desgracia, pero le pusieron más atención cuando cayó el comunismo, ha sido una de las grandes gimnastas de la historia, ojala viviera entre nosotros para verla realizada como entrenadora, casada con hijos, etc., etc., y vivir con sus hijos una Rusia diferente que llegó tarde para ella, pero recordar es vivir, me inspira escribir una poesía dedicada a ella, me quedé tan conmovido de su caso que salí a caminar mirando las estrellas en la noche y decidí nombrar la poesía (ojos en el cielo) de alguien que nunca la olvidará, nunca, nunca,…
Fuente: www.semana.com