El viernes 27 de mayo, en el Auditorio “Gumersindo Cantú Hinojosa”, María Eugenia García de la Peña tomo protesta para así iniciar su segundo periodo como Directora de la Facultad de Contaduría Pública y Administración (FACPYA).
De manera paralela y buscando dejar testimonio de la “otra verdad”, de la “verdad no oficial”, en un céntrico restaurante, un grupo de catedráticos aseguro al Director de la Revista Ecos que en FACPYA se está ejerciendo el “inmoral derecho” de aplastar a las minorías.
Asegurando que la represión esta al orden del día, justificaron el actuar en discreción filtrando la información de lo que está ocurriendo en la Facultad y la decisión de no hacer público el nombre de quienes integran la oposición interna.
Previendo la actitud de los denunciantes se decidió que el Reportero de la Revista Ecos, Andrés Vela, bajo la consigna de tomar las impresiones de la Directora, acudiera al lugar en el que en presencia del Rector Rogelio G. Garza Rivera, los miembros del H. Consejo Universitario e invitados especiales, se estaba realizando la toma de protesta. Mas desde su llegada, el representante de la Revista Ecos fue víctima de acoso y bloqueo por parte de autoridades menores de la FACPYA , esto bajo el argumento de que no se pagaría la cobertura de ningún medio, ya que no se tenía presupuesto para publicidad, a lo que se les respondió que se pretendía realizar un trabajo periodístico, sin tintes mercenarios. A pesar de la explicación del representante de la Revista Ecos, la actitud de los funcionarios universitarios se mantuvo, impidiendo cualquier acercamiento con García de la Peña.
LOS PROFESORES NO SOMOS SIMPLES EMPLEADOS A LOS QUE SE LES PUEDE APLASTAR COMO PRETENDE LA ACTUAL “ADMINISTRADORA” Y SU GENTE.
Como de unos cincuenta años de edad, pulcramente vestido, quien se dice ser catedrático universitario con antigüedad más que suficiente para legitimar su inconformidad se dice molesto por la forma en que se están llevando las cosas en la institución, a lo cual agrega “María Eugenia no debe de olvidar que nuestra Facultad no es una empresa es una institución que se debe a los alumnos y a los profesores”.
Un poco más joven, de sonora voz y esbozando una mueca que no llega a ser sonrisa, el también catedrático, secunda el decir, al comentar “Durante toda esta Administración están tratando de aplastar a lo que consideran las minorías, y si así fuera, no debería de ser argumento suficiente para tomar la actitud que se tiene. Considero que es un error cancelar los canales de dialogo”.
¿Y no han intentado ir mas allá de las acciones de bajo perfil que están realizando?
Ante la pregunta se une un tercer catedrático, quien afirma:
“Así fue, llevamos nuestra propuesta a participar en las elecciones internas, pero las cosas se dieron como temíamos, indebidamente, se usaron los recursos propios de la Facultad con fines electorales. El resultado todos lo conocemos”
¿Existe alguna posibilidad de reconciliación?
Por unos segundos se hace un tenso silencio, como buscando consenso se miran los unos a los otros. Posteriormente, quien iniciara el dialogo es el que responde:
“Con el grupo de gente que hoy está al frente, no compartimos las ideas y muchas de sus acciones nos parecen execrables y alejadas del espíritu universitario”
Si con la directora no quieren dialogar, ¿No existe la posibilidad de que algún otro funcionario tienda un puente de dialogo?
“Existe un principio que es que la suma de iguales tiene un resultado de iguales. Consideramos que en esta Administración todos son iguales. Por eso lo que comenta es poco probable”
Si no se busaca dialogo o acercamiento ¿Qué es lo que se buscan?
“Un cambio de actitud. Por eso denunciamos y seguiremos denunciando lo que está mal”.
¿Hasta dónde piensan llegar?
“Vamos a seguir nuestra lucha hasta que la mayoría de los profesores que, por miedo o por comodidad, no se manifiestan lo hagan. Tenemos tiempo suficiente. En las próximas elecciones lo volveremos a intentar. Creemos que tres años son más que suficientes para que se comprenda que la facultad no es una empresa y que los profesores no somos simples empleados a los que se les puede aplastar como pretende la actual “administradora” y su gente”.
Fuera de entrevista afirmaron que aunque se percibe una sólida paz universitaria, la realidad es que se avizoran negros nubarrones que presagian tormenta, si quienes están en la Administración no cambian de actitud.