“Siga doctor”, “¿cómo está doctor?”, “cuénteme doctor”, son algunas de las frases que los colombianos están acostumbrados a escuchar en las oficinas de las empresas y en algunos corredores de las entidades públicas.
Por La República (LR), Bogotá, 12 de abril de 2016, Educación. Dentro de más de 160 altos cargos de gobierno en Colombia, solo 10 personas cuentan con este título universitario. Foto shutterstock
Este calificativo de “doctor”, según los expertos, se ha esgrimido como un sinónimo de respeto (lambonería, o desconocimiento del sentido real de la palabra) frente a alguna figura pública o algún superior dentro de la organización empresarial, y ha dejado de lado su verdadero propósito que es el de hacer referencia a una persona que ha cursado este tipo de estudios superiores y que ha desarrollado investigaciones de largo aliento. Por eso, Colombia es el país de doctores sin doctorado.
En los últimos días las redes sociales se llenaron de críticas frente a la historia de que el alcalde mayor de Bogotá, Enrique Peñalosa, había, supuestamente, informado en su campaña que tenía un doctorado en administración pública, pero después se conoció desde la administración distrital que el funcionario nunca había dicho eso y que su posgrado equivalía a una especialización.
Este debate llevó a LR a investigar cuáles políticos (senadores, alcaldes y ministros) y empresarios responsables de las firmas más importantes del país guardaban sus diplomas de doctorado o estaban estudiando para obtenerlo.
Así las cosas, se encontró que dentro de más de 160 altos cargos, solo 10 personas cuentan con este título universitario, que para algunas academias es el más relevante que se le puede otorgar a un estudiante.
Dentro de los legisladores aparece Daira Galvis, del partido Cambio Radical, que tiene un doctorado en derecho y ciencias políticas de la Universidad Nacional; Everth Bustamante, del Centro Democrático que es doctor en derecho y ciencias políticas de la Universidad Externado; Claudia López, de la Alianza Verde, que desde 2013 cursa un doctorado en ciencias políticas en la Universidad Northwestern, en Chicago, Estados Unidos, entre otros.
Entre los alcaldes de las ciudades capitales de todos los departamentos no aparece ningún nombre y en el caso de los doctores en el gabinete de Juan Manuel Santos, se apuntan Mauricio Cárdenas, ministro de Hacienda, Alejandro Gaviria, jefe de la cartera de salud y María Lorena Gutiérrez, ministra de Minas y Energía (e).
En el caso de las empresas más importantes del sector real se destaca el presidente de Ecopetrol y exministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, y Jenaro Pérez, gerente de Colanta.
Según Carlos Rodríguez, catedrático de la Universidad Nacional y extrabajador del Ministerio de Educación, la formación doctoral en el país empezó desde finales de la década de 1970 y en el área de economía y finanzas fue solo hasta 1997 en que el país tuvo uno: el de ciencias económicas de la Universidad Nacional. Después, hacia mediados de los 2000 se crearon nuevos programas.
De acuerdo con cifras de Colciencias, en el país hay 5,6 doctores por cada millón de habitantes; y entre 2004 y 2014 se han graduado 2.636 que han cursado al menos uno de los más de 205 programas que ofrecen las universidades locales. Y es que, según cifras a 2014 del Consejo Nacional de Acreditación, en el país hay alrededor de 43 instituciones académicas que ofrecen este título, lo que demuestra una oferta disminuida, según los analistas.
Obdulio Velásquez, rector de la Universidad de La Sabana, dijo que los países desarrollados se distinguen porque en el área empresarial y de gobierno hay personajes con doctorados que son capaces de poner en práctica destrezas en evaluación de proyectos e innovación.
Además, señaló que el doctorado tiene un grado de dificultad mayor porque muchos de los estudiantes que lo cursan deben dejar su vinculación laboral para dedicarse a hacer las investigaciones, lo que significa un costo alto debido al precio de los programas.
Colciencias hizo un cálculo en el que se evidenció que, en promedio, hacer un doctorado en una universidad local cuesta $289 millones, mientras que hacerlo en el exterior puede llegar a necesitar una inversión de $405 millones. Por tal motivo, los analistas creen que para que haya verdaderos doctores hay que invertir.
La rentabilidad de tener el título
De acuerdo con datos de Colciencias, una persona con título de doctor se gana alrededor de $10 millones al mes, lo que significaría que con dos años de trabajo se puede amortizar la inversión en este posgrado. Más allá de eso, Velásquez recordó que la costumbre de llamar “doctor” a cualquier profesional en el país se debe a que en la década de 1930 los médicos y abogados que se graduaban tenían este título, por lo que, con el paso del tiempo nació la frase de que “se le dice doctor a cualquiera”.
“Llegaremos a tener 10.000 doctores en el país”: Gina Parody
El hecho de que las grandes decisiones del país sean tomadas en el mayor de los casos por personas que no tienen los más altos índices académicos es un asunto que desvela a la ministra de Educación, Gina Parody. Por eso, en entrevista con LR, Parody dijo que la meta del plan de desarrollo es lograr duplicar el número de doctores que se gradúan en el país para el año 2018, e indicó que, para lograrlo, se tienen herramientas como las becas que está ofreciendo Colciencias a ‘los pilos’ de las universidades para que estudien sus respectivos posgrados.
Solo un CEO de las tres empresas más grandes, tres ministros, seis senadores y ningún alcalde es doctor. ¿A qué se debe esto?
Los planes de inserción de doctores han carecido del diseño adecuado para que se quieran vincular tanto al sector industrial como al Gobierno. La inversión académica es muy alta para la retribución salarial o los beneficios de otro tipo. Esta es una responsabilidad compartida con Colciencias y con el sector productivo, quienes hasta la fecha han situado muy pocos incentivos para incrementar la presencia de doctores en la industria y en el Gobierno, salvo dos o tres programas de Colciencias, estos esfuerzos han sido insuficientes.
¿Qué está haciendo el Ministerio a su cargo para motivar el estudio científico?
El Ministerio ha estado trabajando en un proyecto que se llama “Pasaporte a la Ciencia”, para que cada año 1.000 de los mejores egresados de acuerdo a la prueba Saber Pro reciban una beca para estudiar posgrado en alguna de las 100 universidades del mundo de acuerdo al ranking más reconocido (Shanghái).
Un componente importante de este proyecto es el hecho de contar con los recursos para facilitar la inserción de las personas becadas cuando regresen al país y ofrecer los incentivos adecuados para que muchos se vinculen a la industria o al gobierno.
¿Cómo avanzar en la educación de alta calidad sin doctores?
Es muy difícil avanzar en educación de alta calidad sin doctores. Por eso, una de las primeras tareas que hice cuando asumí ser Ministra de Educación fue revisar cuántos doctores debería tener cada una de las universidades y con base en esto establecimos un plan de desempeño para que junto con las universidades lográramos el objetivo. Nuestra meta, que quedó establecida en el Plan de Desarrollo, es incrementar rápidamente de 7.500 a 10.000 doctores en el país.
¿Cómo cultivar una cultura empresarial y política el papel de los doctores?
He estado trabajando insistentemente para pasar de graduar 900 doctores en universidades colombianos en el año 2015 a duplicarlos al final del gobierno. Pero no es suficiente con aumentar el número de doctores, sino que también debemos hacer un gran esfuerzo en conjunto con las universidades para lograr ofrecer programas de doctorado en los que se fomente la investigación aplicada con vinculación a la industria.
En otros países como Francia son muy fuertes este tipo de doctorados aplicados, por ejemplo, el caso de los programas de nanotecnología que se desarrollan alrededor de la ciudad de Grenoble donde han logrado crecer con base en la expansión de este sector.
Publicado en:
http://www.elcolombiano.com/colombia/educacion/colombia-el-pais-de-los-doctores-que-no-tienen-doctorado-HM3952559
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LA DOCTORITIS
Para algunos suele ser tan nefasta como la envidia, el egoísmo y los celos. Sin embargo, para otros no es más que pura fantochada, fanfarronería, sobradez o una muestra de lo que se conoce como arribismo, una actitud con la cual las personas quieren aparentar lo que no son.
El Tiempo, Bogotá, Colombia, archivo 31 de marzo de 1999
De todas formas, lo cierto es que muchos tolimenses consideran que este virus está deteriorando las relaciones interpersonales en empresas, colegios, universidades, entidades oficiales y para no ampliar más este párrafo, en cualquier rincón del departamento, Tal vez por eso es que algunos creen que no es un hecho aislado sino una verdadera epidemia.
Su efecto es tan devastador que varios empleados y empresarios, reconocieron que este síndrome genera barreras en las comunidades donde se incuba o ataca. Incluso, los propios empresarios señalan que algunos de sus altos ejecutivos gastan más tiempo tratando de adquirir la enfermedad que generando ideas sobre cómo hacer crecer la empresa.
Es más, varios profesores universitarios creen que existen estudiantes que se desvelan más imaginándose el día en que puedan ser reconocidos como portadores oficiales del virus que en el aporte que le harán a la comunidad desde su profesión.
Huevo es, gallina...
Se trata de la doctoritis. Un comportamiento que se observa en algunas personas que creen que por ocupar un cargo importante, tener dinero o un título universitario, adquieren el título de doctor.
Pero nada más erróneo que esto ya que según el diccionario de la Lengua Española, doctor es la persona que ha recibido el último y más elevado grado académico que confiere una Universidad.
Así las cosas un verdadero doctor es aquel profesional que luego de terminar su carrera realiza otras especializaciones y estudios que le permiten alcanzar el grado de doctor. Para ello las Universidades han creado los estudios de doctorado.
El diccionario de la Real Academia Española agrega que en el lenguaje usual, se le llama doctor al médico aunque no haya alcanzado o terminado un doctorado.
Otra definición que sirve para acercarse al significado de doctor lo da la palabra docta, que según el diccionario es una persona que a fuerza de estudios ha adquirido más conocimientos que los comunes u ordinarios.
Qué piensa la gente? Pero cómo entiende o asimila la gente la palabra doctor? Tolima 7 días recorrió las calles de Ibagué para conocer las impresiones de la gente y también dialogó con diferentes empresarios, políticos, periodistas y artistas para despejar este interrogante.
Y al parecer existe total unanimidad frente a que este título está desprestigiado. Por ejemplo, la mayoría coincide en que hoy se le dice doctor a cualquiera que tenga plata, o simplemente cualquiera que se vista bien, huela a loción.
De acuerdo con la opinión de sicólogos, empresarios y sociólogos, lo anterior no tiene nada de raro si se analiza el modelo de la actual sociedad donde los valores humanos quedaron rezagados frente a los valores materiales como el dinero, el poder o la fama.
Todos los días la lucha de un buen número de colombianos se centra en cómo tener más. De ahí que para nadie sea un secreto que la mayoría de personas valoren a sus congéneres por su riqueza material y no humana y espiritual.
Dígame doctor...
Así pues, no resulta extraño que la gente se desespere porque les digan doctor. Primero porque la palabra se asocia con un alta posición social y económica. Y segundo porque a pesar de los esfuerzos por democratizar el conocimiento, éste continúa siendo un privilegio de pocos.
Otras personas simplemente creen que por ocupar un cargo de alguna importancia, inmediatamente adquieren el título de doctor aunque apenas tenga una carrera o haya llegado al cargo por el poder de un padrino o una palanca.
La situación ha llegado a extremos como el narrado por una secretaria de una importante empresa de Ibagué, a la que un buen día el gerente de la entidad la regañó delante de otros empleados por el hecho de que en vez de decirle doctor le dijo señor .
También está el ejemplo de algunas personas que escasamente terminaron el bachillerato o que hace unos meses administraban una tienda y hoy ocupan una silla en el Concejo de Ibagué. Y como por arte de magia, estas personas se convirtieron en nuevos doctores.
Otro hecho claro frente a la utilización de la palabra doctor se relaciona con su uso para obtener beneficios. Mejor dicho, es el arma secreta más contundente de los llamados lagartos que van tras de un puesto, un contrato, o alguna prebenda.
Para que los funcionarios de la Alcaldía o la Gobernación, le paren bolas a uno, toca decirles doctor. Se ponen felices, sacan pecho, y finalmente lo atienden, relató María Sandoval, un ama de casa de Ibagué.
Más doctor es usted. Por su parte el periodista Ignacio Arciniegas Aragón, recordó que muchas veces cuando se ingresa a un almacén los empleados le dicen a los clientes: siga doctor, así sea un pobre diablo.
También hay hechos simpáticos como el relatado por Francy Yara, una vendedora de tintos. Como a los funcionarios más veteranos de la Gobernación les gusta que les digan doctor, entonces yo los complazco y esto me permite vender más tintos.
Y es que la palabra doctor se ha desprestigiado tanto que hoy el uso más frecuente de la palabra es cuando se quiere hacer una broma o un saludo cómico a algún amigo: Hola doctor, u otros más graciosos como Que más doctor pantalla.
Después de todo lo anterior, ahora ya entiende por qué es que cuando saluda a alguien con un: - Buenos días doctor, Su interlocutor le responde con algo de agresividad - Más doctor es usted! Vacúnese contra la Doctoritis Según el periodista Antonio Pizco, unas cuantas dosis de sencillez y de sentido de común pueden ser suficientes para recuperar a las personas que padecen esta enfermedad.
Sin embargo, para evitar que el mal se transmita a las nuevas generaciones, se recomienda que desde la primaria los profesores le inculquen a los niños que la vida no es cuestión de títulos si no de ser útil y contribuir al desarrollo de su tierra. Ah!... y que lo demás es pura pantalla.
Eso sí, la vacuna requiere de un refuerzo permanente durante el bachillerato y la universidad, pues el actual modelo arribista de la sociedad puede hacer que el virus se vuelva resistente.
Y por favor no olvide que según Antonio Pizco existen dos clases de doctoritis: la doctoritis aguda y la doctoritis crónica.
La doctoritis es aguda cuando la persona que la sufre espera y hasta exige que le digan doctor, so pena de desarrollar una inmediata aversión hacia la gente que no le reconozca su posición. (Así no tenga los estudios necesarios, pero sí una hermosa corbata y un cargo de medio de pelo).
La doctoritis es crónica cuando el infectado no tolera que lo llamen por su nombre o le digan señor ni en la casa de su mamá o en el barrio donde se crió.
Publicado en:
http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-875923
Fuente: www.elcolombiano.com