Una historia que conmueve los sentimientos, la de Juan Sebastián, afectado por leucemia y su amiga Manuela, quien impulsada por amor a su compañero de estudios, le dio ánimo y lo distrajo con cosas sencillas como la ‘caja de tesoros’ y los ‘mensajes de personalidades’, para que se olvidara de su dolencias durante el tratamiento en el hospital; luego, él con el piano y ella cantaba, para fortalecer las articulaciones por la quimioterapia. Hoy parece que el amor les hizo el milagro y salió adelante con el cáncer.
Lela (Manuela) y voluntarios, impulsan un Concierto de Música, en favor de la Fundación PREMA, para ayudar a niños en similares circunstancias. La historia que conmueve al mundo fue publicada en forma original por revistadiners.co.co y reproducida en imágenes de televisión por Los Informantes de Caracol Tv, el domingo 7 de febrero de 2016. (N.R)
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Manuela Aragón: “Creo que el amor puede curar el cáncer”
Cuando le diagnosticaron leucemia a su mejor amigo, decidió unirse a su lucha. Ahora quiere ayudar a más niños a través del juego y la música y prepara un gran concierto junto con la Fundación PREMA.
Por Catalina Obregón, 25 de enero de 2016, Publicado en: revistadiners.com.co
Imagen: Archivo particular / Julián Carvajal
Manuela, más conocida como Lela, nunca olvidará el día en que Juan Sebastián García, su compañero de pupitre en el Liceo Francés de Bogotá, no regresó a clase. Aunque en un inicio tuvieron una relación tensa y competitiva –pues estaban entre los mejores estudiantes del grupo–, con el tiempo descubrieron que tenían mucho en común y que disfrutaban trabajando juntos.
Así se hicieron buenos amigos. Por eso cuando en noviembre de 2014 su profesora anunció que Juan Se –como le dicen cariñosamente– tenía leucemia y que no sabía cuándo volvería al colegio, la noticia la afectó profundamente.
La invadió la tristeza, porque se sentía impotente ante esa enfermedad que a duras penas entendía. “Estaba confundida. Aun cuando había escuchado mencionar la palabra cáncer, no sabía de qué se trataba. Hizo muchas preguntas –¿Qué es?, ¿cómo se contagió?, ¿es grave?, ¿se va a morir?, ¿cómo se le quita?, ¿va a poder volver al cole?–”, afirma Carolina, la mamá de Manuela, que hizo el mejor esfuerzo para contestar sus preguntas.
Días después, en una clase de canto, Lela –apasionada por la música– quiso interpretar una canción que quería dedicarle a su amigo. “Pero cada vez que lo intentaba me ponía a llorar”, recuerda cándidamente. “Entonces mi profe me explicó que estaba bien llorar para sacar mi dolor, pero que tenía que hacer algo por Juan Se, pues mis lágrimas no iban a sanarlo.
Dijo que si lograba distraerlo, sanaría más rápido. Entonces pensé: ‘Lela, tu misión es llenarlo de sorpresas para mantenerlo distraído, y si no piensa en su enfermedad, no le dará el poder de crecer y quedarse en su cuerpo, y así se irá apagando poco a poco’”.
Con esto en mente, creó una caja de tesoros. “Forré una caja de zapatos con papel de colores y la llené de regalos simbólicos metidos en bolsitas de tul, con un mensaje en cada uno de ellos.
Solo podía abrir uno por día”. Una piedra para darle fortaleza, una pluma para hacerle cosquillas cuando estuviera triste, una almohadita para darle puños cuando sintiera rabia, polvos de hadas para cuando quisiera pedir un deseo y un CD con canciones interpretadas por Lela eran algunos de los regalos.
La caja de tesoros cumplió su cometido. “Fue una sorpresa enorme para Juan, que siguió al pie de la letra las instrucciones de Lela. Cada noche, después de sus tratamientos llegaba al cuarto del hospital emocionado para abrir uno de los tesoros. En medio de esa situación tan difícil, esto le daba alegría”, recuerda María Clara Polo, la mamá de Juan Sebastián.
Unas noches antes de que se terminaran los regalos de la caja, Lela se despertó angustiada y le dijo a su mamá que no podía dormir pensando en que se iban a terminar las distracciones para su amigo. Ella le pidió que no se preocupara, al otro día se les ocurriría algo.
Pero esa misma noche tuvo otra gran idea. “Pensé en hacerle un video con gente saludándolo, y para hacerlo sentir especial, quería hacerlo con personas famosas”, explica Manuela, que en tres días reunió más de cien mensajes algo que mucha gente se pregunta cómo, lo logró. “No entiendo por qué les parece tan difícil.
Las personas que participaron, antes que ser famosos o celebridades son seres humanos. No hice ninguna campaña en redes. En ese momento por mi edad, mi mamá no me dejaba.
Entonces con su celular envié un mensaje con mi historia a cuatro personas, estas se lo enviaron a otras cuatro y así sucesivamente hasta llegar a personas como Julio Sánchez Cristo, Carlos Vives y varios jugadores de la selección Colombia, como Juan Guillermo Cuadrado, David Ospina y Mario Yepes. Los mensajes se devolvieron por el mismo camino.
Aunque estoy segura de que Dios me ayudó. Le pedí ayuda en mis oraciones y contraté un ejército de ángeles. Ellos fueron mis redes y Dios es la persona más famosa que conozco”.
Este video, de más de una hora, fue una motivación más para Juan Se, que con el apoyo de su familia empezó a dar pasos importantes en su mejoría. “Los esfuerzos de Lela han sido fundamentales en la recuperación de nuestro hijo.
Han generado en él una reacción positiva hacia la vida y esto lo ha ayudado a enfrentar la leucemia”, asegura la mamá de Juan Sebastián, y añade que los médicos están impresionados en cómo ha reaccionado al tratamiento. “Normalmente un niño con la quimioterapia tan intensa como la que ha recibido Juan, debería pasar mucho tiempo internado, pero sus hospitalizaciones han sido ocasionales”.
EL PODER DEL AMOR
Al ver la milagrosa recuperación de su amigo, Lela supo que lo habían logrado por todo el apoyo y cariño que recibió. “No hay nada más poderoso que el amor. Estoy segura de que mi tratamiento es efectivo y gracias a todas las sorpresas que Juan Se recibió, logramos espichar su enfermedad.
Mi mamá me dijo que al único órgano que no le da cáncer es al corazón, yo creo que es porque el amor es infinito. Por eso me imaginaba que con cada sorpresa nueva que recibía, su corazón se convertía en un filtro que convertía las células grises de su cáncer en células llenas de luz y colores”, reflexiona Manuela.
Lo maravilloso es que por más pintoresco e infantil que suene, Manuela tiene toda la razón. Hay estudios de importantes instituciones en Estados Unidos, como el MD Anderson Cáncer Center y la Universidad de Stanford, que basados en hechos y evidencia respaldan esa teoría, donde la parte psicológica tiene un papel determinante en la recuperación del paciente.
“La visión médica ha progresado bastante en el sentido que percibe al ser humano en tres aspectos: el físico, el mental y el emocional, y está comprobado que los dos últimos tienen gran relevancia en el proceso de manejar una enfermedad”, explica el doctor Miguel Ronderos, de Cardiología Pediátrica de la Fundación Cardioinfantil de Bogotá.
Está tan convencido, que ha sido uno de los principales promotores del centro lúdico de la Fundación PREMA en esa institución, que beneficia alrededor de 4.000 niños, 60 % de los cuales vienen de lugares remotos del país. Y es aquí donde las historias se unen, pues ilusionada por lo que había logrado con su amigo, Manuela quiso replicar el modelo para que muchos más niños tuvieran la misma oportunidad de Juan Se. Así llegó a la Fundación PREMA.
Para María Paula Ávila, directora de la fundación, contar con la energía y dedicación de Lela ha sido una bendición. “Conocía nuestro trabajo porque su mamá es voluntaria. Adicionalmente, cuando Juan Se estaba en la clínica, ella leyó un artículo sobre lo que hacemos y se dio cuenta de que era muy parecido a lo que ella estaba haciendo con su amigo”.
Antes de continuar, Ávila explica que PREMA, que significa amor en sánscrito, fue creada en 2006 por un grupo de empresarios que participaron en un programa de valores, que les cambió la vida. “Pensamos que si esto nos puede cambiar a nosotros, puede cambiar el mundo”. Y así se embarcaron en la misión de enseñar valores humanos a través de los centros lúdicos de la fundación.
“La educación en valores es un modelo que existe en 170 países del mundo, y consiste en cinco valores fundamentales con sus respectivas técnicas: el amor, a través de la música; la verdad, por medio de las citas; la rectitud, con el cuento; la no violencia, con el trabajo en grupo, y la paz, a través del silencio o la concentración”. A partir de estos ejes se da toda la educación en valores humanos, y se hace a través del juego. Por eso se desarrolla en centros lúdicos.
A la fecha, la fundación cuenta con cuatro centros, dos abiertos a la comunidad en general, en Bogotá y Tunja, el de la Fundación Cardioinfantil en la capital, y uno en el hospital infantil Los Ángeles, de Pasto, el único en el suroccidente colombiano. Este último beneficia a 5.000 niños con cáncer al año. “Es tan fuerte la inspiración mental y emocional que logramos, que en el hospital de Pasto tenemos un índice del 70 % de recuperación”.
Como explica el doctor Ronderos, cuando un niño se enferma, toda la familia se ve afectada. “Estos son espacios donde el paciente y su familia vivencian la enfermedad desde otro punto de vista y con ayuda de profesionales pueden trabajar los aspectos mentales y emocionales.
Aquí tienen la oportunidad de divertirse, a pesar de estar viviendo una situación tan difícil, como es la enfermedad crónica de un hijo”. Para él, no resulta tan importante lo que nos pasa, sino qué hacemos con lo que nos pasa. “Si una mamá se nos deprime, es muy posible que la situación del niño se complique, mientras que si la mamá es optimista y lo anima, el pronóstico es mucho mejor”.
Esto es lo que hace que el trabajo de la Fundación PREMA sea tan importante. Por eso Lela, que no conoce la palabra miedo o imposible, se embarcó en un proyecto –que ya es una realidad– y con el que esperan recaudar suficientes fondos para abrir la segunda fase del centro lúdico de la Cardioinfantil y abrir uno en Pereira, para cubrir el eje cafetero.
CONCIERTO POR UN SUEÑO
Manuela organiza un concierto a favor de la Fundación PREMA, para que otros niños puedan enfrentar la enfermedad con mucho apoyo y afecto, como su amigo lo hizo.
Con la ayuda de amigos y profesores, Juan Sebastián se ha mantenido al día en los temas del colegio y empezó a asistir esporádicamente a clases. Pero una de sus principales preocupaciones es no haber podido volver a las canchas de fútbol, su gran pasión.
Para motivarlo, su familia le sugirió tomar clases de piano. Por un lado, esto le ayudaría a ejercitar las articulaciones, que se habían visto afectadas por la quimioterapia, y por otro, podría acompañar a Lela mientras cantaba. En pocos meses, Juan Se, que es muy aplicado a todo lo que acomete, avanzó a pasos agigantados y estaba encantado tocando al lado de Lela.
Fue tan bueno el dueto que la profesora los inscribió en un evento de Jóvenes Talentos del colegio y tan conmovedora su presentación que recibieron una ovación por parte del público. “Lela, que les había estado cantando a los niños del centro lúdico, me invitó al concierto. Fue muy emocionante.
Y cuando terminó, se me acercó y me dijo: ‘Yo quiero hacer un concierto grande, con un artista de corazón grande, para que otros niños que estén viviendo lo que Juan Se y yo estamos viviendo, puedan hacerlo de la misma manera’”. “Ella está convencida de que la música sana, y nosotros trabajamos el amor a través de la música”, dice María Paula Ávila, quien se encuentra ultimando detalles para el concierto: Fonseca de colores, amor por un sueño.
Manuela escogió a Fonseca porque le parece un ser humano maravilloso, le encantan las letras de sus canciones y porque quería que el concierto contara con el acompañamiento de la sinfónica.
Todos los involucrados aceptaron encantados y están preparando un show que promete ser inolvidable. “Habrá muchísimas sorpresas”, dice Lela con una sonrisa enorme, del concierto que tendrá lugar el próximo 22 de febrero en el Teatro Julio Mario Santo Domingo, en Bogotá. Y este es solo el comienzo del gran plan, de la niña que sueña con llenar de amor el mundo.
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Fuente: revistadiners.com.co