El kirchnerismo sostiene la diplomacia de manera forzosa e incómoda. Daniel Scioli y los suyos esperan una paz perdurable, aun cuando reconocen la posibilidad de una nueva ofensiva de un momento a otro. El Frente para la Victoria calmó su feroz interna en la provincia de Buenos Aires, pero lejos está de levantarse la bandera blanca en el territorio donde el año próximo se jugará la madre de todas las batallas.
En medio de la tensa calma, que los kirchneristas auguran pasajera, cada decisión va atada a otra, y ésta, a su vez, relacionada con una tercera. La cadena llega a asuntos insospechados. Hay incluso demasiados temas importantes en discusión como para poder sostener la tregua. Así, la reforma impositiva que Scioli necesita para recaudar 1.200 millones de pesos más antes de fin de año se ha convertido también en una pieza de negociación hacia dentro del oficialismo y con la oposición.
Hay quienes especulan con las necesidades financieras de la administración provincial para avanzar en proyectos ambiciosos de cambios profundos en otras áreas. El Gobierno nacional está de acuerdo en la búsqueda de gravar con más firmeza a los sectores altos de la economía, como propone la nueva reforma impositiva de Scioli, pero debe contar con el aval del ministro de Economía, Hernán Lorenzino (es decir, de la presidenta).
La gestión bonaerense aparece condenada, por el retaceo de fondos nacionales, a pagar sueldos y casi nada más. Por eso se extienden los interrogantes de hasta dónde los problemas económicos afectan más el futuro de Scioli que la imagen en declinación de la presidenta, y cuando esa pendiente en las encuestas no comenzará a complicar las ambiciones del sciolismo.
El nivel de virulencia del gobierno nacional hacia el bonaerense bajó súbitamente. Cristina ya no maltrata en público al gobernador, ni lo reta con números en mano. El vicegobernador, Gabriel Mariotto, apaciguó el tono de sus críticas a las políticas provinciales en áreas sensibles, como Seguridad y Justicia. La Cámpora atraganta embates contra Scioli porque la orden que viene de la Casa Rosada es clara: por ahora todos quietos.
La estrategia de pegar no dio los resultados esperados y, aunque no se abandona la intención de dejar a Scioli fuera de la cancha en las legislativas y de la presidencial 2015, las peleas quedaron por el momento suspendidas. Los encuentros entre el gobernador y su vice, y luego de éste con Alberto Pérez, dieron visibilidad al impasse.
Scioli aportó lo suyo: reiteró que sus intenciones presidenciales sólo serán si no hay re-reelección, se mostró de acuerdo con un cambio constitucional habilitante para un nuevo período de Cristina, habló a favor del voto desde los 16 años y hasta anunció la impresión de los documentos provinciales en la estatizada Ciccone. Gestos concretos, pero poco creíbles en el imaginario kirchnerista.
Mientras tanto los operadores de la jefa de Estado avanzan en la estrategia de armado político electoral de cara a las elecciones legislativas del año próximo y, en ese marco, vuelven a crecer las posibilidades de que la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, sea la elegida para encabezar la nómina del oficialismo. Dicen que es sondeada permanentemente en encuestas de opinión que le otorgan un 50 por ciento de conocimiento público y una imagen positiva del 30 por ciento.
Aunque aún no está todo dicho y será CFK quien defina los nombres de los candidatos en agosto del año próximo, Scioli evitaría competir con postulantes propios y dejaría el terreno libre al kirchnerismo. Según especulan desde un sector del sciolismo, el gobernador se guardaría su carta fuerte, su esposa, Karina Rabolini para un próximo turno electoral, que no sería en 2013. Según algunos sondeos, la mujer del ex motonauta superaría hoy a Alicia K.
Un sondeo en manos del kirchnerismo que preguntó "¿A quién votaría, a Karina Rabolini o a Alicia Kirchner?", arrojó un dato preocupante para CFK. La esposa de Scioli superaba por más de 20 puntos a la cuñada de Cristina. Hay quienes siguen mirando a Sergio Massa, pero no están demasiado convencidos. Sobre todo por la desconfianza que genera el intendente de Tigre entre los principales armadores del cristinismo.
Desde el sciolismo especulan con que la mayor negociación apuntará a las listas de legisladores provinciales que garantice cierta gobernabilidad a Scioli en los dos últimos años de gestión en la provincia. En tanto, desde el kirchnerismo revelaron que la estrategia de la Casa Rosada es que Alicia esté acompañada en la lista de diputados nacionales "por una mayoría de jóvenes" de La Cámpora y organizaciones afines como el Movimiento Evita y Kolina.
Mientras tanto, un notorio revuelo están causando en ámbitos políticos bonaerenses algunas consultas electorales efectuadas en los últimos días. En algunos círculos se asegura que el oficialismo ya efectuó consultas informales, en términos técnicos y políticos , sobre cuánto se podrían adelantar las elecciones en la Provincia, previstas por ley para octubre. Ciertas versiones afirman que ya habrían obtenido inclusive una respuesta: no antes de mayo .
¿Por qué el adelanto? Las explicaciones en las usinas políticas del peronismo hablan de que el kirchnerismo busca acelerar tiempos para restarle capacidad de respuesta electoral a la oposición -en verdad, hoy por hoy sólo existen charlas iniciales para eventuales asociaciones- y explorar una reforma de la Constitución Nacional. Como un dejá vu del 2009, los rumores indican que el mes de las elecciones legislativas del 2013 sería junio en lugar de octubre
Aún cuando pueda sonar a ciencia ficción, el razonamiento de los ultra K sería así: cuanto antes se hagan las elecciones, más amplio sería el triunfo. Discutible. Algunos sciolistas, en tanto, se entusiasman con cierto bosquejo que circularía entre funcionarios de las provincias más grandes del país, que habla de la posibilidad de realizar las elecciones legislativas en esos distritos el mismo día. Se trata de Córdoba, Santa Fe, Capital y Buenos Aires.
Salvo ésta última, bastión de la presidenta, son provincias donde el kirchnerismo la tiene cuesta arriba. De producirse, sería una movida que buscaría alejar la idea de la re-reelección. Pero si todo dependiera de sus dichos públicos esa jugada no podría contar con Scioli. Pero se especula discretamente con que el gobernador se haya dado cuenta, como le dicen algunos colegas de otros distritos, que él puede ser una de las llaves para frenar la ambición presidencial de la continuidad. El gobernador genera incógnitas indescifrables.