Hace un año le llevaron un proyecto similar y reaccionó con indiferencia. Ahora la coyuntura política y económica motivó a Cristina a bendecir la iniciativa para que puedan votar jóvenes desde los 16 años y extranjeros con dos años de residencia permanente en el país. El proyecto de los senadores Aníbal Fernández y Elena Corregido, que había sido presentado hace varias semanas, comenzó a ser tratado esta semana y posiblemente sea aprobado sin grandes esfuerzos.
Tiene tres ejes por analizar: si está bien o no que adolescentes y extranjeros puedan ejercer ese derecho; el objetivo político-electoral del oficialismo de sumar votos; y el impacto sobre una oposición que vuelve a reaccionar en forma despareja ante una iniciativa del kirchnerismo. Ese fue uno de los impactos del proyecto, su poder de dispersión sobre los opositores, que habían comenzado a aglutinarse apenas una semana antes para coordinar acciones contra la reforma constitucional.
El proyecto será apurado por el oficialismo en momentos en que la imagen presidencial cayó entre 25 y 30 puntos, según las consultoras Management & Fit y Poliarquía desde comienzos de año. Cristina ya tiene un frente complejo en los grandes distritos electorales. Allí varias figuras se aprestan a competir el año próximo (Julio Cobos en Mendoza, Hermes Binner en Santa Fe, el PRO en la Ciudad y De la Sota con una lista propia en Córdoba), lo cual puede complicar la faena oficialista, que vuelve a centrar sus ojos en la estratégica Buenos Aires.
En ese marco, los jóvenes pueden hacer su aporte a la vitalidad del kirchnerismo, ya que claramente en la franja etaria de 18 a 25 años es donde más apoyo recoge la presidenta. Según datos del Censo de 2010, se sumarán al padrón electoral casi 1,4 millones de jóvenes, sobre un universo actual de 25,2 millones de electores de entre 18 y 70 años.
También se encontraría en condiciones de sufragar medio millón de extranjeros con dos años de residencia permanente en el país, otro sector que podría acompañar mayoritariamente al gobierno a partir de la eliminación de barreras para que puedan vivir y trabajar en la Argentina. En ambos casos al ser opcional el voto es difícil medir su impacto en puntos electorales, pero la idea del oficialismo es no dejar detalle sin atender en la estrategia electoral.
Cobra así más densidad la polémica por las incursiones de La Cámpora -para adoctrinar o solo militar- en las escuelas secundarias. Esta agrupación es la más activa entre los estudiantes secundarios porteños. Incluso con más presencia que la que tiene en las universidades nacionales del área metropolitana. En algunos partidos del Conurbano los camporistas del secundario también profundizaron su trabajo en el último tiempo.