Perdonar suena, como palabra, simple y hasta fácil de pronunciar. No obstante, llegar a abarcar la totalidad de su significado, no resulta ni simple, ni fácil.
Durante muchos años me pregunté sobre el perdonar. Cuando comencé este alucinante pero dificultoso camino de la introspección, me di cuenta que no perdonaba; es decir, decía "te perdono", pero solamente dejaba una situación en suspenso. La aparente calma permanecía allí hasta que la herida volvía a sanar y el enojo afloraba.
Luego, supuse engañosamente que olvidar y perdonar eran sinónimos. Afiancé esta falsa teoría con miles de andamiajes tan falsos como ella misma. Muchas veces la razón se pone al servicio de las creencias equívocas. Por muchos intentos y sacrificios que realizara, el perdón olvidadizo jamás llegaba.
Hasta que un día, la realidad se reveló. Perdonar es el diploma de aquel alumno en esta escuela Tierra. Es el símbolo de haber aprendido. Todos mis maestros vienen aquí disfrazados de personas o situaciones sin otro objetivo más que el de enseñarme. Mientras no comprenda la lección, me seguirá enseñando.
Aprender duele, evolucionar duele, crecer duele (y hasta nacer duele). Por ello, es que a veces nos enojamos tanto con el maestro como con la enseñanza. Pero cuando humildemente los recibimos, los desglosamos, meditamos y comprendemos... así de simple es que dejan de estar allí... y así de simple es que perdonamos.