En diferentes medios de comunicación se ha venido anunciando mano dura para los operadores de los restaurantes escolares que le juegan sucio a los niños de Colombia. La ministra de Educación afirmó que en muchas regiones de nuestro país estos se han constituido en una mafia más poderosa que la de las drogas y que su poder es tal que permean las altas esferas del Estado en busca de los cuantiosos recursos que el gobierno nacional destina para este fin. Un columnista habla del infame cartel de la infancia y se refiere en términos duros y contundentes: “Una nueva mafia se roba los recursos públicos destinados a los programas de protección y alimentación de los niños más desvalidos y vulnerables del país. De los corruptos nada sorprende porque son criminales: sin escrúpulos, sin vergüenzas, sin alma y sin entrañas. Pero a los ciudadanos sí nos parece infame que ahora estemos ante un nuevo cartel, el que se aprovecha del erario en contra de la infancia”. Y más adelante expresa que “Cerca de 5.000 niños mueren al año en Colombia por desnutrición ¿cuántos casos están asociados a estas infamias de los contratistas? La Contraloría acaba de revelar que son 8.000 millones la cifra de los detrimentos de recursos en las primeras irregularidades detectadas ¿esa es la punta de un iceberg? Las inconsistencias comprenden desde sobrecostos en las compras, la indebida conservación de los alimentos (en un caso de Vichada se depositan con plaguicidas y elementos de limpieza) y graves falencias en cantidades y calidad nutricional”. Bastaría con estos pronunciamientos para que Colombia entera se levante en protesta de tan execrable crimen. En informe periodístico se denuncia la terrible situación de muchos restaurantes escolares: “Hay instituciones en donde los niños no tienen ni siquiera una silla donde sentarse y, además, las porciones servidas son “dos cucharaditas de arroz, un poquitico de fríjoles, cualquier poquitico de carne y cualquier poquitico de jugo. Con eso aguantan de 6:30 a. m. a 4:30 p. m.”.
Esta infamia se repite en muchos municipios y departamentos de Colombia, diría yo con la complicidad de padres de familia, docentes, directivos y medios de comunicación. Pero la gota que llenó el cántaro se presentó en la ciudad de Pasto donde a niños de la escuela Carlos Pizarro se les servía en su restaurante escolar un cuarto de papa y una colada o una galleta y una agua de panela. Las alarmas se prendieron y las autoridades empezaron a dar muestras de preocupación, así sea tardía y tímida. Los medios lograron hacer lo que las autoridades no habían querido o no habían podido y en consecuencia se convoca a una cruzada por la niñez que les permita disfrutar de una comida digna y decorosa en los restaurantes escolares.
Para tal fin se programa una reunión con actores y entidades relacionados con los Programas de Alimentación Escolar –PAE-. En misiva recibida en este día se nos informa que “El Secretario de Educación Municipal y la Secretaria de Bienestar Social Municipal (E), tienen el gusto de invitarlos a la Reunión extraordinaria del Plan de Alimentación Escolar, en la cual se trataran temas relacionados a denuncias presentadas en los diferentes medios de comunicación referente a la alimentación escolar que se entrega a los estudiantes de los Establecimientos Educativos del Municipio de Pasto. La reunión se efectuara el día 2 de Septiembre del 2015 a partir de las 3 de la tarde en la sala de juntas de la Institución Educativa Municipal Luis Delfín Insuasty INEM”.
Nos alegra este tipo de convocatorias por cuanto los beneficiados son los niños más vulnerables de nuestra ciudad y quienes a partir de hace algunos días empezaron a disfrutar de unos alimentos sanos y nutritivos. Nos emociona saber que nuestras denuncias públicas ya producen resultados y que nuestros niños disfrutarán, como debe ser, de un restaurante escolar digno y en condiciones nutricionales adecuadas. Vale la pena denunciar, atreverse a enfrentarse a los grandes carteles y mafias de los restaurantes escolares pues todo indica que cuando se quiere se puede por parte de las autoridades competentes. Por el bienestar de nuestros niños bien vale la pena soportar la insidia de unos cuantos funcionarios que se olvidan que en ellos se encuentra el verdadero camino de la paz.
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