En las últimas semanas se percibe un clima de debate en el mundo empresario, financiero y político sobre el segundo semestre del año y las perspectivas para 2013. La marcha de la actividad económica empieza a ser cada vez más estratégica ya que será el factor más determinante para los reacomodamientos electorales y marcará el destino del oficialismo en las urnas.
En ese sentido, las opiniones aparecen divididas: están los que tienen una visión crítica y de más recesión, en cambio otros economistas, como Miguel Ángel Broda y Nicolás Dujovne, creen que lo peor ya pasó y si la administración de CFK no comete grandes errores puede llegar bien parada a las elecciones legislativas del año próximo. Se habla del precio de los commodities y de la recuperación de la economía brasilera.
No resulta sencillo inclinarse por algunos de estos eventuales escenarios, por eso conviene observar detenidamente lo que ocurre dentro y fuera del gobierno en términos económicos. En los últimos días la jefa de Estado se ha mostrado enojada y muy agresiva. Algunos rumores indican que esa crispación se debe a las malas noticias que ella adjudica a la cadena nacional del desanimo en referencia a los medios de comunicación más críticos, como el Grupo Clarín y La Nación.
Quizás uno de los datos más sugestivos de esta semana tenga que ver con la orden presidencial de lanzar una embestida frontal contra la banca privada porque los empresarios del sector no publicitaron debidamente los créditos a baja tasa para PYMES que ella lanzó por cadena nacional hace casi un mes. El malestar se extiende a la poca predisposición que observa CFK en ese sector para activar esos préstamos, en momentos de estanflación.
Se dice que la orden de Cristina de avanzar sobre los bancos privados se terminó de redondear el martes en la residencia de Olivos, durante una reunión a la que fueron convocados el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, el vice, Axel Kicillof, y el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, quien en principio había sido citado para una reunión a solas con la presidenta. También se sumó el titular de la Anses, Diego Bossio.
"Mucha plata en linda publicidad para vender heladeras, mucho barquito para promocionar viajes, pero para lanzar los créditos ni un peso", fue la queja de la jefa de Estado, quien decidió pasar a los hechos: en Olivos, terminó de aprobar una serie de inspecciones, banco por banco, que las autoridades del ministerio de Economía y de la AFIP, y hasta se asegura que también de la Anses, por las obligaciones previsionales, llevarán a la práctica a partir de la próxima semana.
Desde los bancos, según fuentes gubernamentales, ya estaban al tanto del malestar presidencial, pero se defendieron ante ministros y secretarios --habrían hablado con Lorenzino y Julio De Vido, y también con Moreno-- señalando que la pauta publicitaria de las entidades se aprueba en diciembre de cada año, y que nuevas campañas como la que reclama ahora Cristina "no están presupuestadas en el ejercicio 2012".
Además de instruir a Lorenzino, Kicillof y Bossio para que avancen con los controles a los bancos, la presidenta habría dado además vía libre a Moreno, quien propuso tomar contacto personal con los dueños de las entidades de crédito. El secretario de Comercio creen que actúan deliberadamente porque no quieren acompañar el proceso productivo para reactivar la economía. No sólo se trata de una arbitraria intervención estatal sino que deja en evidencias la preocupación de CFK.
Todo parece indicar que ella está muy enojada por los problemas que se entrecruzan y han logrado frenar la actividad de la economía real, además de las restricciones fiscales. Las cuentas públicas finalizarán este año con un déficit de 50.000 millones de pesos que serán financiados con emisión monetaria y serán pagados por el impuesto inflacionario. Las proyecciones dan cuenta de un desequilibrio fiscal de tres puntos del PBI con un incremento del ritmo del gasto público sin precedentes.
A la par de estos números, la economía comienza a evidenciar un proceso agudo de desaceleración con sectores productivos que ya se encuentran en recesión. Lejos de atacar las causas de la inflación y del estancamiento, el gobierno aumenta el gasto público en un afán de moderar la caída apoyándose en el agotamiento de todas las fuentes de ahorro, público y privado. En otros términos, quiere atacar la estanflación con mayor gasto público y emisión monetaria.
Aunque hay causas concurrentes, la principal razón detrás de esta dinámica es la fortísima expansión monetaria (a un ritmo del 30-35% anual) que alimenta la inflación, la demanda de divisas como refugio de valor y la fuga de capitales. Además, los efectos directos e indirectos de la brecha cambiaria sobre la marcha de la economía son difíciles de cuantificar.
Se traduce en mayores expectativas de devaluación del dólar oficial y, por tanto, más inflación. También la brecha entre el oficial y el paralelo distorsiona la fijación de precios en mercados dolarizados y afecta los cálculos de retorno de las inversiones. Si se miran las cifras, desde la agudización de la brecha cambiaria, las ventas de autos caen 12% interanual (junio), la actividad inmobiliaria 16% (mayo) y la inversión 13% (mayo).
Volviendo al enigma inicial, el escenario no es dramático pero las condiciones empeoran cada día que transcurre sin cambios en la dinámica de precios y tipo de cambio. El precio récord de la soja y una mejor cosecha podrán oxigenar las cuentas externas pero, sin cambios en las políticas, la situación se vuelve a complicar: más dólares de la cosecha permiten estirar la estrategia de atraso cambiario a costa de perjudicar a la industria, en particular, la orientada a la exportación. Los escenarios futuros están en discusión.