07 enero 2026
- Se terminó el ciclo de lo que llamamos "tiempo Navideño". Me levanté con, quizás, un cansancio nuevo en las piernas, pero notaba que mi alma me sonreía, aunque no sé si maliciosa o bondadosamente. Lo sé, ni hoy, ni mañana me voy a pesar, pero queda el regustillo a pecado venial de las inolvidables horas de comer y ver a todos en la mesa; queda también al abrazo aún reciente de la feliz "muchachada de humanos" que se han movido a nuestro alrededor durante este tiempo (nietos, familia, amigos), y, sí, todo eso se ha quedado atrás, pero como le sucede a la buena fruta o al buen vino, ese tratamiento recibido y vivido ayuda a ser mejor, más bueno, más feliz y, seguramente (también), más orondo.
- Nada nuevo, son ya muchos años experimentando ese engañoso placer postnavideño del "se acabó" y aunque los intentas comparar con otros de otras épocas, sabes que el mejor será siempre el del año que viene o, al menos, con las manos juntas en plegaria y ya con la muy cierta edad que llevamos encima, así lo pides.
- Y así seguimos, año tras año, aceptando que la vida avanza a golpes de calendario, pero también descubriendo que cada ciclo deja un poso que nos sostiene. No importa si las piernas protestan o si la báscula nos mira con sorna: lo esencial es que seguimos aquí, con la memoria llena de abrazos recientes y la esperanza puesta en los que vendrán. Enero siempre empieza con un suspiro, sí, pero también con una promesa: la de seguir celebrando, aunque sea en voz baja, que aún tenemos motivos y compañía, para brindar.
Fuente: elcaminoseestrecha.blogspot.com