15 septiembre 2025
“Si buscáis los máximos elogios, moríos” es como decir: “¿Queréis que os quieran todos? Pues esperad a que os entierren.” Jardiel, con su humor ácido y su amor por lo absurdo, estaba señalando una verdad incómoda: la gente te valora más cuando ya no puedes responderles ni corregirles la ortografía.
Es como si dijera: “En vida, te critican por todo. En muerte, hasta el vecino que te robaba el WiFi te llama genio.”
Y si hablamos de políticos… ¡ni te cuento! Mira:
Cuando estás vivo, te llaman populista, traidor, vendido, o “ese que no sabe ni hablar inglés”.
Cuando te mueres, te conviertes en “padre de la patria”, “visionario” y “ejemplo de servicio público”. ¡Hasta te ponen nombre a una rotonda!
Imagínate a Jardiel viendo cómo a cierto expresidente le dedican un aeropuerto, cuando en vida no le dejaban ni aparcar en doble fila sin que le cayera una crítica. O cómo a algún ministro que no sabía ni sumar le hacen una estatua con calculadora en mano.
Jardiel lo sabía: la muerte es el mejor departamento de relaciones públicas. Te convierte en sabio, en mártir, en héroe… aunque en vida fueras más bien un desastre con corbata.
Así que su epitafio es una carcajada post-mortem. Una forma de decir: “No me vengáis ahora con halagos, que cuando podía oírlos, me llamabais loco.”
Fuente: etarrago.tumblr.com